“Haciendo dedo” en Argentina

Habían transcurrido dos horas, desde que esperábamos sentados en la salida de Moldes, a que algún vehículo atendiera las peticiones que les indicaban nuestros pulgares levantados. Finalmente, un pick-up se detuvo a nuestro lado; tan solo se dirigían a Cafayate, un pueblo a unas tres horas desde donde nos encontrábamos. No era el destino ideal pero ya nos parecía bien ir hasta ese punto y seguir el camino al día siguiente, para llegar a San Miguel de Tucumán o a Córdoba, Argentina.

Moldes

Fue así como emprendimos el camino con Carlos y Claudia, una pareja de La Plata, la cuarta ciudad más poblada de argentina y capital de la provincia de Buenos Aires. Un par de meses atrás, uno de sus hijos se había ido de casa a “mochilear” y ya estaba en Ecuador. Había llegado hasta allí sin tomar ni buses ni, mucho menos, aviones, simplemente “haciendo dedo”. Para él no fue una tarea fácil, ya que son pocos los conductores que se detienen y se atreven a llevar a uno o dos desconocidos que “piden bote” con el dedo y con mochila. Motivados por esa experiencia, Carlos y Claudia salieron en su pick-up a recorrer el norte de Argentina y decidieron detenerse a recoger a los que encontrasen en la carretera, siempre que tuviesen espacio en el coche. Esto como manera de agradecimiento a todos los desconocidos que, en algún momento, acogieron a su hijo y lo transportaron hasta llegar sano y salvo a Ecuador.

Historias como ésta y personas tan encantadoras como Carlos y Claudia eran el motor que nos impulsaba a seguir el viaje, a pesar de las dificultades, y que, ahora, contándoles esta aventura desde nuestro cómodo sofá en Barcelona, nos hace cuestionarnos por qué no estamos allí afuera, buscando más ‘Carlos y Claudias’ y más momentos que nos transmitan lo que experimentamos en este viaje.

Después de escuchar sobre ellos, nosotros les explicamos cómo decidimos dejar la seguridad de nuestros empleos para lanzarnos a descubrir mundo y cómo acabamos allí, “haciendo dedo” en una carretera argentina.

De Sucre, Bolivia, a Salta, Argentina

El último día en Sucre, lo dedicamos a planear la siguiente fase de nuestro recorrido que sería por tierras argentinas. Investigamos entre mapas, blogs, visitando la terminal de transporte y en el hostal, cual era la mejor manera de ir desde Bolivia a Argentina. Averiguamos que hay diferentes compañías de bus que te llevan a Argentina, por tres rutas distintas. Sin importar cual de ellas tomes, el bus te deja en el pueblo boliviano más cercano a la frontera argentina, en nuestro caso, Villazón. Desde allí hay que cruzar la frontera caminando y luego llegar a la terminal de buses, situada en tierras argentinas, para desplazarte por el resto del país.

Así lo hicimos. A las 9:00 de la noche, salimos en un bus desde la Terminal de Transportes de Sucre hacia Villazón. Fue difícil no quedarnos una noche más, o varias, en Sucre, ya que nos encariñamos muchísimo con esta ciudad tan tranquila y única.

Llegamos a las 5:00 de la mañana, no había salido el sol, estaba todo cerrado y la frontera aun tardaría un par de horas en abrir. Gaby estaba muy cansada y con pocas fuerzas para cargar la mochila y caminar en la oscuridad y el frío, en este pueblo en el medio de la nada, así que nos quedamos una media hora más resguardados dentro del bus. Finalmente salimos, nos colgamos las mochilas rojas en la espalda y caminamos 15 minutos hacia la frontera. Seguía estando oscuro y el pueblo apenas iluminado por alguna farola; no se veía nadie en las calles, ni personas ni animales, parecía un pueblo fantasma.

Una vez cruzada la frontera a pie, el sol empezaba a salir. Estábamos en La Quiaca, el pueblo argentino que limita con Bolivia, a unos 20 minutos de la estación de buses. En este corto tramo, me doble el tobillo, una vez más. En esta ocasión llevaba la mochila a cuestas y una botella de agua en la mano, que no quise soltar. Me fui de cara al suelo y por suerte, no fueron más que rasguños.

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Tras besar tierras argentinas, llegamos, yo renqueante, a la parada de autobuses. Había varias compañías ofreciendo viajes a Salta y nos informaron que el próximo bus salía en hora y media, que solo aceptaban pesos argentinos, que no encontraríamos ningún cajero o casa de cambio cercano, y que la única solución era que alguien nos cambiara los bolivianos que llevábamos. Tan solo nos despegamos del mostrador y ya teníamos a varios encima, ofreciéndonos cambio.

Tres días en Salta

Siete horas después, llegamos a Salta y nos fuimos directo al hostal que habíamos reservado. Gaby estaba muy agotada, después de casi 20 horas viajando sin parar, así que el resto del día nos lo tomamos para relajarnos.

Salta es una ciudad situada al norte de Argentina, a 1.187 msnm. Al estar cerca de las fronteras de Bolivia y Chile, es una parada concurrida para aquellos que van o vienen de Uyuni o de San Pedro de Atacama.

Durante los tres días que nos quedamos en esta ciudad, se celebraba la fiesta de la patrona de Salta, la Virgen del Milagro. La Plaza 9 de Julio estaba muy concurrida ya que había diversos actos y discursos. En la Catedral, ubicada en la misma plaza, terminaba la procesión en honor a la patrona. Desde allí salen varias calles peatonales, las cuales estaban aún más llenas que la plaza. De igual manera decidimos recorrerlas e ir viendo la fiesta que se desarrollaba a nuestro alrededor, y que era muy distinta a la fiesta que presenciamos en Sucre. Aquí no había disfraces, ni vestidos coloridos, ni música tradicional, era una celebración bastante más religiosa y familiar. Veíamos a grandes grupos de familias y amigos, comiéndose un pancho (un perrito caliente o “hot dog”) en la calle mientras se tomaban una Coca Cola.

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Catedral de Sucre

En las montañas que quedan al este de la ciudad hay varios miradores interesantes. Nosotros subimos paseando hasta el mas cercano, el Cerro San Bernardo. Se puede acceder caminando, en coche o en teleférico. Nosotros escogimos la primera opción y el sendero está bastante bien adecuado y fácil de seguir a pesar que no hay mucha señalización. La mayor parte del camino es de escaleras y está bien iluminado para los que van de noche; de igual forma no está de más llevar una linterna. Desde el mirador se ve toda la plana en la que se encuentra Salta. Nosotros subimos al atardecer y disfrutamos de una vista espectacular. El clima que nos acompañó también fue perfecto, ni frío ni caluroso.

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El hostal donde nos hospedamos en Salta se llama La Covacha. Tiene una ubicación fenomenal, a unas cuatro calles de la Plaza 9 de Julio y a unas seis de la terminal de ómnibus. Además, el hostal está muy limpio y el ambiente es acogedor y amigable. Dos noches hubo cena comunitaria en la azotea. La primera, una barbacoa espectacular… no podíamos esperar menos de un auténtico asado argentino. La segunda noche, empanadas argentinas y lo mejor de todo fue que subimos antes para ayudar a prepararlas. Nos enseñaron “el repulgue“, como le llaman al movimiento que hay que hacer con el dedo para cerrar las empanadas. Normalmente hay distintas maneras de hacerlo dependiendo del relleno de la empanada. En esta ocasión teníamos una bandeja gigante de relleno preparado por la madre del dueño del hostal.

Ahora sí, haciendo dedo en Argentina

Siguiendo las recomendaciones de Gabriel y Nico, dos chicos argentinos que conocimos en el hostal, decidimos que haríamos dedo para llegar hacia nuestro siguiente destino: Córdoba capital. Estábamos cansados de los autobuses y nos apetecía hacer algo que nunca antes habíamos hecho. Dado que Salta es una ciudad grande, nos recomendaron ir a un pueblo más pequeño, como Moldes, porque la probabilidad de que nos recogiesen en ese sitio era bastante mayor.

La mañana siguiente, salimos temprano en un bus hacia Moldes. Estuvimos allí dos horas, haciendo dedo por primera vez, hasta que nos encontramos en el inicio de este post y aparecimos en el camino de Carlos y Claudia.

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Entre tantas historias con ellos, hicimos varios recesos para gozar del maravilloso paisaje que nos rodeaba. Estábamos transitando por la Ruta Nacional 68, un camino asfaltado en el norte de argentina, que es un espectáculo por si mismo. Pasamos por la Garganta del Diablo, el Anfiteatro, las Tres Cruces, el Fraile, el Obelisco, entre otros accidentes geográficos realmente espectaculares, que no habíamos visto en ningún otro lado.

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La Garganta del Diablo

Por último, llegamos a Cafayate, nos despedimos de Carlos y Claudia y conseguimos un hostal pequeño donde dormimos una noche. Al día siguiente madrugamos y volvimos a la carretera para empezar nuevamente a hacer dedo, esperando que alguien nos “levantara” y nos llevara hacia Tucuman o Córdoba.

Esta vez no tuvimos suerte. Pasamos más de seis horas en la carretera, desde las 9:00 de la mañana hasta las 3:30 de la tarde y nadie nos llevó. Pasaron alrededor de 230 coches y lo sabemos porque Gaby, como estaba aburrida, saco su cuaderno y se puso de estadista a contar cuantos coches pasaban. Algunos nos indicaban que iban cerca, otros que estaban llenos, otros no decían nada o no entendíamos los gestos que nos hacían con la mano porque aparentemente hay todo un lenguaje de comunicación establecido entre los conductores y los que hacen dedo. Evidentemente nosotros lo desconocíamos.

Durante las seis horas el sol estuvo intenso así que nos turnábamos, mientras uno estaba bajo el sol con el pulgar en el aire, el otro estaba debajo de un árbol, en la sombra, descansando. Fue duro estar allí al borde de la carretera esperando, pero también fue divertido! Había un camping cerca y estaban poniendo nada más y nada menos que reggaeton a todo volumen. Y, no cualquier reggaeton, si no Joey Montana, un cantante panameño que sin duda Gaby disfrutó muchísimo.

Entrada la tarde decidimos que ya habíamos tenido suficiente, nos fuimos a buscar algo de comer y luego a la estación de autobuses de Cafayate para evaluar cuales eran nuestras opciones de transporte.

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En la estación, todas las pequeñas oficinas de las compañías de autobuses estaban cerradas y un señor nos indicó que abrirían en una media hora. Estábamos algo preocupados, (o bueno, yo, poco preocupado, Gaby de los nervios!!!) porque teníamos poco dinero en efectivo y no sabíamos si sería suficiente para pagar dos billetes de bus. No aceptan tarjetas de crédito y, como si fuese poco, hay solo un cajero en Cafayate, que no dispensaba dinero en ese momento. Nos dijeron que teníamos que esperar hasta el Lunes (era Sábado) para que volviesen a alimentar el cajero con billetes.  No teníamos problema en quedarnos más tiempo allí, el problema era que en los hostales tampoco aceptaban tarjetas de crédito así que a ver dónde íbamos a pasar la noche o las siguientes noches.

Nos sentamos a esperar y, de pronto, buscando algo en el bolsillo de mi pantalón me encontré con una tarjeta personal que nos había dado Carlos por si algún día íbamos a La Plata, les avisásemos. Esto tenía que ser una señal… Se nos ocurrió contactarlos, ya que nos habían dicho que su intención era quedarse dos noches en Cafayate y luego seguir hacia Córdoba.  Gracias a la tecnología y al Wi-Fi (porque sí, hay wifi en la estación de autobuses pero no se aceptan tarjetas), les mandamos un mensaje y en pocos minutos nos respondieron. Qué gran alivio! Acordamos encontrarnos esa tarde en la plaza central de Cafayate para planear el viaje.

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En dos horas nos vimos de nuevo con Carlos y Claudia y quedamos en salir desde su camping a las 8:00 a.m. del día siguiente. Nos sentimos muy agradecidos porque aceptaron llevarnos nuevamente y ahora hasta Córdoba, que serían unas 11 a 12 horas de camino.

Más tarde nos fuimos paseando por el pueblo con nuestras mochilas rojas, en búsqueda de un alojamiento en donde pudiésemos pagar con tarjeta de crédito, si eso era posible, o donde pudiésemos dormir por el poco dinero que llevábamos. De la nada, nos sorprendió una mujer que se detuvo con su coche a nuestro lado. Era la dueña de un hostal cercano, y nos ofrecía una habitación a un buen precio. Le comentamos nuestra situación monetaria y ella, con mucha confianza, nos dijo que no era problema. Como esperábamos, no disponía de un datáfono en el hostal, pero podíamos pagarle con gasolina.

Aceptamos la propuesta, nos montamos en su coche, nos dirigimos a la gasolinera más cercana y llenamos el tanque con la cantidad justa de dinero que costaba una noche en el hostal. Finalmente, nos instalamos en la habitación y salimos a dar un par de vueltas por el pueblo, con la compañía de un perro del hostal. Nos compramos unos bocadillos en una panadería, uno de los pocos locales donde se podía pagar con tarjeta y los precios eran aceptables. También compramos agua y galletas para las 11 horas que nos esperaban hasta Córdoba.

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La mañana siguiente montamos nuestras mochilas rojas en la parte trasera del pick-up de Carlos y Claudia, junto con sus bicicletas y partimos dejando atrás Cafayate. Fue un largo camino con mucha diversidad de paisajes, algunos realmente buenos; pasamos de un entorno árido y seco a uno muy verde e incluso por el medio de una reserva forestal. Hablamos largo y tendido con esta pareja tan especial a través de 5 provincias argentinas hasta llegar a la provincia de Córdoba.

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Ellos no iban hasta Córdoba capital si no que iban a otra ciudad de la provincia, llamada Villa Carlos Paz, situada a unos 20 minutos de la capital. Llegamos allí y decidimos quedarnos solo una noche; al día siguiente marcharíamos hacia nuestro destino final… o eso creímos.

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INFORMACION PRACTICA:

Transportes:

  • Sucre a Villazón: 9 horas de camino – 11.50 USD (aproximado) por persona desde la Terminal de Sucre.
  • Villazón a La Quiaca (Argentina): Caminando – aproximadamente 15 minutos.
  • La Quiaca a Salta: 7 horas de camino – 23.00 USD (aproximado) por persona. Fuimos con la compañía de autobuses llamada Balut.
  • Salta a Cafayate y luego a Villa Carlos Paz, Córdoba: “Haciendo dedo” o “autostop”, es decir, parándonos al costado de la carretera a pedir que alguien nos lleve en su coche, hacia donde vaya, hasta llegar al destino deseado.

Hospedajes:

La Covacha (Salta): Precio por noche de una cama en habitación compartida con desayuno incluido: 11.50 USD. Muy limpio, ubicación perfecta y el ambiente del hostal es buenísimo. Tiene una azotea muy buena y organizan siempre actividades con los huéspedes. Sin duda volveremos a quedarnos allí si regresamos a Salta.

Cafayate Backpackers Hostel (Cafayate): Precio por noche de una cama en habitación compartida: 6.00 USD. También muy recomendado!

Lo que no puedes dejar de visitar:

  • En Salta: subir al Cerro San Bernardo.
  • Hacer la Ruta Nacional 68, parando para deleitarse con el paisaje.

Fecha de nuestro recorrido: 14 al 20 de Septiembre, 2016


 

Si necesitas más información o tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario  o escríbenos a mochilasrojas04@gmail.com

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Potosí y Sucre, polos opuestos

Llevábamos dos horas de carretera por tierras bolivianas, en cada curva el paisaje me cautivaba más y aún nos quedaba una hora para gozar de este espectáculo.

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El bus se detuvo frente la antigua terminal de buses de Potosí, anunciado la última parada. Bajamos, agarramos nuestras mochilas rojas de la bodega y fuimos a buscar un hostal.  Esta vez no habíamos reservado nada, pero teníamos tres opciones anotadas en un mapa. Decidimos ir caminando a investigar cuál era la mejor, sin embargo, no contábamos con las empinadas cuestas que nos encontramos en el camino, añadido al cansancio acumulado que llevábamos encima.

Después de visitar el segundo hostal, nuestros ánimos decaían; los dos hostales estaban muy mal, se nos acababan las opciones y ya estaba oscureciendo. Por suerte, la tercera fue la vencida, y nuestra última opción el Hostal Felcar, nos agradó. Dejamos los bártulos, salimos a cenar a un local cercano y a dormir. Estábamos muertos después de todo lo vivido en la etapa anterior del viaje y necesitábamos recargar energías.

Potosí es una ciudad situada al sur de Bolivia, a 3,900 msnm, en las faldas del Cerro Rico, donde se encuentra lo que fue la mina de plata más grande del mundo en los siglos XVI y XVII. Después de las últimas semanas ajetreadas, de dormir poco y del subidón de Uyuni, nos entró un bajón en Potosí; los días eran fríos, Gaby estaba helada y el aire de la ciudad estaba especialmente polucionado por la falta de filtros en los vehículos. Aquella ciudad nos pareció triste, gris y sin ningún atractivo especial.

Esta perspectiva cambió significativamente al día siguiente, cuando visitamos la Casa Nacional de la Moneda. Allí nos recordaron dónde nos encontrábamos. La Casa Nacional de la Moneda fue fundada en 1572 por el virrey Francisco de Toledo y no fue hasta 1940 que el Gobierno de Bolivia la cedió a la Sociedad Geográfica y de Historia de Potosí, para administrarla. Desde entonces, organizaron un museo y archivo histórico, que actualmente recoge una parte importantísima de la historia de la colonización española y de la circulación de las monedas a nivel mundial. Gaby anotó en su libreta que, para ella, fue de los museos más interesantes que visitamos, y yo no puedo estar más de acuerdo con esa afirmación.

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Todas las visitas al museo se hacen con guía, lo cual es fantástico para informarse y entender la historia de este interesante lugar. Lamentablemente está prohibido tomar fotos en todos los espacios interiores del museo. Empezamos por unas salas repletas de obras de arte mientras que la guía nos explicaba alguna de ellas. Casi todas pertenecían a la escuela de arte de Cusco y estaban elaboradas por indígenas. Lo que nos sorprendió fue que, en la época colonial, los indígenas no estaban autorizados a firmar sus obras, con lo cual ponían su firma escondida en alguna parte de la obra. Y así lo comprobamos en una obra de Diego Giuspe, un pintor indígena que ponía su firma en las páginas de una pequeña Biblia que formaba parte de su obra de arte.

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Había pinturas que relataban parte de la historia de Potosí y la esplendorosa etapa en que era una de las ciudades más ricas del mundo. Cuentan sobre la importancia que tuvieron las minas de plata del Cerro Rico y cómo éstas fueron explotadas por los colonizadores. Se dice que se podría haber construido un puente de plata desde Potosí hasta España con todo el material que se extrajo; como contrapunto y aún más impresionante, se podía construir uno de vuelta con todos los esclavos fallecidos en el las minas y el tratado de la plata.

Nos mostraron todo el proceso mediante el cual transformaban la plata extraída en monedas con valor comercial. Después de fundir la plata y obtener una especie de lingote de plata, se pasaba a las máquinas laminadoras, donde se realizaban las láminas de plata sobre las cuales, posteriormente, se trazaban y cortaban las monedas. Las máquinas laminadoras fueron traídas desde Cádiz, en barco, hasta Buenos Aires y de allí trasladadas por tierra hasta Potosí. Las máquinas utilizadas están en el museo, y también nos explicaron su funcionamiento, el cual necesitaba de esclavos y burros para proceder. Los burros estaban atados a una rueda en un piso inferior a las máquinas y tenían que avanzar para hacer ésta rueda girar y accionar la maquinaria. Los burros tenían que soportar un peso inmenso y al cabo de pocas horas se quedaban parados porque ya no podían más. Se necesitaba esclavos para arriar y golpear a los burros para que se movieran. Los esclavos también debían limpiar las heces de los animales. Su esperanza de vida en este puesto era de 2 años. La guía nos explicó que los que realizaban ese trabajo eran los más afortunados ya que otros esclavos, que participaban en el proceso de fundición, tan solo sobrevivían unos cuantos meses, por los gases que aspiraban.

Al final de la visita pasamos por un salón lleno de vitrinas con las distintas monedas producidas en este lugar. Entre 1545 y 1600, los yacimientos del Cerro Rico representaban la mitad de la producción de plata a nivel mundial. Finalmente, en 1952 se cerró totalmente la fábrica de monedas después de casi cuatro siglos de producción. Nos recordaron también que Don Quijote modificó la expresión utilizada hasta entonces “esto vale un Perú” por la de “esto vale un Potosí” para referirse a algo con un valor muy elevado.

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Entre tantas anécdotas interesantes, nos hicieron ver el valor que algún día tuvo Potosí con la placa de Patrimonio Histórico de la Humanidad que les concedió UNESCO por el casco antiguo de la ciudad. Tristemente, es muy posible que les retiren este honor en los años venideros ya que está algo descuidado. Al final, a pesar del entorno de negatividad que llevábamos, claudicamos, y creemos que vale la pena hacer una parada en Potosí, sobretodo para visitar el museo y darse cuenta que, aunque parece increíble, hubo un tiempo que fue de las más ricas del mundo.

Al tercer día, decidimos marchar a Sucre. En el hostal nos indicaron que la mejor manera de viajar hasta allá era con unas combis que salían desde en frente de una gasolinera cercana al cementerio. Como en otras ciudades, las combis salen conforme se van llenando. Así lo hicimos, nos colgamos las mochilas rojas y nos fuimos con un bus del transporte público hasta dicha gasolinera. Delante se veían 4 o 5 coches captando clientes. Nos subimos al primero que nos habló, esperamos a la persona que faltaba y nos fuimos. Nos esperaban unas 3 horas en la carretera, con algo menos de curvas que la anterior, sin embargo, a los 40 minutos nos detuvimos, sin entender por qué. Nos vino a la mente los bloqueos que afectaron nuestro viaje semanas atrás, así como las palabras que nos dijo el conductor que nos había dejado en la frontera entre Chile y Bolivia. Al cabo de varios minutos, vimos al primer ciclista. Resulta que, precisamente ese día, en ese momento, una escuela había decidido hacer una carrera en bicicleta. Retomamos la marcha una hora más tarde y sin más imprevistos nos fuimos, contemplando una vez más, paisajes que nos encantaban.

Para Sucre sí reservamos tres noches en un hostal ya que nos dijeron que ese fin de semana se celebraba la Fiesta de la Virgen de Guadalupe y estaría todo llenísimo. Al llegar, tuvimos que andar unos 20 minutos desde donde nos dejó el coche. En un primer vistazo de la ciudad,  fue mucho mejor que la impresión inicial de Potosí.

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Sucre es la capital constitucional de Bolivia y sede del poder Judicial. Está ubicada a unos 160 km al noreste de Potosí y a 2,810 msnm (¡Buena noticia! Ya que no sufriría mis ataques de hambre y noches en vela).  Choquechaca era el nombre que le habían puesto sus habitantes, los Charcas, antes de la colonización. En 1825 se le cambió el nombre en honor a su libertador Antonio José de Sucre.

En Bolivia, volvimos a encontrarnos, en todas partes, con una bandera de muchos cuadritos, con los colores del arco iris, según la zona donde estuviésemos tenía algunas modificaciones, pero ya nos había seguido casi todo el viaje. Nos contaron que ésta bandera es la Whipala y representa a todos los pueblos andinos. En Bolivia tiene más relevancia porque está aceptada por la constitución, así que los cuerpos de la ley llevan en sus uniformes esta combinación tan colorida de cuadrados.

En Sucre la energía cambió por completo. No había comparación con la ciudad anterior; más luz, la gente muy alegre y más movimiento. Nos cautivó desde que llegamos. El centro tiene una plaza espléndida llena de árboles, plantas, flores y gente. La plaza está rodeada por varios edificios coloniales, todos muy bien pintados y mantenidos.

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Recorrimos toda la ciudad de arriba para abajo, relajados disfrutando del panorama. En Sucre se siguen conservando las edificaciones coloniales y fue una grata sorpresa lo bien que han sabido cuidar dicho patrimonio. Además, el hostal donde nos quedamos nos encantó, con unas zonas comunes muy agradables, con dos cocinas amplias y muy completas, espacio para hacer barbacoa y el wifi funcionaba bastante bien, para estar en Bolivia.

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Los días siguientes nos regocijamos con los desfiles que hacían por las calles de la ciudad en honor a su patrona, la Virgen de Guadalupe; un día los colegios con todos los alumnos, el siguiente, adultos e incluso invitados de otros países cercanos como Chile y Ecuador, quienes venían también a deleitarnos con sus bailes y trajes típicos. Participamos, sin querer, de un espectáculo maravilloso de color, música y danza.

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Otro día, anduvimos cuesta arriba hasta la plaza Pedro de Anzurez donde está el templo de la Recoleta a un lado, y al otro, unas arcadas y un mirador con vistas a la ciudad. Justo al lado hay unas pocas tiendas de artesanías, quizás de las más baratas en Sucre. Nos quedamos sentados en el mirador aprovechando la fantástica vista que teníamos de la ciudad. 

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En cuanto a lo gastronómico, como es habitual nos tomamos nuestros jugos de frutas y comimos en el mercado. También usamos la cocina del hostal, terminando así las existencias que acarreabamos desde Iquique, pero  hubo tres locales que nos gustaron bastante y seguidamente detallamos.

Pollos Rosita:

¡Nuestra parada favorita! Pollos Rosita fue un habitual en nuestra estancia. Aquí probamos de los mejores pollos fritos del mundo y por eso regresamos varias veces, incluso antes de que abrieran. Yo en alguna ocasión, pedí otro plato, unas “chuletas” gigantes, como ellos les llamaban, pero que eran en realidad una especie de milanesas y también estaban riquísimas.

La Taverne:

Es un restaurante al costado de la plaza, se entra desde un lindo patio interior de una casa. Se puede simplemente ir a tomar un mate de coca sentado en ese patio y disfrutar de un poco de tranquilidad.

Café Cóndor:

Es un lugar frecuentado por turistas básicamente en busca de una buena conexión wifi, tienen en uno de los laterales una agencia que organizan tours por la zona. Aquí nos quedamos varias horas tomando cafés y tés mientras uno escribía en el blog y el otro aprovechaba para leer un buen libro.

También visitamos una famosa chocolatería, Para Ti, de la cual habíamos leído muy buenos comentarios. Probamos el chocolate caliente y una tarta deliciosa! Además allí puedes encontrar el regalo perfecto para llevar a casa.

INFORMACION PRACTICA:

Transporte Uyuni-Potosí: Tomamos un bus de empresa privada desde Uyuni. El bus sale desde una de las calles frente a la Terminal de Buses. El recorrido demora 3h30min.

Transporte Potosí-Sucre: Desde Potosí se puede tomar un bus de empresa privada desde la Nueva Terminal de Buses de Potosí que está a 20 minutos del centro en taxi. Si no, también se puede coger un bus pequeño, que fue lo que nosotros hicimos y es más barato. Estos buses salen en cuanto esten llenos, desde la gasolinera que está por el cementario.

Hospedaje:

Residencial Felcar (Potosí): Precio por noche de una habitación privada para 2 personas: 10 USD.

Villa Oropeza Guest House (Sucre): Precio por noche por persona, en un dorm de 4 personas: 6,50 USD. Excelente lugar para hospedarse, ubicación perfecta, la atención muy buena y las instalaciones del lugar son geniales.

Lo que no puedes dejar de visitar: En Potosí, La Casa de la Moneda.

En Sucre, recomendamos subir a la Recoleta, también pasear por el casco viejo de la ciudad y si coincide, disfrutar de los desfiles de las Fiestas de Guadalupe. Y por supuesto, Pollos Rosita!!

Fecha de nuestra visita: Del 6 al 13 de Setiembre


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El magnífico Salar de Uyuni

Nuestra experiencia en el Salar de Uyuni se las relatamos con mucha alegría y emoción, por revivir unos días inolvidables. Salimos desde San Pedro de Atacama, cruzamos la frontera de Chile con Bolivia, atravesamos las lagunas altiplánicas, dormimos en refugios y seguimos nuestro camino por el departamento de Uyuni, localizado al suroeste de Bolivia, hasta llegar al magnífico desierto de sal.

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El primer día, nos encontrábamos en la frontera de Chile con Bolivia, montados en el “Jeep”, aguardando, muy ansiosos, que comenzará el paseo. Nuestras mochilas rojas también estaban listas, en el capote del “Jeep”, sin embargo, hubo un pequeño inconveniente con uno de los coches y, mientras esperábamos, yo aproveché, saqué mi libreta y empecé a escribir.

Esa mañana, salimos del hostal a las 7:00, en un bus pequeño, con unas quince personas más. En ese busito llegamos a la frontera, pasamos migración y nos cambiamos al “Jeep”, como ellos le llaman, porque realmente no es un Jeep es un todo terreno de Land Cruiser. Este fue nuestro transporte por los próximos tres días. Desde San Pedro de Atacama (2,407 msnm) a la frontera chilena, subimos en poco tiempo a una altura de 4,400 msnm; la temperatura era bajo cero y el viento imparable y congelado.

Antes de llegar a ese punto de la frontera, el conductor del bus nos advirtió que estábamos a punto de comenzar un tour fascinante, pero bastante difícil, debido a la altura y a las temperaturas extremas que debíamos soportar. Además, dormiríamos en refugios que solo cubren las necesidades básicas, es decir, cero electricidad y cero calefacción. Finalmente, se despidió diciendo: ¡Bienvenidos a Bolivia, el país donde nada es seguro y todo puede pasar! Y esto ya lo teníamos muy claro, por experiencia propia, considerando lo que nos pasó por Copacabana… pero bueno, allí estábamos nuevamente, rumbo a lo desconocido!

Las quince personas nos dividimos en grupos de cinco para ir en los “Jeeps”; nosotros íbamos con tres viajeros brasileños: una pareja de Sao Paulo y una chica de Vitoria, y, por supuesto, con nuestro guía/conductor/mecánico/medico/etc., que era boliviano.

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Contratamos el tour con World White Travel, después de visitar varias agencias, como explicamos en nuestro post de Atacama. Nos decidimos por ésta, ya que habíamos leído muy buenos comentarios en el famoso cuaderno de viajeros que encontramos en  El Condor and The Eagle Café en Copacabana. El tour es de tres días hasta llegar al salar, que es el highlight del paseo, sin embargo, los demás lugares visitados nos dejaron sin aliento, y no solo por la altura, si no, por todo su esplendor.

En la frontera, entramos a una pequeña casa, donde había una sala habilitada para el desayuno. Todos fuimos directo a buscar un café o té, bien caliente, para refugiarnos de la baja temperatura exterior. Al terminar, nos dirigimos a otra casita, donde se encontraba la migración boliviana pero, para acceder al interior, tuvimos que hacer una fila a la intemperie, muertos de frío. Por suerte el sol ya se dejaba ver y suavizaba un poco la espera. Llegamos adentro, nos sellaron los pasaportes y nos percatamos que pocos panameños frecuentan la zona, pues no tenían ni idea si yo necesitaba algún visado o no y tuvieron que consultarlo, tardando varios minutos. La migración chilena la habíamos pasado media hora antes, justo al salir de San Pedro.

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Después de todos los trámites, cruzamos la frontera, entramos a la Reserva Nacional Eduardo Avaroa y se abrió una gama de paisajes espectaculares. Desde allá se podía ver una laguna, a la cual, pocos minutos después, nos acercamos. Era la Laguna Blanca, nuestra primera parada. Al aproximarnos, pudimos comprobar que gran parte de la superficie estaba helada.

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Nuestro guía o mejor dicho, “multitasking man”, nos hizo una pequeña explicación sobre el origen del nombre debido al color de la laguna, y seguimos hasta la Laguna Verde, que se encuentra justo al lado de la anterior, y se forma gracias a ella. Como dice su nombre, es de un color verdoso indescriptible, y depende de la hora del día el color es más o menos intenso. Me costaba asimilar la belleza del entorno que nos rodeaba, los contrastes entre el cielo, el agua y la tierra conformaban un paisaje que jamás imaginamos. Después de las fotos de rigor, seguimos la ruta y visitamos unas aguas termales, gésiers y el Desierto de Dalí.

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Quico tuvo el valor de meterse en las aguas termales a pesar de que la temperatura exterior era bajo cero, el viento fuerte y estábamos a más de 4,000 msnm. Disfrutó mucho estando dentro, ya que el agua tenía una temperatura de 28 grados Celsius, es decir, bastante caliente y agradable. No obstante, tuvo que caminar hasta allí, en vestido de baño, y, después, la peor parte… salir mojado del agua hasta el vestidor. Yo me quedé sentada haciendo fotos mientras admiraba el entorno. Las aguas termales eran naturales, y justo atrás de ellas, había un lago, un desierto de rocas, plantas, y algunas vicuñas que paseaban libremente.

Los géisers me sorprendieron, ya que no conocía éste fenómeno de la naturaleza. Un  géiser también es una formación termal, típica de zonas volcánicas, que, periódicamente, emite agua o vapor de agua a temperaturas muy altas. Por esto, cuando los visitamos, no podíamos acercarnos tanto; puede ser peligroso.  Físicamente, es un hoyo en la tierra por donde sale vapor y al estar observándolos me sentía como en otro planeta.

Igualmente visitamos el Desierto de Dalí, el cual recibe este nombre por las curiosas formas que adquieren las piedras incrustadas en la arena, que recuerdan al extravagante pintor catalán. Las piedras han obtenido éstas formas debido a la erosión del viento; otra obra de arte de la naturaleza.

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Finalmente, nos encaminamos hacia la Laguna Roja, donde se encontraba nuestro refugio. El refugio, literalmente, estaba en medio de la nada y consistía en una casa hecha de barro y piedras, con unas 10 habitaciones, dos baños, cocina y comedor. Como mencionamos anteriormente, cero electricidad y las ventanas de un cristal fino por donde el viento y el frío se colaban con fácilidad.

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Dejamos las mochilas allí y fuimos a una de las paradas más fascinantes del tour: La Laguna Roja. La Laguna Roja adquiere este color por los microorganismos que habitan en ella, que son el alimento de los flamencos. Es muy díficil describir estos paisajes con palabras y ni siquiera las fotos le hacen justicia a su belleza. Frente a la Laguna Roja sentí una inmensa mezcla de sentimientos: gratitud, alegría, sorpresa y especialmente nostalgia. Nostalgia de pensar que solo tenía ese instante, ese preciso momento para contemplar las maravillas de la Tierra y que más nunca volvería a estar allí… “¿Qué hago para capturar este momento, este aire, esta vista, estos sentimientos y la compañía?, ¿Cómo hago para no perderlo? Me da nostalgia incluso ahora que lo escribo porque me resulta imposible no reflexionar.

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Regresamos al hostal, nos tomamos unos mates de coca, conversamos con los compañeros de viaje y jugamos con unas cartas hasta que la cena estuvo lista. Nos ofrecieron sopa, chorizo, ensalada y pure de papa. Compartimos la cena con viajeros de todas partes del mundo, desde Nueva Zelanda y Australia hasta Holanda, Alemania y Austria; todos contando sus anécdotas y sueños de viaje.

Más tarde, nos fuimos a dormir. Nuestra habitación tenía seis camas con tres mantas cada una, y sólo eramos cinco personas, asi que yo me robé dos mantas de la cama que sobraba y Quico me dejó una de las suyas. Terminé arropada con seis mantas gruesas y, además, llevaba puesto tres capas de ropa en las piernas, cinco arriba y tres medias, y aún así tenía mucho frío. Antes de dormir, como siempre, saqué mi libreta pero, en menos de cinco minutos, tuve que guardarla porque tenía las manos congeladas y así no podía escribir.

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Día 2

Por la mañana, Quico se levantó muy temprano, ya que volvía con los síntomas que le producen las alturas: pocas horas de sueño y el hambre de madrugada con lo cual, las galletas que teníamos para merendar ya habían desaparecido. Después de desayunar, cargamos las mochilas rojas en el “Jeep” y retomamos el camino.

Primero, visitamos una piedra conocida como El Árbol, por su forma, producto de la erosión del viento. Allí también estábamos rodeados de unas montañas preciosas, lejanas y muy coloridas.

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Luego, nos dirigimos hacia un conjunto de cuatro lagunas altiplánicas y almorzamos en la última, la Laguna Hedionda.

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Al terminar, conducimos por una zona desértica, donde el terreno estaba moldeado a capricho del viento y al fondo se divisaba el Volcán Ollagüe, el único volcán activo de la zona, que siempre deprende una columna de humo.

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Llegamos al hostal donde nos quedaríamos, el cual estaba hecho, casi todo, de sal. Las mesas, las sillas, las bases de las camas, y las paredes, estabán totalmente cubiertas de sal. En este lugar por lo menos había duchas y agua caliente, así que aprovechamos para bañarnos y luego cenamos y volvimos a compartir experiencias con nuestros compañeros de viaje. Todos estábamos muy emocionados porque al día siguiente, finalmente, llegaríamos al salar.

Día 3

Eran las 5:30 a.m. y emprendiamos el camino a la estrella del tour: el Salar de Uyuni. El Salar de Uyuni es el desierto de sal más grande del mundo con una superficie de 11,000 kilómetros cuadrados a 3,600 msnm. Cada año se extraen apróximadamente 25,000 toneladas de sal y es la mayor reserva de litio del mundo.

La intención era llegar a ver la salida del sol desde el centro del salar, sin embargo, justo al entrar en él, nos detuvimos, porque el sol ya no resistía más las ganas de aparecer. Aunque no estábamos en el medio del salar, fue una experiencia extraordinaria. El sol se veía ascendiendo en el horizonte sobre una raya perfecta y los colores del amanecer reflejados en la blancura del suelo y de las nubes, y en las colinas que rodean el salar.

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Seguidamente, fuimos a la Isla Incahuasi, situada en pleno mar blanco. La isla está conformada por una montaña, en medio de la nada, donde hay una reserva de cactus gigantes. Subimos por un sendero hasta llegar a lo más alto y admiramos la inmensidad del paisaje que nos rodeaba, junto con nuestros altísimos amigos, los cactus, que medían hasta más de 10 metros de altura.

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Desayunamos en la isla y seguimos el camino. Al estar en el “Jeep” alejándonos de la isla, miraba por la ventana y veía una blancura que nunca antes había contemplado; un desierto blanco, plano y brillante. Miraba el suelo y parecía que estuviésemos flotando al avanzar.

Por fin nos detuvimos en algún lugar del inmenso salar y estando allí, parada, solo podía pensar que somos tan pequeños y diminutos y que la Tierra es inmensa, que la palabra inmensa se queda corta para describir tanta grandeza. Sin importar hacia donde enfocaban nuestros ojos, solo veíamos un blanco hermoso y el azul del cielo entre las nubes. Realmente nos sentimos en un lugar mágico, como si hubiésemos llegado, solos, a otro mundo.

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Nos sentamos en la sal. Sonreímos. Nos acostamos y miramos el cielo que parecía estar muy cerca. Nos hicimos un millón de fotos e intentamos adherir cada detalle de ésta magnífica experiencia en nuestra piel, para llevarla siempre con nosotros.

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En un artículo de un profesor leí que “quien no soporte incomodidades, jamás logrará grandes cosas” y creo que es la frase perfecta para la ocasión; las noches heladas, la falta de oxígeno por la altura, el viento congelado quemándonos la cara y todas las incomodidades valieron, completamente, la pena. Como siempre decimos, lo volveríamos a hacer todo de nuevo… Y, ojalá, así sea!

Después de ésta increíble experiencia, regresamos al “Jeep” y nos fuimos en dirección al pueblo de Uyuni, haciendo tres paradas. La primera fue en la salida del salar, donde había, por un lado, unos “charcos” de agua hirviendo, conocidos como los “ojos del salar”, que surgen producto de las aguas subterráneas de la zona y los minerales que contienen. Por otro lado, vimos la escultura del Dakar, el famoso rally que ha pasado en varias ocasiones por el salar.

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La siguiente parada fue en un pueblecito que está justo a la salida del desierto, donde vendían artesanías y allí nos dejaron pasear un buen rato. Aquí es importante mencionar que, más adelante en el viaje, nos dimos cuenta que los precios en este mercadito eran más económicos que en Potosí y Sucre, y evidentemente mucho más que en San Pedro.

Nuestro tour se acercaba a su fin y llegamos a la última parada: el cementerio de trenes, compuesto por una antigua vía férrea, por donde antiguamente transportaban los minerales hacia la costa, y los restos de las locomotoras y vagones usados. Este lugar es un espectáculo para los amantes de los trenes.

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Nos despedimos del Salar de Uyuni, de nuestros queridos compañeros de viaje y de nuestro excelente guía. Llegamos al pueblo de Uyuni, almorzamos, y más tarde tomamos un bus para seguir explorando Bolivia, ésta vez sin bloqueos.

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Información Práctica:

Transporte – Hospedaje y Comida: Todo incluído en el tour que contratamos con World White Travel por 150 USD. Nosotros contratamos el tour en San Pedro de Atacama, Chile pero para llegar al salar también puedes hacerlo desde Argentina y, lógicamente, desde Bolivia. La última opción es la más económica.

Qué debes llevar:

  • Ropa MUY abrigada y un saco de dormir (no es indispensable pero ayuda en las noches frías)
  • Llevar algo para merendar durante el día (frutas, galletas, etc.) y por supuesto, agua.
  • Protector solar
  • En nuestras mochilas pequeñas nunca faltaba un rollo de papel higiénico y los frontales, que fueron útiles por la noche, en el primer refugio, ya que la electricidad era escasa.

 


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Explorando Atacama

Tras una semana de buses, al llegar al hostal en San Pedro de Atacama, dejamos todos los bártulos y nos fuimos al centro, a la Calle Caracoles, donde se encuentran todas las agencias de turismo, los restaurantes, bares, cafés, mini mercados y tiendas de artesanías.

San Pedro de Atacama es un pequeño pueblo de unos 5,500 habitantes, situado en la región de Antofagasta, al noreste de Chile. Es uno de los destinos turísticos más importantes del país, por su situación geográfica, dentro del Desierto de Atacama y la proximidad a distintos puntos de interés como el Salar de Atacama, Piedras Rojas, el Géiser del Tatio, el Valle de la Luna, entre otros. Además, se encuentra muy cerca de la frontera con Bolivia por el Salar de Uyuni y de la frontera con Argentina por la provincia de Jujuy.

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En cuanto llegamos, notamos una gran diferencia en el clima más invernal del que veníamos. En Atacama, hacía muchísimo calor durante el día y por la noche bajaba la temperatura y era necesario abrigarnos. Yo con mi jersey estaba bien pero Gaby, que es muy friolera, andaba con la chaqueta y varias capas de ropa encima.

En San Pedro de Atacama también se nota que estás en un entorno desértico. No encontramos ninguna calle asfaltada y muchas edificaciones están hechas de adobe sin pintar. Por esto, en el pueblo sobresalen tonalidades de marrón, que te hacen sentir que estás en el medio de la nada.

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Desde San Pedro de Atacama empiezan muchas expediciones por el famoso Desierto de Atacama, el desierto más árido del mundo, que abarca el norte de Chile y la costa sur de Perú. Allí se pueden observar distintos paisajes: desde extensísimos campos de sal, lagunas y cordilleras repletas de volcanes, hasta valles que te trasladan a mundos lejanos y grandes zonas cubiertas por pequeños matorrales, de los que se alimentan las vicuñas y vizcachas que se pasean libremente.

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El primer día en San Pedro de Atacama nos dedicamos a buscar información sobre las excursiones por el desierto y también sobre los tours al Salar de Uyuni, la atracción más grande, con diferencia, de toda la zona. Había demasiadas opciones y distintos tipos de tours. De pocas horas, del día entero, algunos caros, otros más caros. No nos queríamos quedar tanto tiempo en el pueblo, porque como mencionamos en nuestro post anterior, Chile es un país costoso y el pueblo de Atacama es de los lugares más caros del país. Con esto en mente, teníamos que decidir, entre tantas opciones y organizarlo para que nos rindiera el tiempo al máximo.

Seguimos nuestra ruta de agencias turísticas y después de la quinta o sexta, nos fuimos a comer y a procesar toda la información que acabábamos de recibir. Estábamos un poco abrumados. Fuimos a un local cercano en el cual conviven dos restaurantes; uno vegetariano, donde Gaby ordenó una empanada caprese enorme, y el otro donde tenían un menú y yo me agarre una sopa y un chuletón de cerdo. El precio era bastante aceptable comparado con la gran mayoría de los vecinos. Nos fuimos aclarando un poco y coincidimos en que, lo que más nos interesaba conocer era El Valle de la Luna, Piedras Rojas y hacer el tour Astronómico.

Habíamos leído que en el punto de información turística hay un “libro de reclamaciones”, donde la gente anota sus experiencias con las agencias de turismo, y que puede ser muy útil para decidir con cual contratar los tours. Nos fuimos allá, descubrimos la agencia con las mejores referencias y tomamos la decisión de ir a sus oficinas.  La agencia se llama Lithium Travel, y al llegar, conversamos con un chico muy majo y contratamos los dos tours con ellos. El Astronómico, lamentablemente, no lo pudimos hacer porque cuando las noches son nubladas, normalmente lo cancelan porque no se ve nada, y este fue nuestro caso.

Piedras Rojas

Nos encontrábamos en la recepción del hostal, unos 10 minutos antes de la hora que dijeron que nos pasarían a buscar. No estábamos seguros si lo encontrarían porque, está a la salida del pueblo y no hay ninguna indicación en la fachada que te haga pensar que no es una simple vivienda. Unos 5 minutos pasada la hora, llamaron a la puerta y las dudas desaparecieron.

Recogimos a un par más de parejas y salimos del pueblo hasta nuestra primera parada: el Salar de Atacama y Reserva Nacional de Flamencos. El Salar de Atacama es el salar más grande de Chile, situado a 2,305 msnm. Tiene aproximadamente 3,000 km cuadrados y en él se encuentran grandes reservas de litio, potasio y yodo, y habitan una gran cantidad de aves y mamíferos como los flamencos y las vicuñas.

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Al llegar, dimos una vuelta por un caminito habilitado para visitantes, que se abre paso entre un extenso campo de sal. El guía nos explicó sobre la formación del salar y nos contaba que nos encontrábamos en un entorno ideal para los flamencos, por lo que una gran parte al norte del salar ha sido declarada como una reserva nacional de flamencos.

En la reserva hay varias lagunas que se forman en medio del terreno salado, donde el flamenco encuentra los microorganismos para alimentarse y así adquirir su color rosáceo; además, esconden sus huevos alrededor de las aguas creando sus nidos para protegerlos de los depredadores. Entre éstas lagunas, visitamos la Laguna Chaxa y observamos distintas comunidades de flamencos en su hábitat natural. El paisaje era impresionante, árido pero con agua y lleno de costras de sal, que son formadas por la evaporación de aguas subterráneas. En el horizonte, se veían las montañas y volcanes de los alrededores.

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Al terminar la explicación, el guía nos preparó un desayuno afuera del minibús con pan, jamón, queso, galletas, jugos, café y té. El clima estaba algo frío y enseguida Gaby se sirvió un té y yo un café calentito para pasar el rato, mientras compartíamos con los demás visitantes que eran de Brasil.

Una hora más tarde, nos detuvimos, justo pasado un repecho y en frente vimos una laguna en la que se apreciaba sal alrededor, unas montañas coloridas de fondo y unas piedras rojizas a un costado. Llegamos a Piedras Rojas, nos bajamos del minibús y anduvimos hasta el lago. El viento empezaba a soplar con más fuerza así que llevamos las chaquetas, los gorros y hasta los guantes de alpaca que habíamos comprado en Arequipa.

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Piedras Rojas está ubicado en la zona de Aguascalientes, a 4,000 msnm y 160 kilómetros desde San Pedro de Atacama. Recibe su nombre por el color de las rocas; éstas son magmáticas, formadas por la lava debido a la gran actividad volcánica de la zona y han adquirido el color rojizo por la oxidación del hierro que contienen. Nos acercamos cada vez más, hasta que llegamos a la laguna que era de un color turquesa, precioso. Además, vimos que la superficie tenía una fina capa de hielo; la laguna estaba igual que Gaby, congelada.

Las formas peculiares de las piedras rojas, junto a la laguna, y las montañas de los Andes en el horizonte, conformaban un contraste de colores único. Se nos olvidó el frío y nos quedamos afuera hasta el último segundo, contemplando el paisaje espectacular que nos rodeaba.

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Posteriormente, visitamos dos lagunas más: la Laguna Miscanti al pie del cerro homónimo y la Laguna Miñiques, la cual se forma gracias a la anterior. En éstas, vimos varios grupos de vicuñas bebiendo agua y un paisaje muy diferente al anterior, pero igual de increíble. El agua en éstas lagunas tiene un color azul más profundo, el cual contrasta perfecto con las plantas de la zona, una hierba amarilla que se encuentra en abundancia y que degustan los camélidos en este medio.

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Después de deleitarnos con estos majestuosos paisajes, estábamos hambrientos y teníamos que dirigirnos al pueblo de Socaire a comer, pero el minibús parecía que no estaba por la labor. Para salir de las lagunas teníamos que subir una lomita que, aparentemente, era demasiado trabajo para el vehículo. Después de varios intentos, finalmente, pudimos hacer cima y volver a descender hasta el restaurante.

Socaire es un pueblo muy pequeño de unos 360 habitantes, localizado a 86 kilómetros de San Pedro de Atacama. Fue una importante zona de explotación de oro en el pasado, pero actualmente sus habitantes se dedican a la agricultura. Una vez devorada la comida, yo me dirigí a una pequeña iglesia antigua hecha de adobe de la que nuestro guía no supo darnos fecha, no obstante, supone ser muy antigua.

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De camino a San Pedro hicimos una parada más, para ver el hito que representa el paso del paralelo 23 o Trópico de Capricornio, por el Desierto de Atacama y que a su vez se cruza con un camino inca. El hito es una pequeña estructura que además señala los puntos cardinales. El camino inca llegaba hasta Bolivia, según nos explicó el guía, y seguramente se conectaba con otros caminos, ya que por estas vías de comunicación se fue expandiendo el dominio inca por la región.

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Mapa del Recorrido – maps.google.com

El Valle de la Luna

Para nuestra visita al Valle de la Luna, saldríamos de la agencia de turismo a las 4:00 de la tarde. Partimos con unos minutos de retraso y al llegar al punto de control había mucha cola. Pasado este punto, vimos un cambio total en el paisaje. Esta vez sin vegetación, todo de color marrón y algunas partes blanquecinas, donde el viento se había encaprichado, en moldear a su antojo, las rocas y dunas de arena, elaborando un paisaje que te traslada a otro planeta.

Sabiendo que éramos de los últimos, el guía creyó que sería mejor empezar por el final y así lo hicimos. Subimos una cuesta, donde veíamos los ciclistas (que no habían querido pagar por el tour), esforzarse para alcanzar la cima del tramo más empinado, y nos fuimos directos al último punto del recorrido. Allí vimos las Tres Marías, unas esculturas formadas por la erosión del viento y junto a ellas, una roca que parece una cabeza de dinosaurio saliendo de la tierra rodeada de huevos gigantes.

Nuestro guía nos hizo ver varias figuras que tenían unas formas muy claras, y otras no tanto, y nos contó de varias interpretaciones que habían hecho otros turistas. Por ejemplo, ver a pac-man en la cabeza del dinosaurio o una pareja desnuda abrazándose en la María del centro.  También comentó que antes, se podía circular libremente por toda esa zona, pero que lo han restringido porque los visitantes se hacían fotos tocando éstas obras de la naturaleza, y un chico había roto una de ellas.

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Deshicimos el camino hecho, un tramo en el minibús y otro caminando. Pasamos junto al anfiteatro y al pie de la Duna Mayor, dos puntos con mucho reclamo dentro del valle, pero no teníamos demasiado tiempo y fuimos avanzando hasta llegar a la entrada de una caverna.

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La caverna es una cueva natural completamente formada de sal endurecida. Nos adentramos por un pasadizo entre las montañas hasta llegar a la boca de la hendidura, cada uno con nuestro frontal o linterna, en la parte más oscura. Al principio, Gaby no sabía si entrar ya que es un lugar muy estrecho y no recomendable para claustrofóbicos pero al final se animó.

Había partes en las que ni siquiera podíamos pasar de pie, sino que, teníamos que agacharnos y cuidar de no golpearnos la cabeza. Llegamos a un punto en el que nos detuvimos para escuchar las explicaciones del guía, en cuclillas por el espacio reducido. Iluminamos una roca  que quedaba a un costado y pudimos observar que era hecha de sal, ya que al iluminarla se veía transparente y se podía percibir el interior de la misma.

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Fue muy interesante aunque Gaby no dejaba de pensar en ver la luz natural del final del camino y encima el guía nos dice, bromeando, “imagínense qué pasaría, si empieza un terremoto en este momento”. Salimos disparados y seguimos unos metros hasta ver la luz del día, trepamos por la ladera que quedaba a la derecha para hacer el trayecto de vuelta por encima de la caverna y regresar al vehículo.

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El sol ya estaba cayendo y solo nos quedaba ir al mirador donde veríamos el atardecer. Salimos del valle en dirección al mirador de Kari. Desde este punto, se aprecia una vista aérea del Valle de la Luna, que con el ocaso adquiere unos colores muy interesantes, conformando un espectáculo natural magnífico. En el mirador se encuentra la famosa Piedra del Coyote, donde se podía hacer fotos en el borde. Ya hace un tiempo que se ha prohibido el acceso porque la roca tiene una fisura y se teme que, en cualquier momento, ceda. Hay unas cuerdas que prohíben el acceso, sin embargo, igual hay mucha gente que salta la cuerda y se acerca al abismo para inmortalizar el momento. Eso mismo hizo Gaby y se acercó, mientras yo intentaba hacerle una foto e ignorar los nervios por el respeto a las alturas.

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Mapa de recorrido – maps.google.com

Regresamos a San Pedro de Atacama y así terminamos de explorar el desierto. Esa noche, después de cenar, nos fuimos directo al hostal a preparar nuestras mochilas rojas, llenos de emoción y expectativa por los días venideros. La mañana siguiente, saldríamos a una de las excursiones más esperadas del viaje: El Salar de Uyuni.

Información Práctica:

Transporte:

Iquique-Calama: Compañía Turbus – Precio del billete: 9,200 CLP / 14 USD – 5 horas

Calama-San Pedro de Atacama: Compañia Turbus – Precio del billete: 3,200 CLP  / 5 USD – 1 h 30´

Hospedaje: Nos hospedamos en dos hostales diferentes que numeramos en orden de preferencia a continuación:

  1. Eden Atacameño:  Precio por noche en habitación privada con baño compartido: 24 USD.
  2. Hostal Alabalti: Precio por noche de una cama en un dorm de 4 con baño compartido: 13 USD.

Tours: Contratamos los tours con Lithium Travel y recomendamos mucho ésta agencia. Los guías estaban preparados y fueron muy amables y divertidos. Los precios que ofrecen son competitivos pero realmente casi todas las agencias ofrecen el mismo precio. Las comidas deliciosas y buenas porciones.

Lo que no puedes dejar de visitar: Piedras Rojas y ver el atardecer en el Valle de la Luna.


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Una semana de buses

Nos encontrábamos en Iquique, Chile en uno de los mejores hostales del viaje, el Backpackers Hostel. Nos pudimos haber quedado varias semanas allí, pero, lamentablemente, Chile es un destino muy caro y debíamos avanzar. La noche siguiente, viajaríamos a Calama para llegar por la mañana y tomar otro bus hacia San Pedro de Atacama, la última parada después de una semana con más buses que días.

Esa tarde nos relajamos en el hostal; nos preparamos una pasta deliciosa y la disfrutamos muchísimo ya que no habíamos comido un plato casero en meses. La acompañamos con un buen vino chileno. Quico estaba muy contento escribiendo el post de Cusco, al son de una canción de Ike y Tina Turner, mientras yo, saqué mi cuaderno, y empecé a escribir el ajetreado recorrido que habíamos realizado hasta el momento.

Nuestro plan era salir de Copacabana a La Paz y de allí movernos por Bolivia, descubriendo ese país desconocido que ha sorprendido a muchos viajeros por su belleza y autenticidad.  Más adelante, bajaríamos desde Uyuni hacia Chile y seguiríamos nuestro recorrido por el sur. La situación de los bloqueos en Bolivia se puso color de hormiga y cómo les explicamos en nuestro post anterior, tuvimos que cambiar nuestro plan y hacer una ruta diferente, después de nuestra visita al Lago Titicaca.

En la terminal de transporte terrestre de la Paz habían suspendido todas las salidas, con lo cual, solo podíamos movernos en avión. Nadie tenía certeza de cuándo se acabarían los bloqueos para poder transitar por las carreteras principales del país. En vista de lo anterior, decidimos hacer la ruta al revés: ir a Chile primero, esperando que todo se normalizara en Bolivia y posteriormente subir desde el Desierto de Atacama a Uyuni.

Pasamos varias horas viendo mapas, rutas, buses, leyendo noticias y otros blogs de viajeros y concluimos que, nuestra única opción para llegar a Chile, era pasando nuevamente por Perú, y de allí, cruzando la frontera hacia Arica, el primer pueblo de la costa chilena.

img_8999Con esto en mente, salimos de Copacabana el 27 de agosto rumbo a Puno. Volvimos a cruzar la frontera de Bolivia a Perú, ésta vez de noche, y 4 horas más tarde llegamos a la terminal. Esperamos una hora allí y embarcamos en el segundo bus del recorrido: de Puno a Arequipa. La mañana siguiente, llegamos a Arequipa y nos informaron que, para llegar a Chile, debíamos pasar por Tacna; desde allí salen los buses hacia la frontera.

El camino sería más largo de lo esperado y sabíamos que necesitaríamos dormir, en una cama, antes de llegar a la frontera. No queríamos quedarnos en Tacna, ya que los comentarios que habíamos leído, sobre este lugar, no eran muy positivos. Buscamos en la costa peruana y encontramos la ciudad costera de Ilo, cerca del camino. Samu, el compañero de piso de Quico , en Barcelona, ya le había hablado sobre ella y encima coincidimos con un bus que salía en poco tiempo, compramos el pasaje y nos fuimos rumbo a Ilo.

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Saliendo de Arequipa estuvimos rodeados de montañas con grandes campos verdes en sus faldas. Horas más tarde, pasamos a la carretera que bordea la costa y el paisaje se transformó, siendo cada vez más árido. Según National Geografic, la costa sur del Perú ya forma parte del Desierto de Atacama. Esto no nos sorprende, porque a medida que avanzábamos nos adentrábamos en el desierto. Cuatro horas después llegamos, agotados, a Ilo.

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Ilo es una ciudad poco turística al suroeste de Perú. Tiene un puerto y un malecón lleno de restaurantes y puestos de artesanías. Allí decidimos quedarnos una noche para descansar. Hasta el momento, de Copacabana a Ilo, habíamos recorrido 700 kilómetros, parando únicamente al cambiar de bus. En Ilo no teníamos nada reservado. Tuvimos que caminar con las mochilas rojas y el cansancio al hombro, hasta que conseguimos un hotel, por suerte, en pleno centro. Posteriormente, salimos a buscar algo para almorzar; nos comimos un ceviche y un arroz con mariscos, dos platillos que, difícilmente, fallan en Perú.

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maps.google.com

La mañana siguiente, desayunamos en la terraza del hotel que tenía vista a la plaza y, para variar, había un desfile y fiesta de la ciudad. No entendimos bien de qué se trataba, pero disfrutamos de la música y de la banda que se paseaba por las calles. Al rato, decidimos ir hasta la parada de buses para averiguar los horarios hacia Tacna. Por suerte, llevábamos las mochilas rojas y todas nuestras cosas, ya que justo antes de cruzar la calle hacia la parada, vimos un bus saliendo, con el letrero al frente que ponía Tacna. De una vez nos subimos, con todo en mano, porque ya no había tiempo de poner las mochilas rojas en la bodega, como normalmente hacemos.  En 3 horas, arribamos a Tacna. De nuevo cambiamos de bus y finalmente nos dirigimos hacia Chile.

Apenas llegamos a la frontera, notamos una gran diferencia en comparación a la frontera Perú-Bolivia, donde nadie nos revisó nada. En Chile los controles son más estrictos y casi nos buscamos un problema por unas manzanas que, sin querer, no declaramos en aduana. Al bajarnos del bus, agarramos nuestras mochilas grandes y después de migración, las pasamos por las máquinas de escaneo. Ni nos acordamos de las manzanas que habíamos comprado en Perú.

Cuando mi mochila pasó, un carabinero (cómo le llaman a los policías en Chile), me la revisó y las encontró. Yo todavía no caía en cuenta de la falta  que había cometido, hasta que el carabinero me trajo la hoja de declaración y me dijo que debía volver a llenarla declarando que traía esas frutas. De lo contrario, estaríamos en graves problemas con la ley chilena. Obviamente obedecí sus órdenes, declaré las manzanas e igualmente ellos las decomisaron.

Más adelante, estando en territorio chileno, nos vimos en medio de una tormenta de arena, y el bus tuvo que detenerse varios minutos por la falta de visibilidad. Pasado ese tramo,  el paisaje que apareció en nuestra ventana era hermoso. La carretera pasa justo al lado del mar y yo estaba tan feliz de ver ese azul, como si nunca lo hubiese visto.

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En unas 3 horas llegamos a Arica y nos hospedamos en el Arica Surf House. Arica es una ciudad con una mezcla de mar y desierto, muy turística durante el verano, pero que atrae a surfers, de todas partes del mundo, en cualquier época del año. Salimos a caminar por el centro y llegamos a una plaza con una fuente, una vieja locomotora y edificios coloniales alrededor, entre los que estaban la vieja estación del ferrocarril que llegaba hasta La Paz.

En el horizonte veíamos la silueta del Morro de Arica, un cerro de unos 130 metros de altura, con el Cristo de la Concordia en la cima, el cual simboliza la paz entre Chile y Perú. En el hostal ofrecían varios tours arqueológicos por la zona, pero con el tiempo limitado que teníamos no pudimos hacer ninguno.

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Esa noche en Arica, mientras leíamos en las camas del dorm, las ventanas vibraron. Yo sentí que había temblado y otro chico, que estaba en la habitación, se levantó preguntándonos si habíamos notado el temblor. Quico creyó que era el viento, pero el chico dijo que en esa zona de la ciudad no suele soplar un viento tan fuerte. Yo, como siempre, busqué en internet enseguida y, efectivamente, fue un temblor de 4 grados a pocos kilómetros de la costa de Arica.

Por la tarde, al día siguiente, nos fuimos a la terminal, para coger nuestro bus hacia Iquique, desde donde escribía en mi cuaderno. Iquique está a 300 km de Arica y todo el paisaje que observamos, por la ventana del bus, era muy desértico.

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 Aunque llegamos reventados, porque Chile no está eximido de imprevistos, Iquique nos dio muy buena vibra desde que vimos la ciudad completa, por la ventana del bus, al ir bajando por una duna que hay que bordear para llegar. Resulta que están arreglando la carretera que conecta Arica con Iquique, y solo dejan pasar coches cada cierto tiempo. Nosotros esperamos hora y media dentro del bus, sin movernos. Y fuimos afortunados porque la espera podía ser de cinco minutos hasta dos horas, dependiendo del momento en el que el bus llegase al punto del cierre. Para rematar, cuando ya estábamos llegando a Iquique, se pinchó una llanta. El chofer y el copiloto tuvieron que bajarse a cambiarla, mientras nuevamente esperamos dentro del bus. Con todos los inconvenientes, el trayecto que normalmente dura 4 horas, para nosotros, fue de 8.

Hasta Iquique ya habíamos recorrido 1,190 kilómetros y para llegar hasta San Pedro de Atacama aún nos quedaban 490 kilómetros por recorrer. Al estar en Iquique, decidimos relajarnos un poco. Desde que entramos al hostal supimos que mínimo nos quedaríamos dos noches. Yo estaba agobiada y cansada de moverme tanto, necesitaba quedarme más de una noche en el mismo lugar y poder dormir tranquilamente, sin tener que despertarnos pensando en hacer la maleta rápido para subirnos en otro bus.

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El Backpackers Hostel está ubicado a una calle de la playa y en el tiempo que estuvimos allí aprovechamos para tirarnos en la arena escuchando el mar y mirando a los surfers en el horizonte. Realmente necesitábamos relajarnos e Iquique nos ofreció el ambiente ideal para hacerlo. Hay un paseo muy lindo que bordea la playa, por el cual caminamos hasta llegar a una especie de península, que separa la ciudad y conduce hacia otra playa. Igualmente, allí nos sentamos a contemplar el panorama de nubes, pelícanos y montañas de arena en el fondo.

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La ciudad de Iquique está ubicada entre el mar y la Cordillera de la Costa, rodeada de dunas altas de hasta 800 metros, que, desde la playa, se observan como paredones gigantescos de arena. Es un lugar perfecto para veranear, encantador, con un ambiente playero, relajado y divertido. Por esto y por su famosa Zona Franca, Iquique atrae muchos visitantes nacionales y es una parada muy común para los viajeros desde y hacia Perú.

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La ciudad está llena de letreros que dicen “Zona de Tsunami” y no nos sorprendió, siendo Chile un país sísmico. A mí me puso un poco nerviosa pero los chilenos ya lo tienen bien asumido. Además, hay unos edificios muy altos justo al borde del mar, como en Panamá, pero allí me sorprende que vivan, tranquilamente, sabiendo que, en cualquier momento, se sacude la tierra y tienen que salir corriendo antes de que el mar vuelva a reclamar su espacio.

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Luego de unos días muy agradables en Iquique, emprendimos el camino hasta San Pedro de Atacama. Primero, cogimos un bus nocturno de 5 horas hasta Calama (no hay conexión directa a San Pedro de Atacama) y llegamos a las 6:00 de la mañana a la terminal. Todavía no había salido el sol y  esperamos para abordar el siguiente bus. Dos horas más tarde, finalmente llegamos al famoso pueblo en medio del desierto.

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San Pedro de Atacama es un pueblo pequeño y bastante turístico, ya que se encuentra cerca de varios puntos de interés del Desierto de Atacama. La experiencia completa de Atacama se las contamos en nuestro  post: Explorando Atacama.

Y así, terminó nuestro recorrido de Copacabana hasta Atacama. Fueron 8 buses en 7 días, 1,680 kilómetros e incontables horas, considerando todos los imprevistos. Fue una semana difícil, pero al final del día, además de tenernos el uno al otro, conocimos, admiramos y disfrutamos de más rincones sorprendentes en esta región. Todo es parte de la aventura y, como siempre decimos, si tuviésemos que hacerlo todo de nuevo, lo haríamos indudablemente.


 

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Navegando el Titikhakha

El miércoles 17 de agosto, llegamos a lo que tenía que ser nuestra última parada en Perú: Puno. Puno está situada en el sudeste de Perú a orillas del Lago Titikhakha, o Titicaca en español, que se encuentra a una altura de 3,810 msnm y cuyas aguas pertenecen, una parte a Perú y la otra a Bolivia.

Según nos explicaron, el nombre del Lago Titicaca proviene del aimara, lengua utilizada por los nativos que viven en el Lago Titicaca conocidos como aimaras, y en las zonas andinas de los alrededores entre Perú, Bolivia, el norte de Chile y de Argentina. En aimara, “Titi” quiere decir gato o puma y “Khakha” quiere decir piedra; este nombre se debe a que, viendo el lago desde el aire, se puede apreciar la forma de un puma cazando una vizcacha (una especie de conejo), rodeado de montañas de piedra.

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Catedral de Puno, Perú

Puno es la parada obligatoria para todo aquel que desee visitar el lago navegable más alto del mundo, desde el lado peruano, y así explorar las sorprendentes islas flotantes de Los Uros, y las islas de Amantani y Taquile; todas en aguas peruanas. La ciudad en sí, no la encontramos muy interesante. Tiene una bonita Plaza de Armas como muchas otras que habíamos visto antes, pero no tan encantadora como la de Arequipa o Cusco.

Llegamos a la terminal de autobuses a las 5:00 de la mañana y pudimos haber caminado al hostal, ya que quedaba a unos 10 minutos a pie, pero decidimos que sería más seguro pagar los cinco soles de un taxi porque aún era de noche y no conocíamos la ciudad. Al hostal llegamos cinco minutos más tarde y obviamente la habitación no estaba lista; esperamos en la sala, espatarrados en el sofá durante unas cuatro horas. Una vez nos dieron la habitación, decidimos salir a comer y la chica de la recepción nos recomendó ir a La Choza de Oscar, un restaurante especialista en pollos a la brasa, donde hacen un espectáculo de bailes tradicionales. Al día siguiente volvimos a este lugar y solo vimos parte del espectáculo porque, al llegar, nos sentamos al fondo del local, con los lugareños, y desde allí apenas se aprecia una parte del escenario.

Por la tarde bajamos al malecón, donde hay un mercado de artesanías que son muy económicas, pero ya era tarde y la mayoría de los locales estaban cerrados. Nuestra prioridad, en ese momento, era informarnos sobre los tours a las islas del lago. Majo y Ale nos comentaron que ellos habían pernoctado en las isla de Amantani y en Taquile, y que ambas tienen su encanto. Los tours que ofrecen las agencias solo son de dos días y una noche, normalmente en Amantani, en casa de una familia lugareña. No obstante, si quieres pasar la noche en Taquile, te lo pueden conseguir. Esa tarde no tomamos ninguna decisión sobre las islas, pero sí reservamos una visita a Sillustani, para la tarde siguiente. También hicimos una caminata bordeando el lago, disfrutando de la luna llena, aquel atardecer.

Sitio Arqueológico de Sillustani

El autobús nos recogió por la Plaza de Armas para llevarnos al Sitio Arqueológico de Sillustani, donde se encuentran las ruinas de edificios funerarios Incas y Pre-Incas, ubicados junto a la Laguna Umayo, a unos 30 kilómetros de Puno. Al llegar, nos encontramos rodeados de colinas amarillentas y marrones, al borde de la laguna; sobre una de ellas se veía, desde lejos, una de las torres funerarias. A éstas torres se les llama chullpas y allí dentro los cadáveres eran enterrados en posición fetal con todas sus pertenencias; dependiendo de la clase social, incluso se sacrificaban los sirvientes, para ser enterrados junto al cadáver y así servirle en la próxima vida.

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También aprendimos sobre las diferencias arquitectónicas entre las torres funerarias Pre-Incas y las Incas. Las edificaciones Pre-Incas son toscas y se notan pedazos de piedra encajados a la fuerza, aunque no fuesen iguales; por otro lado, las construcciones Incas, se ven pulidas y todos los bloques de piedra encajan a la perfección. El tamaño de las puertas también es diferente, debido al avance de la civilización Inca. Ellos lograron disminuir el tamaño de las momias y por ende las puertas de sus torres funerarias son más pequeñas que las Pre-Incas. Las puertas en todas las tumbas siempre estaban ubicadas hacia el Este, para la salida del sol. En contrapunto, las torres funerarias Incas podían llegar hasta 12 metros y cuanto más importante era la familia, más grande era la estructura. Las torres Pre-Incas únicamente alcanzaban los 4 metros.

Después de recorrer todo el recinto, observamos éstas diferencias claramente y también había una torre “en construcción”, que aún conservaba una rampa y así vimos la manera en que ellos iban construyendo la tumba. Cuanto más aprendemos sobre estas civilizaciones, más nos sorprende el ingenio y capacidad para lograr construcciones complejas para la época.

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Al terminar nuestra visita, de regreso a Puno, nos detuvimos en una casa de una familia nativa. Tenían llamas y cuys, nos dieron una explicación de cómo viven y nos prepararon un pequeño aperitivo:  una masa frita a base de harina de quinua, diferentes tipos de papa, queso y una demostración de los diferentes tipos de granos.

El día siguiente, salimos muy temprano a visitar las islas del Lago Titicaca. Decidimos contratar la excursión en el hostal, ya que con ellos salía un poco más económico y pudimos arreglar para quedarnos la segunda noche en Taquile. Por la mañana, nos pasó a buscar un bus, que hacia ruta por los hostales y que nos acercó al puerto desde donde salió nuestro barco. Al llegar al puerto, nos dividieron en dos botes; en el nuestro, había un grupo de doce estudiantes franceses, una madre e hija italianas, una familia peruana y dos parejas, que también venían de nuestro hostal, una inglesa y la otra italiana, Francesco y Julia.

Las islas flotantes de Los Uros

La primera parada fue en las maravillosas islas flotantes de Los Uros; una visita interesante y sinigual.  Al atracar en una de las islas, uno de sus habitantes nos explicó cómo construyen las islas y cómo vive la comunidad en ellas. Resulta ser que él era el presidente y que, en cada isla (aunque solo viva una  o dos familias), hay un presidente. Las islas están hechas completamente de plantas de totora.

Primero hacen cubos con las raíces de la totora, luego los atan con palos de madera y los dejan así seis meses, de manera que las raíces se entrelazan naturalmente, obteniendo una plataforma flotante, suficiente como para construir unas tres o cuatro chozas, igualmente de totora.

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Sobre la superficie de la plataforma, colocan varias capas de totora, que tienen que ir reponiendo cada 15 días en época de lluvia y una vez al mes en época seca.  Al final, las anclan con las islas vecinas para no irse flotando por todo el lago.  La vida útil de una isla es de 20 años y demoran un año en construirla, así que, cada cierto tiempo tienen que ir buscando nuevamente, plantas de totora, para fabricarse un nuevo hogar.

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La totora, también es utilizada para construir el transporte: los famosos caballitos de totora, que también se pueden encontrar en Huanchaco, cerca de Trujillo. De éstos hay dos clases: unos pequeños y unos grandes. Los pequeños son usados por niños y jóvenes para ir hasta Puno a la escuela; nos dijeron que con estos se iban dos y volvían tres, porque al tener un espacio reducido, los chicos pueden intimar con más privacidad. Los otros, más grandes, son destinados a los turistas, para trasladarlos de una isla a otra y los llaman Mercedes-Benz.

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La totora también la usan como alimento y la pudimos probar; la verdad no sabe a nada, pero a la brasa y con romesco ganaría mucho. Otro punto curioso es el retrete y el agua que beben. Lo primero lo hacen de uno de los costados de la isla y el agua para el consumo la recogen del otro lado. Dicen que el agua de consumo no se ve afectada por los desechos expulsados ya que éstos siguen por la corriente, sin pasar por la zona de donde recogen agua para beber.

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Al finalizar las explicaciones, nos fuimos en el Mercedes-Benz hacia una de las islas principales de los Uros. El paseo fue encantador ya que el Presidente y su compañero nos llevaron remando todo el tiempo, con la hija de uno de ellos, que se quedó bromeando y jugando con nosotros hasta llegar a nuestro destino.

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Amantani

Unas horas más tarde, partimos hacia Amantani, la isla más grande del Lago Titicaca en la parte peruana, donde pasaríamos la noche. Llegamos al puerto y allí nos esperaban las “Mamas” como les llamaba nuestro guía, Juan Carlos. Nos dividimos en grupos, ya que no cabíamos todos en una misma casa; a nosotros nos tocó con la pareja inglesa y con Francesco y Julia, de Italia.  Nos asignaron a la “mama Rosa” que nos esperaba con su hijo Roy, para dirigirnos hacia su casa. Quedaban bastante lejos del puerto así que la caminata fue de unos 20 minutos aproximadamente e íbamos conversando y admirando el entorno, de casas, caminos estrechos, vegetación y agua, que nos rodeaba.

Llegamos a la casa de “Ama Rosa” como le decía Francesco, donde dejamos nuestras mochilas, comimos y partimos a encontrarnos nuevamente con Juan Carlos, para subir a la PachaMama. PachaMama significa Madre Tierra y es el nombre que recibe uno de los dos picos más altos de la isla , donde están las ruinas de un templo dedicado al sol. Al subir, tienes que dar tres vueltas alrededor de las ruinas, según dicen, para disfrutar de salud, dinero y amor; así lo hicimos. Subimos una hora hasta la cima y dimos las vueltas necesarias, aunque quizás yo debía dar una extra para la altura, porque seguía durmiendo solo tres horas al día y devorando frutas y galletas en la madrugada.

En lo alto de la PachaMama disfrutamos de la hermosa vista del lago y además vimos una puesta de sol espléndida.

Al caer la noche, el frío apretaba así que decidimos bajar y caminar hacia la casa con Francesco y Julia. Tuvimos que utilizar nuestros frontales para ubicarnos porque no hay luz en toda la isla. Una vez en casa, cenamos de nuevo, de manos de Ama Rosa y compartimos experiencias y risas con nuestros compañeros en ésta aventura. La casa era bastante acogedora, especialmente la cocina que siempre estaba calientita. Ama Rosa, es una mujer de pocas palabras, pero muchas sonrisas, con lo cual nos hizo sentir muy a gusto.

La mañana siguiente, nos encontramos en el puerto con Juan Carlos para seguir nuestro recorrido. Ama Rosa nos acompañó con su hijo pequeño, Neymar, un travieso diablillo de dos años, con el que nos reímos de sus fechorías y nos llamó la atención su nombre, inspirado en el famoso jugador brasileño. A pesar que, la electricidad es escasa y nosotros nos sentíamos bastante desconectados del mundo exterior, las celebridades no se escapan ni de los rincones más remotos del mundo. Nos reencontramos con Juan Carlos y nos fuimos rumbo a la Isla de Taquile.

Taquile

Para llegar a la Plaza y a la zona residencial de Taquile, tuvimos que ascender por un camino bastante empinado, unos treinta minutos. Subimos, entre parada y parada para que Gaby intentase agarrar oxígeno a casi 4,000 msnm. Una vez en la Plaza, tuvimos tiempo libre para recorrer el pueblo, antes de dirigirnos al restaurante donde almorzaríamos. Juan Carlos nos apalabró el hospedaje con la familia taquileña que nos hospedaría esa noche. Una hora más tarde, empezamos una caminata bordeando la isla, hasta llegar al puesto donde comimos.

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Al llegar al lugar, el cabeza de familia nos hizo una demostración de cómo fabrican jabón y champú casero, con una planta llamada chujo. Actualmente ya no lo utilizan como champú, pero sí para limpiar la lana de las ovejas que posteriormente utilizan para confeccionar chompas, bufandas, gorros, y otras piezas. Igualmente, nos explicaron el significado de algunos accesorios que utilizan los hombres y las mujeres de Taquile. El gorro de los hombres, por ejemplo, indica si el hombre está casado o soltero. El gorro para los casados es azul y rojo y el de los de solteros es de color blanco y rojo. A su vez, la inclinación del gorro de los solteros indica: para la derecha que tiene pareja, para la izquierda que busca pareja y para atrás, que no están interesados o tienen otras prioridades. De la última manera, también lo utilizan los niños que todavía no tienen edad para tener novia.

La pobación de Taquile es de 3,000 habitantes, aproximadamente, y la isla se divide en varias comunidades, cada una con su presidente. El presidente es fácil de identificar ya que también lleva un gorro especial, todo de colores y encima un sombrero negro. Los taquileños viven de la pesca, la agricultura (principalmente de la papa) y del turismo que ha ido en aumento durante los últimos años. Además, Taquile es reconocida por sus hermosos tejidos y artesanías; nos llamó la atención que los hombres son los principales tejedores, aprendiendo a tejer sus propios accesorios desde temprana edad.

Las mujeres utilizan una especie de poncho negro, con pompones de colores en las puntas. Estos pompones, según su tamaño, indican si la mujer está casada o soltera; las casadas utilizan pompones pequeños y las solteras llevan los pompones grandes, más llamativos. Por último, nos mostraron las fajas que fabrican las mujeres para sus maridos como regalo de bodas. En la isla no hay animales de carga, ni carretas, mucho menos vehículos, lo que significa que los hombres trasladan todo lo necesario sobre la espalda. Para disminuir el daño, utilizan las fajas amarradas a la cintura. Lo curioso es que las fajas son hechas de lana de oveja entretejida con el propio cabello de la mujer, lo que para ellos representa un gesto de su compromiso y amor.

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Terminando las explicaciones, nos sirvieron una sopa de quinua de primero, y de segundo podíamos escoger entre tortilla o trucha. Gaby escogió la primera opción, yo me decante por la segunda. Era una trucha asalmonada que le habían sacado casi todas las espinas y estaba muy buena. Luego de la comida, nos despedimos del grupo y volvimos a recorrer el mismo camino hasta la Plaza. En este caminito también aprovechamos las vistas del lago y pudimos ver, a lo lejos, las montañas de Bolivia que se perdían entre las nubes.

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En la plaza nos esperaba Luciano, nuestro anfitrión por esa noche. Fuimos hasta su casa y nos dio la llave de una pequeña casita auxiliar que tenía para estas ocasiones. Luciano fue muy amable y amigable desde el principio, preguntándonos “¿De dónde son?, ¿Y de dónde vienen?”, siempre con una sonrisa. Como aún faltaban horas para la cena, nos recomendó ir a la puerta del sol, un mirador donde podríamos ver el atardecer. Dicho y hecho, nos dirigimos hasta el punto indicado y nos deleitamos con un espectáculo de la naturaleza y con más tranquilidad que el día anterior, porque esta vez estábamos solos.

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Regresamos a la casa para cenar y ya nos esperaba Luciano, con su mujer y su hijo, un chico de 22 años, encantador, al igual que su padre. La madre se quedó casi todo el tiempo en la cocina; ella solamente hablaba quechua, ya que, al ser la hija mayor de una familia numerosa, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos desde muy joven sin poder ir a la escuela. Normalmente, en las familias taquileñas, se habla el quechua y los niños aprenden español en el colegio.

Compartimos la cena con Luciano y su hijo, en una mesa que estaba pegada a la ventana, justo detrás de la cama del hijo y a un costado de una puerta pequeña que llevaba a la cocina. Conversamos durante casi dos horas sobre las tradiciones y costumbres de la isla y sus planes en el futuro. Fue una velada muy especial y enriquecedora. Aunque no es  un recibimiento gratuito, la hospitalidad y amabilidad con la que te atienden éstas personas, abriéndote las puertas de casa y compartiendo su cultura, definitivamente marca una huella. Nos hubiese gustado compartir más tiempo con ellos, pero lamentablemente, al día siguiente, ya teníamos contratado el regreso a Puno.

Por la mañana, volvimos a compartir con Luciano, esta vez el desayuno y luego nos fuimos a la Plaza. Allí enviamos una postal hasta Barcelona, a nuestra querida iaia en la oficina de correos de la isla, que según los lugareños es la oficina de correos a más altura, en una isla, del mundo . Más tarde caminamos al restaurante a repetir el ritual del día anterior. Al acabar, nos fuimos con el grupo de regreso a Puno. Nos subimos en la parte superior y descubierta de la embarcación, junto a cuatro amigos de Terrassa (una ciudad cercana a Barcelona), un chico de Nueva York, dos chicas de México y una de Kerala, al sur de la India. Compartimos con ellos un montón de historias durante las tres horas navegando hacia Puno y quedamos para cenar esa noche.

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De regreso a Puno

En cuanto entramos al hostal, nos encontramos con Julia en el comedor; nos contó que Francesco había pasado la tarde anterior en la cama con fiebre y aún seguía delicado. En poco tiempo tenían un viaje de doce horas a Cusco y ella le estaba preparando una sopita. Nosotros nos fuimos a duchar y cambiar para la cena y cuando bajamos, Francesco ya estaba comiendo el ágape que Julia le había preparado. Estuvimos hablando un buen rato y nos despedimos de ésta encantadora pareja italiana que ojalá nos volvamos a topar en algún lugar del mundo.

Fuimos a cenar a un restaurante italiano con toda la tropa de catalanes, las mexicanas y el neoyorquino. Después de unas pizzas y un par de botellas de vino, nos fuimos a tomar una copa a un bar, donde nos sentamos alrededor de una mesa sobre unos cojines en el suelo. Solo pudimos tomarnos una copa, porque, entre charlas y dardos, se nos voló el tiempo y resulta que a las 11:00 de la noche cierran todos los locales en Puno.

De Puno a Copacabana – ¡Bienvenidos a Bolivia!

Nos despertamos por última vez en Perú, o eso creíamos. Alistamos nuestras maletas y nos dirigimos a la terminal terrestre para tomar un bus hacia Copacabana, un pueblo a orillas del Lago Titicaca en el lado boliviano.

Antes de llegar a la frontera, nos detuvimos a cambiar los pocos soles que teníamos, pues nos dijeron en el bus que tendríamos que pagar una tasa, de 4 bolivianos, para entrar a Copacabana. Para cruzar la frontera, nos bajamos del bus y pasamos por el punto de migración de Perú, donde nos quitaron la tarjeta migratoria y nos despedimos de este hermoso país. Luego caminamos y pasamos la frontera a pie hasta llegar a la oficina de migración y aduanas de Bolivia. Allí nos sellaron nuestro pasaporte y nos dieron la bienvenida a Bolivia.

El bus pasa únicamente con el chofer y luego de que todos los pasajeros estaban adentro, nos pusimos en marcha. Cual fue nuestra sorpresa, a los pocos metros de estar en tierras bolivianas, el bus se detuvo. Unos minutos después nos informaron que había un bloqueo y que tendríamos que caminar: “Si quieren llegar a Copacabana agarren sus maletas y vamos andando una hora, el que no quiera se puede quedar en el bus y regresar a Puno”.

Como el resto de los pasajeros, nos bajamos indignados, cargamos las mochilas y seguimos a pie por caminos secundarios. Nos quedamos rezagados del grupo porque, la noche anterior, Gaby se había doblado el tobillo en Puno y le dolía bastante. Avanzábamos muy lentos, junto a dos chicas argentinas que apenas podían con su equipaje. Al retomar la carretera principal, notamos que estaba llena de piedras. Había muchos lugareños sentados en el borde de la calle, pero nadie sabía quién las había puesto, ni por qué, y ninguno hacia el mínimo gesto de moverlas.

Seguimos por la carretera esperando encontrar alguna combi que nos llevara hasta nuestro destino, pero solo circulaban personas a pie, en ambas direcciones. Una hora y media después, encontramos más piedras bloqueando el paso y al otro lado unas combis esperando pasajeros. ¡Qué alivio! Gaby estaba a punto de llorar porque su pie ya no daba más y, antes de ver las combis, solo veíamos una montaña que hubiésemos tenido que subir y luego bajar; detrás de ella estaba el pueblo de Copacabana. Tomamos una de las combis y, curiosamente, el precio era 4 bolivianos cada uno.

Finalmente, llegamos sin más inconvenientes al Hostal Sonia que nos había recomendado la propietaria del Inca Rest, el hostal donde nos alojamos en Puno. Nos quedamos ahí dos noches y disfrutamos de este pueblo que nos sorprendió; con una enorme iglesia en la plaza principal, la calle más importante llena de restaurantes, cafés, tiendas de artesanías y agencias de turismo y el puerto donde había bares con terrazas muy playeras, Copacabana nos encantó.

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Adicionalmente, encontramos la mejor cafetería a la que hemos ido en todo el viaje, hasta ahora: El Condor and the Eagle. Es un local regentado por una pareja boliviano-irlandesa, muy agradables, con los que hablamos largo y tendido, y, entre otras cosas, nos aconsejaron qué hacer en este momento de bloqueos. Una peculiaridad del local, por lo que lo recomendamos especialmente a otros mochileros, es que dispone de varios cuadernos donde los viajeros anotan sus experiencias y recomendaciones. Tienen un cuaderno de Bolivia, uno del resto de América del Sur y otro del resto del mundo. ¡Una idea genial! Nos quedamos horas leyendo varios cuadernos, incluso de lugares a los que no pensamos ir, pero solo por curiosidad y, cómo no, también hicimos nuestro aporte a la causa.  Además, el desayuno es buenísimo y a Gaby le encantó que tenían un té de limón con jengibre delicioso, que le recordó a los que preparaban en el Café JC de Cusco, su favorito.

En Copacabana también nos sorprendieron los precios, ya que teóricamente, es mucho más económico que Perú, pero no este pueblo, que era más caro que la mayoría de sitios en el país vecino.

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Isla de Sol

Al tercer día, agarramos nuestras mochilas pequeñas y nos fuimos al puerto, decididos a explorar las islas del lago, en la parte boliviana. Buscamos un transporte que nos llevara a la isla más grande del lago, La Isla del Sol. Esta isla tiene dos puertos, uno en el norte y otro en el sur. Normalmente la gente llega a la parte norte de la isla y desde allá enfila un camino que conduce hasta el sur, desde donde se regresa a Copacabana. Algunos pasan la noche en el norte, otros en el sur. Ambas opciones son interesantes. Nosotros nos quedamos en el norte y solo hicimos un tramo del camino ya que Gaby no estaba del todo recuperada de su tobillo.

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El primer día lo compartimos con Gemma, una chica de Barcelona, con Marcos, un chico argentino y con otra chica argentina. Nos tumbamos en la “playa” que estaba frente a nuestro hostal. Estábamos en una pequeña bahía y yo me adentré con Marcos bastantes metros; el agua del Titicaca no nos pasaba de la rodilla. Cuando empezó a oscurecer, en el agua quedaba un bote con dos niñas dentro que parecía habían encallado. Yo me dirigí a ayudarlas y finalmente conseguimos liberar la embarcación. Sorprendentemente, a pesar de la altura y la temporada de invierno, el agua no estaba demasiado fría.

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Nos llamó mucho la atención que había varios animales paseando libremente por la “playa”. Burros, ovejas, vacas, perros y hasta cerdos! Algunos se nos acercaban bastante y un perrito muy simpático buscó refugió a nuestra vera y nos acompañó hasta que nos fuimos.

La mañana siguiente, recorrimos el camino mencionado, que nos transmitió cierta melancolía, ya que algunos tramos nos recordaban a la Costa Brava, salvando las distancias, y la nostalgia de estar tantos meses alejado de esos lares. Fuimos hasta la “piedra sagrada” y regresamos en busca del bote que nos llevaría de vuelta a Copacabana, donde en teoría pasaríamos una última noche.

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Durante nuestra estancia entre la Isla del Sol y Copacabana, empezaron otros muchos bloqueos en Bolivia, el más importante, el de los mineros. Estos, habían bloqueado casi todas las carreteras principales del país. En la Paz había cinco bloqueos por diferentes motivos; a la terminal terrestre solo se podía llegar desde Copacabana, pero después no se podía salir porque estaba todo el transporte de buses suspendido. Oruro estaba totalmente bloqueado por los mineros al igual que Cochabamba y la ciudad de la Paz. Esto complicó nuestra idea de viaje, especialmente cuando vimos en las noticias que los conflictos con los mineros provocaron cinco muertos, entre ellos, el viceministro de interior.

Dada ésta situación, nos quedamos una noche más en Copacabana, para sumar dos noches más desvelado y hambriento por la altura. En ese momento tuvimos que planear y preparar un cambio de ruta, que nos costó una semana de viaje sin parar, y que ya les explicaremos en el siguiente post. Mientras tanto, disfrutamos un poco más de ese hermoso pueblito, de nuestros amigos del Condor and The Eagle Cafe y de la belleza del Lago Titicaca.

INFORMACION PRACTICA

Transporte:

  • Cusco-Puno: Bus de Cruz del Sur – Costo del boleto: 110 soles / 32 USD por persona – Tiempo de recorrido: 7 horas
  • Puno-Copacabana: Costo del boleto: 25 soles / 7.50 USD por persona – Tiempo del recorrido: 3 horas

Hospedaje:

  • Puno: Inka’s Rest – Costo de una habitación privada con baño compartido y desayuno: 55 soles / 16 USD por noche – 100% recomendado. Muy limpio, personal super amigable, el desayuno excelente (incluye huevos!) y la ubicación un poco alejado del centro pero en un buen lugar. Volveríamos a hosperdarnos aquí.
  • Copacabana: Hostal Sonia – Costo de un< habitación privada con baño privado y desayuno: 150 bolivianos / 23 USD – Lo recomendamos porque estaba limpio y el desayuno también fue bueno. Sin embargo, queda algo lejos del centro y de la calle principal.

Tours:

  • Uros, Amantani y Taquile: Contratamos el tour directamente en el Hostal Inca Rest y nos costó 105 soles / 31 USD por persona. Esto incluye el traslado a las islas, visita a los Uros, almuerzo y cena del primer día en Amantani, alojamiento (1 noche) en Amantani y la visita a Taquile con desayuno y almuerzo al día siguiente.
  • La noche adicional en Taquile con la cena y el desayuno incluido nos costo 50 soles / 15 USD, cada uno.

Qué llevar a las islas: Para hacer el tour a las islas te aconsejamos dejar tu mochila grande en el hostal y llevar una de 20 L. Lleva agua, papel higiénico y un frontal o linterna porque en la noche no hay electricidad. También puedes llevar algunas frutas para regalar a la familia y/o compartir con los demás viajeros.

Lo que nos puedes dejar de visitar: Si estás en Puno definitivamente te recomendamos el tour a las islas del lago y una visita al mercado de artesanías, donde dicen, están las más baratas de todo Perú.

En Copacabana no dejes de pasar a comer o tomarte algo en El Condor and The Eagle Cafe y pregunta por los famosos cuadernos donde podrás ver más recomendaciones de otros viajeros.

Fecha de nuestra visita: 17 al 26 Agosto de 2016

 

 

 

 

 

 

Machu Picchu

Machu Picchu, la ciudad Inca en medio de los Andes peruanos, a 130 kilómetros de la ciudad de Cusco, es el destino turístico #1 de la región y uno de los sitios arqueológicos más destacados del mundo. Cada año se estima que más de un millón de viajeros se abren camino a Perú y llegan a conocer las ruinas de lo que fue un importante centro religioso y político para los Incas.

Hay muchas formas de visitar Machu Picchu. Casi siempre, Cusco es una parada obligatoria y, posteriormente, Aguascalientes, conocido también como Machu Picchu Pueblo, de la cual nadie se escapa, ya que, en este pueblo, cada mañana, a las 6:00 a.m. abren el paso para transitar por el único acceso hacia el complejo.

Básicamente, hay cuatro opciones o rutas alternativas para llegar a Aguascalientes: (1) tomando el tren desde Cusco, (2) haciendo un trekking de varios días como el famoso Salkantay Trail o el Lares Trail, (3) por cuenta propia: cogiendo varias combis desde Cusco y luego caminando, (4) una combinación de la primera y tercera opción.

En cuanto al costo de cada opción, el tren (180 USD ida y vuelta desde Cusco) y los trekkings, normalmente son los más caros. En cuanto a dificultad, los trekkings requieren que tengas muy buenas condiciones físicas y resistencia, ya que son varias horas de caminata al día (de 5 a 10 horas) y se pasa la noche acampando, a una altura elevada y a temperaturas muy bajas; ir por cuenta propia también requiere condiciones físicas, aunque no tantas porque solo deberás pasar por una caminata de 2 horas y media, en un terreno bastante plano, con tú mochila, si decides llevarla; por último, ir en tren es lo más fácil, cómodo y rápido. Con respecto a los paisajes, en los trekkings vale la pena el sacrificio porque dicen que los paisajes son preciosos y se conocen más lugares en el recorrido que se hace hacia Machu Picchu; en el tren también se tienen unas vistas muy bonitas ya que las vías están construidas en medio de la montaña, y, por cuenta propia, igualmente, las vistas son maravillosas desde el minibús que transita por un camino que atraviesa la montaña y después, en la caminata, un paisaje amazónico espectacular.

Nosotros nos aventuramos a ir por nuestra cuenta y la explicación tan clara y precisa que nos ofreció Reynaldo, de cómo llegar, nos dio más confianza. A continuación, les explicaremos nuestra experiencia y más abajo en la INFORMACION PRACTICA, encontrarán todos los detalles del recorrido para que también se aventuren a ir por su cuenta y de paso, se ahorren una cantidad importante de dinero.

Recorrido de Cusco a Aguascalientes

El día de partida, nos despertamos muy temprano para llegar a la Calle Las Tres Marías antes de las 6:00 de la mañana, hora en la que se supone sale el primer minibús hacia el pueblo de Santa María. Por supuesto que, estando con Quico, llegamos 20 minutos antes de las 6:00 y solo había una persona. Tuvimos que esperar a que se llenara el minibús porque, como ya es típico, el chofer no arranca hasta que haya vendido todos los puestos y más, si es posible. Tardamos una hora para ponernos en marcha, saliendo a las 7:00 de la mañana, con lo cual, nuestra hora de salida, punto clave para el éxito de ésta aventura (según Reynaldo) se vio bastante afectada. Quico estaba de los nervios y yo, pues resignada a que quizás nos cogería la noche caminando hacia Aguascalientes.

Al salir de Cusco, nos adentramos en las montañas. Machu Picchu se encuentra a 2,453 msnm, más abajo que Cusco, pero para llegar a la primera parada teníamos que pasar un puerto de montaña a más de 4,400 msnm; aquí estuvimos entre las nubes y rodeados de montañas amarillentas, marrones y rocosas. Hay un tramo de curvas muy pronunciadas como de una hora, donde hay mucha gente que se marea. Luego de subir y bajar las montañas nuestro entorno se transformó y aparecieron colores más verdes. Fue muy sorprendente este cambio en el paisaje, de árido con poca vegetación, a uno más tropical lleno de árboles y plantas.

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Cuatro horas más tarde llegamos al pueblo de Santa María, la primera parada en el recorrido hacia Aguascalientes, únicamente para cambiar de minibús. No sabíamos exactamente donde nos dejaría el conductor, pero apenas nos bajamos, nos recibieron varios lugareños preguntando “¿A Santa Teresa?”, a lo que él respondió que sí, mientras nos bajaba la mochila y ni nos dimos cuenta cuando ya teníamos nuestro siguiente transporte arreglado.

Así de fácil y rápido fue conseguir que alguien nos llevará hasta Santa Teresa, la segunda parada. Reynaldo nos había dicho que sería otro minibús, sin embargo, en nuestro caso fue un taxi, donde también esperamos a que todos los puestos estuviesen llenos. Fuimos con una chica francesa, un chico peruano y en el maletero dos niñas peruanas que iban saltando, golpeándose en la cabeza todo el camino. No existe una carretera pavimentada, es más bien un camino de tierra y piedras al borde de la montaña que pareciera que solo se debe utilizar caminando, pero la realidad no es así. Y no éramos los únicos por ese camino, nos topamos con varios que iban hacia nuestra misma dirección y con otros que venían en sentido contrario y el chofer daba un frenazo, pegándose lo más posible hacia las paredes de tierra para que pudiese pasar el otro vehículo.

En una hora aproximadamente arribamos a Santa Teresa. El procedimiento para cambiar de transporte fue exactamente el mismo; llegamos a una plaza y enseguida vimos un montón de taxis esperando pasajeros que transportar hacia la Hidroeléctrica.

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La Hidroeléctrica

La Hidroeléctrica, nuestra última parada sobre ruedas, como lo dice su nombre, no es un pueblo, es un punto de referencia desde donde empiezan a caminar los viajeros que deciden tomar ésta ruta. El camino desde Santa Teresa hasta la Hidroeléctrica es igual o peor que el anterior: más estrecho y con un precipicio considerable. Seguimos bordeando la montaña por una hora, cruzamos un puente y luego vimos varios coches aparcados, las vías del tren a nuestro lado y un montón de puestos de comida. Tal y como nos dijo Reynaldo, había más viajeros llegando y preparándose para la caminata de 2 horas y media, desde allí hasta el pueblo de Aguascalientes, nuestro destino final.

Empezamos a prepararnos también, quitándonos casi todas las capas de ropa que llevábamos porque cuando salimos del hostal en Cusco aún era de noche y hacía mucho frío. En ese momento ya eran las 2 de la tarde así que, rápidamente, empezamos a caminar junto con la chica francesa, que estaba sola, y también iba a visitar Machu Picchu al día siguiente.

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El camino es muy fácil porque solo hay que seguir las vías del tren y literalmente las tienes al lado todo el tiempo. Casi todo el recorrido es plano, excepto al principio que hay una parte en la que se debe subir/escalar unas cuantas piedras para acortar el camino, y al final, llegando a Aguascalientes también hay algunas subidas leves. El paisaje es muy, muy verde; totalmente diferente a los entornos que nos han rodeado hasta el momento en este viaje. Nos detuvimos varias veces para tomar fotos, beber un poco de agua y una vez para comernos un plátano que llevábamos en la mochila. Efectivamente hacía mucho calor y había tramos en los que era casi imposible ocultarnos del sol; por suerte llevábamos la ropa adecuada y mucho bloqueador solar.

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En Aguascalientes

Aproximadamente en tres horas llegamos a Aguascalientes, el famoso pueblo de Machu Picchu. Aguascalientes está completamente lleno de hostales, puestos de artesanías y restaurantes. Vimos unos cuantos lugareños, pero la mayor parte de las personas a nuestro alrededor eran turistas. El pueblo es bastante pintoresco y alegre, rodeado de montañas y atravesado por el Río Urubamba. Al estar en medio de las montañas, casi todas las calles son cuestas bastante empinadas. Nuestro hostal estaba situado en lo más alto de una de ellas y con todo el cansancio que nos cayó al llegar, tuvimos que subir, y subir, y subir hasta que por fin encontramos nuestro albergue.

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Durante la caminata, unos chicos españoles, que iban de regreso hacia la Hidroeléctrica, escucharon nuestra conversación sobre cómo llegar al recinto de Machu Picchu y nos recomendaron tomar el bus. Una vez en Aguascalientes, tienes dos opciones para llegar a las ruinas: subiendo la montaña a pie (no tiene ningún costo y demora un poco más de una hora) o en el bus (cuesta $3.50 por tramo). Los españoles nos contaron que valía la pena pagar el bus ya que la subida es bastante dura y llegas a las ruinas con poca energía para recorrer todo el lugar.

Decidimos seguir sus consejos y esa noche fuimos a comprar el boleto y además nos enteramos que debíamos estar en la fila, para tomar el famoso bus, desde las 4:00 de la mañana, ya que, nuestra entrada para subir a la montaña era en el primer turno, de 7:00 a.m. a 8:00 a.m. El chico de la recepción del hostal nos explicó que a las 6:00 de la mañana la fila del bus puede llegar hasta cinco cuadras más lejos desde el inicio y la cantidad de buses que operan son limitados.

 La visita a Machu Picchu

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Al día siguiente, nos despertamos de madrugada y salimos del hostal a las 4:00 a.m. En cinco minutos llegamos a la fila y efectivamente ya había por lo menos unas 300 personas. Nos quedamos sumamente sorprendidos, pero allí estábamos y seguía llegando la gente. El primer bus sale a las 6:00 de la mañana, luego de que abren el acceso que les comentamos anteriormente. Considerando que, nosotros estábamos varios buses atrás, esperamos dos horas y media y salimos pasadas las 6:30. El bus demora media hora en llegar hasta la entrada de Machu Picchu donde nuevamente hicimos la fila para, finalmente, poder acceder al recinto.

Una vez entramos, subimos algunas escaleras y enseguida quedamos maravillados con la belleza de este lugar. El cielo estaba totalmente despejado y no pudimos evitar quedarnos unos segundos paralizados, simplemente observando el paisaje. Hicimos algunas fotos y luego seguimos las señales hacia la entrada de la montaña.

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Al comprar el boleto para visitar Machu Picchu, hay distintas opciones según qué parte del recinto se quiere visitar. Nosotros compramos el que estuviese disponible más rápido que era el boleto básico más la visita a Machu Picchu “montaña”. En la INFORMACION PRACTICA también les explicamos las distintas opciones y nuestra recomendación, ya que, para nosotros, al principio fue confuso entender qué significaba cada una.

En la entrada de la montaña volvimos a enseñar nuestro tiquete y firmamos un libro donde se apuntan todos los que suben; estábamos entre los primeros 50 del día. Comenzamos a subir y al principio, como siempre, me estaba costando bastante porque es una subida fatigante y parece que nunca vas a llegar. No dejan de aparecer escaleras de piedra en el camino que están hechas de manera muy irregular en cuanto a su altura y tamaño.

Pasada media hora, me empecé a acostumbrar al ajetreó y la verdad es que las vistas que teníamos ayudaban muchísimo porque estábamos rodeados de un paisaje fascinante y podíamos observar la ciudad Inca en miniatura, contenida entre las montañas vestidas de varias tonalidades de verde. Eso sí, cada vez teníamos que tener más cuidado al subir ya que el camino se hacía estrecho y pasábamos por trayectos dónde teníamos un gran precipicio al costado; un paso en falso y caes al abismo.

Cerca de nosotros estaba una pareja de argentinos que subía con un guía. El guía también conversó con nosotros y en algunas paradas decía: “Ya solo falta media hora.” Pasaba media hora y aún no llegábamos. Una hora más tarde, la “media hora” se redujo a 15 minutos, sin embargo, igualmente pasaban los 15 minutos y nada.

El trayecto hasta la cima y bajar dura tres horas y media (dos horas y media de subida y una hora de regreso, aproximadamente) y se llega a una altura de 3,084 msnm. Pasadas las dos horas, empezamos a ver a unos cuantos que iban de bajada, lo cual nos indicó que ya estábamos cerca. Al preguntarles, nos dijeron que, efectivamente, en menos de 10 minutos estaríamos en lo más alto de la montaña.

Esto nos animó y aunque estábamos cansados, seguimos decididos a llegar a la cima, no obstante, nos sorprendió un obstáculo imprevisto: el pedazo más estrecho de todo el trayecto, al lado del precipicio más pronunciado. En ésta zona hay una roca muy grande que sobresale, cubriendo más de la mitad del camino normal y hay que pasar por allí con el cuerpo de lado y totalmente pegado a la roca. Cuando vi a lo que nos enfrentaríamos simplemente pensé: “La mirada para arriba, concéntrate en la roca, no pienses en el precipicio”. De todas maneras, sentí mucho vértigo, pero respiré, me sujeté a la roca lo más fuerte que pude y pasé lo más rápido posible.

Otros viajeros fueron pasando y Quico, que venía justo atrás mío, no aparecía. Cómo la roca es tan grande, no se puede ver el camino que se ha dejado atrás y yo no entendía por qué estaba tardando tanto. Me acerqué un poco y empecé a llamarlo sin obtener respuesta. Dejé avanzar a otros viajeros que venían subiendo y volví, intentando no pensar en el precipicio, para ver qué había pasado. Al llegar al otro lado, vi a Quico recostado a unas piedras anteriores, dejando a todo el mundo adelantarse porque no se decidía a pasar por ese tramo. Le dije que era bastante rápido y que no mirara para abajo pero el problema no era la subida si no la bajada, ya que al bajar es casi imposible no mirar el precipicio.

Intenté convencerlo porque ya estábamos muy cerca de la cima, pero el vértigo le ganó. Él ya había decidido que hasta allí llegaba así que nos dispusimos a bajar. Estábamos muy contentos igual porque hasta ese punto tuvimos unas vistas espectaculares. Antes de empezar a bajar, nos detuvimos para observar el paisaje intentando absorber cada pedacito de ese momento, para no olvidarnos de lo que fue estar en este lugar único en el mundo.

Bajando nos encontramos con muchos que iban subiendo y todos nos preguntaban cuanto tiempo les faltaba para llegar. Al bajar, también pasamos por algunas partes en las que sentimos vértigo así que íbamos cuidando cada paso que dábamos y conversando para no pensar en una posible caída.

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Finalmente, llegamos donde todo comenzó y dejamos la montaña para ir a buscar un guía con quien recorrer todo el recinto, pero primero, nos sentamos bajo un árbol a descansar, contemplando nuestros alrededores y sentimos la magia que transmite el estar un sitio que tiene una historia tan importante y especial.

Hay una gran cantidad de guías autorizados en la entrada de Machu Picchu y puedes escoger uno, formando un grupo con otros viajeros o de manera privada. Nosotros fuimos con una familia de Perú y con dos amigos brasileños. El recorrido de la ciudad Inca es muy interesante y las explicaciones del guía realmente ayudan a ponerte en situación. Tomando esto en cuenta, vale la pena el costo adicional, porque el guía no está incluido en el boleto.

El guía nos explicó sobre la sociedad Inca y su rígida estructura para introducir las dos partes en las que se divide el complejo: la zona agrícola y la zona urbana. La zona agrícola está compuesta por las terrazas o andenes utilizados para el cultivo y que parecen unas grandes escaleras que bordean las montañas. Éstas terrazas son típicas del periodo Inca y las hemos visto en varios lugares donde se ha encontrado evidencia de la presencia Inca, como por ejemplo en El Cañón del Colca y en las afueras de Cusco. La zona urbana era la zona “residencial” que también está dividida en tres partes: el barrio para los sacerdotes y la nobleza, el barrio para el pueblo y la parte más importante que es la zona sagrada, donde se encuentra el famoso Templo del Sol.

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No existe nada escrito sobre Machu Picchu, por lo que aún se siguen estudiando y desvelando los misterios que encierra ésta gran ciudad. Sin embargo, por la estructura, tamaño y localización de ciertas edificaciones, se ha concluido que sí había una separación de clases. Además, el trabajo de arqueólogos, astrónomos e historiadores ha logrado determinar la conexión tan exacta que existe, entre la construcción y orientación de ciertos edificios, con fenómenos naturales y astronómicos. Un ejemplo claro está en las ventanas del Templo del Sol, que están construidas para que en el solsticio de invierno (en junio) el sol entre justamente por una de ellas y en el solsticio de verano (en diciembre) por otra. Nuestro guía incluso nos mostró fotografías de estos hechos.

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Paseamos por todas las zonas del complejo, hicimos muchas fotos y una hora después terminó la visita con el guía. Nos quedamos un ratito más por nuestra cuenta y luego regresamos a Aguascalientes, donde también dormimos esa noche para salir al día siguiente hacia Cusco.

Regresando a Cusco

El camino de regreso fue muy parecido al de ida. Salimos casi a las 9:00 de la mañana y emprendimos el camino hacia la Hidroeléctrica, bordeando las vías del tren. Antes de llegar allá, hicimos una parada que nos recomendó Reynaldo y que también les recomendamos, si tienen tiempo. Se trata de los Jardines de Mandor, donde hay una cascada preciosa. La entrada al jardín se encuentra a una hora caminando desde Aguascalientes y está muy bien señalizada. Hay que pagar y registrarse antes de ingresar.

Una vez ingresamos, seguimos el sendero con un mapa dibujado al cual le tomé foto para no perdernos y unos 20 minutos más tarde llegamos a la cascada. Había una familia francesa y los dos niños se estaban bañando, disfrutando de la cascada. Nosotros, después de admirar el paisaje, decidimos que también nos bañaríamos y empezamos a prepararnos. Quico bajo adelante, acercándose a la cascada con el bañador puesto, metió los pies en el agua y se le congelaron los dedos. El agua estaba tan congelada que no pudo pasar del tobillo y yo, más atrás, enseguida me retiré porque solo de pensarlo me moría de frío.

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Posterior a esa visita, seguimos unas dos horas hasta llegar a la Hidroeléctrica. Es más fácil regresar porque hay transporte directo desde allí a Cusco y justo cuando nosotros llegamos, caminando, había uno casi lleno esperando para completar exactamente dos puestos, así que nos montamos y nos fuimos. No fue totalmente directo porque en Santa María cambiamos de minibús, pero el cambio fue muy rápido y no esperamos a ningún pasajero adicional, a pesar que había puestos disponibles. Seis horas después llegamos a Cusco sanos, salvos y directo al hostal a contarle a Reynaldo el éxito de nuestra aventura.

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INFORMACION PRACTICA

Transporte Cusco-Aguascalientes/Aguascalientes-Cusco: Por nuestra cuenta – Costo del recorrido total: 85 soles/25 USD  – 8 horas ida y 8 horas vuelta.

Para hacer el recorrido hasta Aguascalientes tienes que seguir la ruta descrita a continuación:

  1. Ir a la Calle Las Tres Marías en Cusco, de donde salen los minibuses hacia Santa María.
  2. Trayecto 1: Cusco-Santa María. Costo: 30 soles/9 USD. Duración: 4 horas aprox.
  3. En Santa María cambiar de minibús a otro minibús o taxi hacia Santa Teresa.
  4. Trayecto 2: Santa María-Santa Teresa. Costo: 10 soles/3 USD. Duración: 1 hora aprox.
  5. En Santa Teresa cambiar de minibús a un taxi hacia la Hidroeléctrica.
  6. Trayecto 3: Santa Teresa-Hidroeléctrica. Costo: 5 soles/1.50 USD.  Duración: 1 hora aprox.
  7. En la Hidroeléctrica, al bajar del taxi, empezar a caminar siguiendo SIEMPRE las vías del tren hasta llegar al pueblo de Aguascalientes.
  8. Trayecto 4: Hidroeléctrica-Aguascalientes. Costo: Gratis. Duración: 2 horas y media.
  9. ¡Llegada a Aguascalientes!

Para regresar de Aguascalientes a Cusco:

  1. Caminar siguiendo las vías del tren hasta la Hidroeléctrica.
  2. Trayecto 1: Aguascalientes-Hidroeléctrica. Costo: Gratis. Duración: 2 horas y media.
  3. En la Hidroeléctrica tomar un minibús directo a Cusco.
  4. Trayecto 2: Hidroeléctrica-Cusco. Costo: 40 Soles/12 USD. Duración: 6 horas aprox.
  5. ¡Llegada a Cusco!

Hospedaje: Machu Picchu House – Precio por noche de una habitación doble con baño privado: 35 USD. 

Nuestra opinión: Machu Picchu House es super limpio, el personal muy amigable y diligente, el wifi funciona bien y hay agua caliente. Lo único negativo es la ubicación porque hay que subir la cuesta y es bastante empinada.

Boletos a Machu Picchu: Existen tres opciones a escoger dependiendo del área del complejo que se quiera visitar. Cada opción tiene una cantidad limitada de personas que pueden acceder por día y aquí les dejamos ésta información, explicándoles qué significa cada una:

  1. Machu Picchu (2500 personas/día): Este es el boleto básico y clásico, con el que podrás visitar el complejo total, recorriendo todas las ruinas de Machu Picchu.
  2. Machu Picchu + Montaña (800 personas/día): Además de las ruinas, con este boleto puedes acceder a subir la montaña “Machu Picchu”, que fue lo que nosotros hicimos. Si tienes miedo a las alturas y tus condiciones físicas no son buenas, no te recomendamos ésta opción, tomando en cuenta la altura de más de 3,000 msnm y el angosto camino que hemos descrito anteriormente. Las vistas son impresionantes ,pero con el boleto básico también podrás tener una vista excelente de todo el recinto. Para subir a la montaña hay dos horarios; te recomendamos escoger el horario más temprano, si decides subir, ya que, el sol no es tan fuerte y hay menos personas subiendo, con lo cual disfrutarás mucho mejor del paisaje.
  3. Machu Picchu + Wayna Picchu (400 personas/día): Wayna Picchu es la montaña que se ve en todas las fotos típicas de Machu Picchu justo atrás de las ruinas. El recorrido es más corto que el de montaña “Machu Picchu” y la altura es menor, sin embargo es mucho más empinado y difícil. Si tienes vértigo, no te recomendamos escoger ésta opción ya que, hay partes donde incluso tienes que agarrarte de una cuerda para no caer. Desde la cima se logra ver todo el complejo desde un punto de vista diferente al usual y, según hemos leído, vale la pena la subida. Para el Wayna Picchu solo hay un horario y debes comprar tu boleto con mucha anticipación, considerando que normalmente son los que se agotan más rápido.

Hay varias páginas Web donde comprar las entradas; nosotros te recomendamos la página oficial del gobierno: http://www.machupicchu.gob.pe.

Qué llevar a Machu Picchu: Te aconsejamos dejar las mochilas grandes reservadas en tu alojamiento en Cusco. La mayoría de los hoteles/hostales cuentan con este servicio y es lo más común y cómodo que puedes hacer, especialmente si decides llegar a Aguascalientes por tu cuenta.

Lo que no puedes dejar de llevar, es lo siguiente:

  • Agua y frutas. Todo en Aguascalientes es mucho más caro que en Cusco. Por ejemplo, una botella de agua de 1L en Cusco te cuesta 3 Soles y en Aguascalientes de 6 a 8 Soles.
  • Bloqueador solar. Incluso solo visitando las ruinas, el sol quema muchísimo.

Recomendaciones para el mal de altura: Aguascalientes y Machu Picchu están ubicados a una altura menor que Cusco. Lo más recomendable es quedarse por lo menos dos días en Cusco y tomar el primer día con calma para acostumbrarse a la altura. Si en Cusco te encuentras bien, estarás perfecto en Machu Picchu.

Si quieres saber más sobre el mal del altura, ve a la INFORMACION PRACTICA en nuestro post: “Arequipa, la ciudad de los volcanes”.

Fecha de nuestra visita: 13 al 15 de Agosto de 2016


Para más información sobre Machu Picchu o si tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

 Please feel free to reach out if you´re an english speaker as well. We haven´t translated our blog yet because we are writing on the go but we´ll be very happy to translate/help you with any information needed to plan your trip. 

Si quieres saber más sobre nosotros haz click AQUÍ.

Los colores de Cusco

Diez horas de bus después, desde Arequipa, llegamos nuevamente a una ciudad con el mismo nombre que el Departamento de Perú al que pertenece: Cusco.

Al llegar a Cusco, si no te has informado, creerás que están celebrando un Gay Parade, pues hay banderas con los colores del arco iris por todas partes. Nosotros encontramos una enorme junto a una bandera de Perú en el centro de la Plaza de Armas. Luego veíamos por todas partes banderines del arco iris de todos los tamaños. La realidad es, que ésta combinación de arco iris era muy común para los Incas, influenciados por los fenómenos naturales. Al ser Cusco la capital del Imperio Inca, adoptó ésta combinación como bandera de la ciudad. Investigamos un poco más sobre el tema porque nos llamó mucho la atención y descubrimos que la bandera de arco iris fue instaurada en los años 70 después de que una emisora local propusiera dicha bandera como el emblema de la ciudad. La propuesta fue aceptada sin saber que varios kilómetros al norte, en San Francisco, California, estaba naciendo el movimiento gay que adoptaría una bandera muy parecida.

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Cusco se encuentra a 3,400 msnm al sureste de Perú y es una ciudad con una población aproximada de 450,000 habitantes. Como todo visitante, nuestra idea era ir a Machu Picchu y sólo conseguimos entradas para 8 días después de nuestra llegada por lo que terminamos quedándonos una semana completa. El tiempo jugó a nuestro favor ya que, por lo menos, pudimos adaptarnos nuevamente al incremento de altura de más de 1000 metros con respecto Arequipa, o bueno, Gaby lo hizo. Según ella, a mí no me afectaba la altura, pero desde que llegamos a Cusco no volví a dormir más de tres horas al día y me daba mucha hambre a altas horas de la madrugada. Gaby, como siempre, se informó y leyó que el insomnio es otro de los síntomas del mal de altura; no decían nada del hambre, pero concluimos que, a mi manera, finalmente sí que me afectó y me pasaba las noches haciendo sudokus.

Como es habitual, habíamos reservado solo una noche en el hostal WalkOnInn y ésta vez con más motivo, porque nos habían recomendado encarecidamente el Hostal Andrea, el cual solo se puede contratar por e-mail y es necesario hacer un depósito para la reserva. El día que llegamos, planeábamos ir y hacer el depósito para continuar nuestra estadía en ese hostal, sin embargo, la altura nos jugó una mala pasada y después de almorzar quedamos rendidos toda la tarde. Volvimos a salir de noche y había un concierto en frente de La Catedral en la Plaza de Armas. Era el “Festival Claro” donde actuarían varios artistas de un programa televisivo y cerraría el famoso artista peruano Gianmarco. Gaby estaba muy emocionada por ello, pero nos retiramos antes de tiempo porque estábamos cansados y congelándonos y recién estaba empezando el show.

En Cusco durante el día el sol calienta y la temperatura en invierno es bastante agradable para caminar y perderse por sus estrechas callejuelas y plazas. No obstante, por la noche refresca bastante y la temperatura baja hasta 0 grados Celsius. Aquella noche en La Plaza de Armas íbamos abrigados hasta las narices, inclusive con unos guantes de alpaca que nos compramos en Arequipa.

Al día siguiente nos despertamos con más energía y enfilamos la Calle Amargura, que nos llevaba hasta la Cuesta de Santa Ana, justo a la altura del Hostal Andrea, dispuestos a pagar nuestro depósito y mudarnos de hostal. Al llegar, nos recibió Reynaldo con la noticia de que no tendrían disponibilidad hasta el día 10, es decir, en tres noches. Igualmente hicimos la reserva, pero tuvimos que buscar hospedaje para las noches restantes. Encaramos de nuevo la Amargura, una calle muy bien nombrada ya que es una empinada subida de escalones disparejos de piedras y, a la altura de Cusco, ya se imaginan que después de unos cuantos pasos Gaby estaba sin aire. Dimos algunas vueltas por ese mismo barrio y encontramos otro lugar donde quedarnos las noches que nos faltaban: el Inca Hostel.

Dejando atrás la búsqueda de hostales y mudanzas, nos dedicamos a pasear por Cusco, andando por las calles de ésta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983 debido a su riqueza histórica que aún se percibe en cada esquina. Frecuentamos un par de cafeterías, visitamos el mercado, museos y un día fuimos a visitar Pisaq y al Cristo Blanco.

Lugares de Interés

Plaza de Armas

Con su forma rectangular característica, una fuente en medio y con La Catedral en uno de los laterales, que los primeros días no pudimos contemplar por el escenario que estaba montado en frente, cumple los mismos parámetros que la gran mayoría de plazas del país. Sin embargo, está rodeada por las típicas colinas cusqueñas que no se pierdan detrás de los edificios. En el lateral contiguo esta la iglesia de la Compañía de Jesús y el resto lo completan unos edificios con arcadas donde se encuentran cafés, restaurantes, tiendas y bancos. Solo es transitable para los coches el lateral de la Iglesia y hay mucha actividad todo el día: los turistas admirando los edificios colindantes, los caza-turistas vendiendo tours y productos varios (se nos acercaron más de quince en 10 minutos que estuvimos sentados en uno de los bancos) y varios chicos uniformados de colegio, o mejor dicho, caza-pokemons, cada vez más frecuentes en Perú ya que ésta aplicación apenas llevaba una semana activa en el país.

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Desde la Plaza de Armas, subiendo por la calle Suecia y girando a la derecha en la calle Don Bosco, se puede llegar hasta  la Iglesia de San Cristóbal donde hay una buena vista de la ciudad. O caminar hasta la Plaza Kusipata donde hay una fuente iluminada por la noche que fue el camino que nosotros tomamos hasta llegar a la Plaza de San Francisco donde está la Iglesia de San Francisco de Asis. Allí encontramos varios puestecitos de comida y de productos textiles y había un montón de gente sentada en las escaleras de la Iglesia, observando una obra de teatro callejero.

Mercado de San Pedro

Saliendo de la Plaza de San Francisco por la calle Santa Clara , llegamos al Mercado de San Pedro junto a la Iglesia y a la estación de tren con ese mismo nombre.

El Mercado de San Pedro es el mercado principal de la ciudad y es bastante grande. Al igual que el mercado de Arequipa, se puede encontrar de todo: desde comida (frutas, verduras, carnes, granos, etc.) hasta remedios, ropa, artesanías y más. También tiene el típico pasillo de jugos y no nos podíamos ir sin tomarnos uno, después de comprar algunas frutas para mis episodios de hambre nocturna.

Museos

De los muchos museos que tiene la ciudad, decidimos visitar el museo de Arte Precolombino, por el que habíamos pasado enfrente varias veces. También entramos en el Museo Inca, ubicado en la misma ruta y muy recomendado.

El Museo de Arte Precolombino fue fundado en 1929 por el arqueólogo peruano Rafael Larco. Está situado en la Plaza de las Nazarenas, en el interior de la Casa Cabrera, una mansión que fue la sede del Convento de Santa Clara hasta que fue comprada por la familia Cabrera en el siglo XVII. En su interior encontramos diferentes salas con restos de culturas pre-incaicas como la Chimú y la Moche del norte del país.

El Museo Inca esta ubicado en el Palacio del Almirante, en la Cuesta del Almirante. Los orígenes de este edificio se remontan a finales del XVI y recibe este nombre ya que uno de los propietarios fue el Almirante Don Francisco Alderete Maldonado y así lo indica el escudo sobre la puerta del edificio. La exposición en el Museo Inca fue bastante más interesante ya que a parte de algunos restos de culturas pre-incaicas, había mucha más información, historia y artículos de los Incas y la época colonial.

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Monasterio de Santo Domingo o Qorikancha

El Qorikancha fue, en su día, el santuario más importante dedicado a Inti (Sol) para los Incas. Este templo está ubicado en la plazoleta de Santo Domingo ya que los colonizadores entre los siglos XVI y XVII construyeron encima, el Monasterio de Santo Domingo. Este monasterio se ha visto afectado en varias ocasiones por los terremotos que azotan la zona mientras que las partes de construcción Inca han quedado casi intactas.

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En su interior se puede apreciar como conviven las dos edificaciones, abajo las piedras grandes utilizadas por los Incas para construir y encima los bloques y el cemento del monasterio. Incluso hay partes en las que observamos las piedras Incas pintadas con dibujos de la época colonial, intentando ocultar dicha construcción.

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En nuestra visita, tuvimos la brillante idea de contratar una guía, quien fue la antítesis de Roy. Al principio parecía prometedora, haciendo una introducción de lo que íbamos a ver y poniéndonos en situación, pero luego todo cambió: acortó explicaciones, acelero el paso y nos despachó rápidamente para intentar captar otros turistas a quienes cobrarle el tour. Al final, nosotros anduvimos tranquilamente por el recinto, sin prisa y fijándonos en muchos otros detalles que la guía no nos había contado.

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Pisaq y Cristo Blanco

Como nos había recomendado Reynaldo, el amabilísimo dueño del Hostal Andrea, después de desayunar nos dirigimos a la calle Puputi, desde donde salen las combis hacia Pisaq. Una vez en la combi esperamos unos 10 minutos a que aparecieran las 2 personas que faltaban para ocupar todos los asientos del vehículo, pues siempre debe estar lleno el transporte para iniciar la marcha; si es necesario esperar dos horas o más, se espera.

Pisaq es un pueblo a 30 km de Cusco, conocido por sus yacimientos arqueológicos que se encuentran en la parte alta de la montaña y son de los mas importantes del Valle Sagrado de los Incas. Junto a Ollaytantambo y Machu Picchu, forma parte del circuito arqueológico del Cusco. En Pisaq la producción textil también es bastante reconocida. De hecho, el pueble entero era un mercadillo lleno de puestecitos que ofrecían todo tipo de prendas coloridas, hechas de Alpaca y sus variaciones.

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Regresando de Pisaq le dijimos al conductor de la combi que nos dejara donde está el Cristo Blanco, una escultura de un Cristo con los brazos abiertos de este a oeste, hecha de marmolina en 1945 y que nos recuerda al de Corcovado, ya que esta en lo alto de una colina, el cerro Pukamoqo.  Las vistas de la ciudad en este punto son espectaculares. Desde allí fuimos bajando por la ladera de la montaña, por un camino de piedra, hasta llegar a la plaza de la Iglesia de San Cristóbal dónde nos quedamos un rato sentados admirando el paisaje. Luego seguimos bajando mientras caía la noche hasta llegar a nuestro hostal.

Restaurantes/Cafes

Café Punchay

En la Calle Choquechaca encontramos este café que estaba muy recomendando en TripAdvisor y realmente tanto la comida como las bebidas son muy buenas. Pedimos unos emparedados de palta con queso nacional, deliciosos. Casi siempre íbamos para el desayuno y terminábamos quedándonos horas allí escribiendo, leyendo y conversando. Llegaba mucha gente a comer y escuchamos que la crema de zapallo es especialmente buena. Los martes por la noche pasan películas gratuitas, esa semana , por ejemplo, ponían “Inglorious Bastards”.

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Café JC

En la misma calle del Hostal Andrea, un poco más abajo, abrió hace un par de semanas el Café JC. Aquí también comimos delicioso e incluso Gaby se tomó tres veces la misma sopita de pollo porque estaba mal del estómago y hasta el sol de hoy dice que la sopita y el té de jengibre con limón que preparan aquí, fueron el remedio perfecto. Yo me comí una hamburguesa buenísima y al día siguiente unos nachos exquisitos. Las chicas que nos atendían eran muy amables y ya nos conocían; al final cuando llegábamos a este lugar ya nos sentíamos como en casa.

Pizzeria Tabuco

Una vez más Reynaldo nos aconsejó muy bien y nos mandó en la misma calle, unos metros más abajo del Café JC, a la Pizzería Tabuco. Otro local donde también repetimos el día que regresamos de Machu Picchu, Gaby estaba soñando con ésta pizza todo el camino. Es un lugar pequeño y  muy acogedor con un horno de leña donde calientan las pizzas preparadas al instante y enfrente tuyo. Definitivamente la mejor pizza que hemos comido en todo el viaje.

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Marcelo Batata y Limo

Celebramos el cumpleaños de Gaby mientras estuvimos en Cusco. Ese día decidimos desmelenarnos e ir a un par de lugares que salían de nuestro presupuesto normal. Marcelo Batata es un restaurante/bar en la calle Palacio justo detrás de La Catedral. Tiene una terraza desde donde se aprecia la basílica, gran parte de la ciudad, las montañas que la rodean y el Cristo Blanco en lo alto. Desde esa terraza nosotros vimos la puesta de sol con un par de Gintonics y Piscosours en la mano, arropados con unas mantas rojas que te ofrecen en el lugar, porque, como ya hemos mencionado, la noche llega helada en esta ciudad. Luego nos dirigimos al restaurante Limo que está ubicado en la plaza de armas, donde nos comimos unos sushis riquísimos y Gaby sopló su velita dándole la bienvenida a sus 27 años!

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INFORMACION PRACTICA

Transporte Arequipa-Cusco: Bus de la compañía OLTURSA – Precio del tiquete: 20 USD – 10 horas

Hay otras compañías que también ofrecen el transporte. Los tiquetes se pueden comprar en https://busportal.pe/ donde también encontraras información sobre las tarifas, rutas y horarios.

Hospedaje: Nos hospedamos en tres hostales diferentes que numeramos en orden de preferencia a continuación:

  1. Hostal Andrea: Precio por noche de una habitación doble con baño privado: 18 USD. Para más información, reviews y fotos de este hostal ir a: https://www.tripadvisor.cl/Hotel_Review-g294314-d1410593-Reviews-Hostel_Andrea-Cusco_Cusco_Region Para reservar puedes escribirle directamente a Reynaldo a: salemrey@hotmail.com.
  2. WalkOnInn Cusco: Precio por noche de una habitación doble con baño compartido: 20 USD con desayuno incluído.
  3. Inca Hostel: Precio por noche de una habitación doble con baño compartido: 16 USD.

Lo que no puedes dejar de visitar: Qorikancha, subir al Cristo Blanco, la Pizzería Tabuco y perderte por las callejuelas de Cusco.

Desde Cusco también se pueden visitar distintos sitios arequeológicos muy interesantes, y aunque nosotros no fuimos, nos recomendaron: OllantaytamboSacsayhuaman.

Y porsupuesto, Machu Picchu, lugar al que le dedicamos un post completo que estaremos subiendo pronto al blog.

Recomendaciones para el mal de altura: Ver la información práctica en nuestro post: “Arequipa, la ciudad de los volcanes”.

Fecha de nuestra visita: Del 6 al 16 de Agosto de 2016.


Para más información sobre Cusco o si tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

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El Cañón del Colca – Nuestras recomendaciones

Ya que nuestro post del Cañón del Colca fue muy largo y tenemos varias recomendaciones, para quienes piensan visitar este hermoso lugar, decidimos dedicar este post completo, para compartirles todos los detalles que deben tomar en cuenta antes de visitar el cañón.

Las opciones de visita

Como mencionamos en nuestro post anterior, las cuatro formas de visitar el cañón son: con un tour de un día, dos días de trekking, tres días de trekking o por cuenta propia. En cualquiera de las opciones se tiene que pagar una entrada de xx al acceder a Chivay. A continuación, les resumiremos lo que sabemos de cada una de ellas y a quienes se las recomendamos:

  • Tour de un día: Si te gustan las comodidades, tienes un tiempo limitado de viaje y/o no quieres caminar tanto, ésta es la opción perfecta para ti. El tour de un día también sale de Arequipa a las 3 de la mañana, comúnmente, y se hace el recorrido por la parte superior del cañón en un minibús, la mayor parte del tiempo. Hay caminatas, pero muy cortas en algunos pueblos en donde para el minibús. En este tour normalmente se visita La Cruz del Cóndor, el Mirador de los Volcánes y otros miradores a lo largo del cañón donde se pueden apreciar las vistas espectaculares que éste lugar ofrece.
  • Trekking de tres días: Si tienes más tiempo planificado para visitar el cañón, te gustan los retos y tienes por lo menos unas condiciones físicas mínimas, te recomendamos el trekking de tres días, el que nosotros hemos hecho. Este trekking consiste en recorrer 21 kilómetros del Cañón del Colca en etapas de 3 a 4 horas cada día. El primer día se recorren 8 kilómetros en descenso (4 horas aprox.), el segundo día 7 kilómetros en un terreno mixto (4 horas aprox.) y los últimos 6 kilómetros el tercer día en ascenso permanente (3 horas aprox.). Vale la pena por los paisajes que tendrás para admirar, aunque la dificultad, si eres una persona que no hace mucho ejercicio como yo, es muy alta. Además, lo mejor de ésta opción es que tienes tiempo para disfrutar de la experiencia en las profundidades del cañón, en San Juan de Chucho, el pueblo donde se duerme el primer día y luego en el Oasis Sangalle, donde se duerme el segundo día.
  • Trekking de dos días: Si no tienes mucho tiempo, pero tus condiciones físicas son muy buenas, ésta es la opción indicada. Nosotros pensábamos que, al ser menos tiempo, sería una opción más fácil, sin embargo, nos dimos cuenta que no. En el trekking de dos días el recorrido es exactamente el mismo que en el de tres días, en menos tiempo. El primer día en vez de recorrer 8 kilómetros, se recorren 15 kilómetros (alrededor de 8 horas) hasta llegar al Oasis Sangalle para dormir allí y salir en la madrugada a terminar los últimos 6 kilómetros subiendo el cañón. Igualmente, las vistas son impresionantes, aunque no se tiene mucho tiempo para estar en el cañón.
  • Por cuenta propia: Si tienes tiempo, un gran espíritu aventurero y/o quieres disfrutar del oasis y los paisajes sin limitaciones ni horarios, puedes hacer esta ruta por tu cuenta. Para hacerlo debes llegar en un minibús a Chivay, a La Cruz del Condor y a Cabanaconde, donde empieza el recorrido. En el camino nosotros nos encontramos con varios viajeros que descendían por su cuenta hasta llegar a San Juan de Chucho o al Oasis.

Qué debes llevar

Además de los esenciales para pasar una o dos noches en el cañón, te recomendamos llevar tanto ropa ligera, ya que durante el recorrido tendrás mucho calor, como ropa de abrigo para la noche, y lo siguiente:

  • Hojas de coca o caramelos: de Arequipa a Chivay se visita el mirador de los volcanes que está a 4,910 msnm y puede causar mal de altura. Además, como les explicamos en el post anterior, al ascender el cañón también puede ser necesario masticar hojas de coca ya que se pasa a una altura de 2,160 msnm a 3,380 msnm en tres horas.
  • Agua: Para hacer el trekking se recomienda tomar 1 litro y medio de agua al día. Yo me tomé dos. Se puede conseguir agua en los pueblos dentro del cañón y por el camino, pero será por lo menos dos veces más cara, por lo que recomendamos llevar la mayor cantidad de agua posible. Otra opción es llevar pastillas desinfectantes de agua y rellenar las botellas y/o termo.
  • Alimentos: Debes llevar plátano, barras energéticas o el alimento que consideres necesario para inyectarle un poco de energía al cuerpo durante el recorrido. Al igual que con el agua, se pueden conseguir este tipo de alimentos allá, pero serán más caros.
  • Crema solar y un gorro: Indispensable para protegerse de los rayos solares.
  • Bañador: Para la piscina en el oasis y/o para los baños termales.
  • Papel higiénico: No había en ninguno de los dos lugares donde nos alojamos. Por suerte siempre tenemos un rollo a mano.
  • Toalla
  • Trekking poles: Si tienes unos, serán de mucha ayuda.
  • No es necesario llevar tu saco de dormir
  • Lleva sólo lo que consideres estrictamente útil ya que la mínima cosa adicional ocasionará un peso innecesario en tu mochila.

Agencia

Al final de nuestro trekking, descubrimos que la agencia o compañía con la que trabaja Roy, quien fue nuestro maravilloso guía, se llama Peruschweiz Explorer y la recomendamos totalmente.

El costo total del trekking fue de 150 soles por persona (45 USD aprox) e incluía todas las actividades que mencionamos en nuestro post: “Tres días y muchas emociones en el Cañón del Colca”, el guía, el alojamiento (2 noches) y todas las comidas excepto el almuerzo del tercer día.

El alojamiento fue perfecto ambas noches, la primera en San Juan de Chucho y la segunda en el Oasis Sangalle, cómodo, con baños y duchas disponibles, limpio y con muchas mantas para cubrirnos del frío que ataca por las noches en el cañón.

Las comidas eran bastante contundentes, incluso el desayuno, y en el resto siempre un plato de sopa y un segundo plato de comida, que a mi me costaba terminarme. Después de la comida siempre un té, maté o café. En nuestro grupo había una chica vegetariana y se adaptaron muy bien a sus preferencias, preparándole, en cada comida, un plato especial.

Y como hemos expresado en varias ocasiones, nuestro guía, Roy, fue GENIAL.

En varios blogs leí que muchos viajeros se quejaban de éstos tres aspectos y creemos que todos son cruciales para que tú experiencia sea positiva. Por esto sentimos que podemos recomendar 100% la agencia Peruschweiz Explorer.

Hay que tomar en cuenta que no es fácil contactarlos de antemano, ni por teléfono ni por Internet. Lo más recomendable es llegar a Arequipa y preguntar por ésta agencia para reservar personalmente el paseo. Investigando un poco con el resto del grupo nos dimos cuenta que todo el mundo lo hace de ésta manera.

Otras recomendaciones

Te aconsejamos quedarte dos o tres días en Arequipa antes de aventurarte al Cañón, si te afecta la altura, y así darle tiempo a tu cuerpo de ajustarse a los bajos niveles de oxígeno.

Existe la opción de subir el Cañón en mula, lo cual se debe pagar aparte y solo en efectivo una vez estás abajo, en el oasis o en alguno de los pueblos del cañón. Tiene un costo de 60 soles (18 USD) y si quieres saber más de la experiencia subiendo en mula te invito a que leas nuestro post: “Tres días y muchas emociones en el Cañón del Colca”

Si necesitas más información o tienes alguna duda, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com, y con gusto te ayudaremos en lo que podamos.

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El Cañón del Colca – Tres días y muchas emociones

El Departamento de Arequipa tiene un atractivo especial para la gente que lo visita. Desde el nevado Mismi, aquí nace el río más caudaloso del mundo: el Río Amazonas. Además, se pueden encontrar dos de los cañones más profundos en la Tierra: el Cañón de Cotahuasi, con una profundidad de más de 4,000 metros, y el Cañón del Colca, con una profundidad de 3,900 metros aproximadamente. El Cotahuasi no es muy frecuentado ya que está alejado de la ciudad de Arequipa (de 11 a 12 horas de viaje en bus) y la vía para acceder no está en buenas condiciones. Por esta razón, la gran mayoría de personas que se acercan a Arequipa optan por visitar el Cañón del Colca, con un tour de un día o haciendo un trekking que pueda ser de dos o de tres días. También hay la posibilidad de hacerlo libremente y quedarse más tiempo.

El trekking por el Cañón del Colca es bastante especial ya que, a diferencia de la gran mayoría de trekkings, se empieza con un descenso y se termina ascendiendo el último día. Sabíamos que sería duro porque ya habíamos decidido que sí haríamos el trekking, lo que no sabíamos es que nos enfrentaríamos al reto más grande desde que llegamos a Perú. Y así, partimos un martes a las 3:00 de la mañana hacia el cañón.

Decidimos hacer el trekking de tres días para tener más tiempo para disfrutar de los paisajes y de la experiencia en el cañón. Nos tomamos el riesgo de contratarlo directamente en el hostal sin tener ningún tipo de referencia de la compañía con la que ellos trabajan. Es más, ni siquiera sabíamos el nombre hasta unas cuantas horas antes de partir. Yo estaba muy nerviosa la noche anterior y para sumar a mis nervios leía en foros de viajeros que la dificultad del trekking era alta, especialmente la subida del último día.

Mis expectativas del paseo, de los lugares donde nos alojaríamos en el medio de la nada dentro del cañón y de mi misma (de poder lograr tan siquiera sobrevivir el primer día), estaban por el suelo. Quico estaba totalmente tranquilo y relajado, además de ser su personalidad natural, también porque él ya es un experto, aunque siempre me diga que no y ni siquiera haya estado muy convencido de que yo plasmase aquí ésta afirmación.

Trekking – Día 1

Casi no pude dormir esa noche y nos despertamos justo a tiempo solo para tomar nuestras mochilas, ya preparadas, y marchar. Nos recogió un minibús con una guía llamada Rosa. Fuimos a recoger a más personas y nos encaminamos hacia Chivay, el primer pueblo del cañón, localizado a unas tres horas de Arequipa. El conductor, como ya es típico por aquí, manejaba como loco y tampoco pude cerrar los ojos durante ese recorrido. Quico, por supuesto, quedó roncando apenas entramos en la carretera. Al llegar a Chivay fuimos directamente a desayunar, un poco confundidos porque estábamos con un grupo que haría el tour de un día. Rosa nos dijo que después del desayuno cambiaríamos de bus y así fue. Nos montamos en el otro bus, pero allí tampoco estaban los del trekking de tres días. Encima la nueva guía era una señora que no dejo de hablar desde que salimos de Chivay hasta llegar a La Cruz del Cóndor que está a una hora.

La Cruz del Cóndor es un mirador muy famoso localizado en El Colca dónde se puede apreciar la belleza natural del cañón y el especial vuelo de los cóndores, el ave típica de la región. Estuvimos allí 45 minutos y fue espectacular. Vimos más de diez cóndores planeando frente a nosotros e incluso algunos que se acercaban bastante. Luego de apreciar este espectáculo de la naturaleza volvimos al minibús y finalmente nos dejó en el punto de partida de nuestro trekking.

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Apenas llegamos conocimos al mejor guía que jamás pudimos haber pedido: ¡el increíble Roy! Y mis expectativas iban mejorando. Roy estuvo con nosotros durante los tres días, siempre preocupado y pendiente del bienestar del grupo. Desde que llegamos empezó a darnos recomendaciones de qué ponernos, cuánta agua llevar y nos dio la información necesaria para enfrentarnos a lo que estaba por venir. Nos tuvimos que quitar varias piezas de ropa ya que en ese momento teníamos frío, pero Roy nos advirtió que, al estar descendiendo por el cañón, bajo el sol, la temperatura se eleva y el calor se siente más intenso entre sus enormes paredes.

Una vez preparados, nos pusimos en marcha hacia el cañón. Éramos un grupo de doce personas: seis amigas francesas, una pareja de Guadalupe, una chica francesa viajando sola, nosotros dos y Roy. El primer kilómetro paso rápido, pero todos los demás bastante lento. Al principio, no nos cansamos mucho porque estábamos entretenidos observando el paisaje fascinante que nos rodeaba y conversando entre nosotros, con Roy y con el resto del grupo. Además, íbamos en bajada lo cual, para mí, es mucho más fácil.

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Teníamos por delante 8 kilómetros de descenso, alrededor de 4 horas, y el sol, efectivamente, se puso muy fuerte pasada la primera hora. A medida que avanzábamos sentíamos que con cada paso las piernas iban cediendo un poco más. Todavía no estábamos cansados, pero yo empecé a tener miedo de resbalarme y caer ya que la bajada se hacía más y más empinada en un terreno desnivelado. Descansamos 15 minutos en la primera sombra que encontramos sin sentarnos para no enfriarnos. Quico iba más rápido que todos y fuimos encabezando el grupo la mayor parte del tiempo.

Después del descanso, el descenso fue más difícil porque aparecieron “escaleras” de piedra en un camino muy estrecho donde teníamos las paredes del cañón de un lado y el precipicio del otro. El paisaje nunca dejo de ser espectacular y hubo varios momentos en los que nos detuvimos para hacer alguna foto o simplemente para tomar aire y dejarnos maravillar con las vistas extraordinarias que ofrece ésta zona. Esos momentos hacían que el esfuerzo valiera la pena.

Seguimos por las escaleras de piedra, ya llevábamos casi 3 horas de caminata y volvimos a descansar. Roy nos explicó que atravesaríamos el río sobre un puente al que llegaríamos en 45 minutos más, luego una pequeña subida y después el resto del camino sería fácil porque era en terreno plano. Yo ya me había tomado un litro de agua y no daba más. Las tiras de la mochila eran muy delgadas y me apretaban horriblemente en los hombros, el sol me quemaba demasiado a pesar de tener mi gorrita de Perú y en vez de disfrutar del paseo empecé a tener pensamientos negativos. Solo quería llegar, soltar la mochila y dejar de caminar. Me di cuenta que mis pensamientos no me estaban ayudando y empecé a concentrarme en mi respiración mientras seguíamos bajando.

Veíamos el puente y aunque cada vez lo veíamos más grande y más cerca parecía que no llegábamos nunca. Quico empezó a hablarme, a contarme sobre sus trekkings pasados y a pesar de que el sol quemaba más fuerte y ya me temblaban las piernas, la charla me ayudó muchísimo a distraerme. Finalmente logramos estar en la entrada del puente. Descansamos de nuevo, esta vez había unas piedras donde podíamos sentarnos, pero yo solo quería desplomarme en el suelo, literalmente. Roy me ofreció una banana que acepté, aunque no pude comérmela toda porque sentí que la iba a vomitar. Quico estaba cansado y le molestaban un poco los pies por el roce de las zapatillas, pero aún seguía con ánimos y energías de continuar. Me animó a mí y cruzamos el puente.

Este puente atraviesa el Río Colca, el río principal que forma parte del cañón y que consta de 129 kilómetros de recorrido. En medio del puente nos detuvimos para contemplar las gigantescas paredes que nos rodeaban y que ya eran casi todo lo que veíamos al alzar la mirada. Nunca habíamos estado en las profundidades de un cañón de ésta magnitud, las vistas eran impresionantes y éste sentimiento también nos motivaban a seguir.

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Inmediatamente al cruzar el puente estaba la subida, la peor parte de la jornada. Era una subida muy empinada y no parecía un camino porque eran rocas al natural que básicamente tuvimos que escalar. El tramo era relativamente corto y Roy me señaló un árbol como punto de referencia; allí era donde terminaba la escalada. Yo lo veía imposible y lejísimos.

Dejamos a todo el mundo pasar y avancé poco a poco, muy despacio. Quico estaba a mi lado o al frente para ayudarme a subir y no me dejo en ningún momento, a pesar de que le dije que siguiera adelante con el resto del grupo. Cuando se lo comenté, me respondió que no porque estábamos juntos en esto y así es. Después me di cuenta que esas eran exactamente las palabras que necesitaba escuchar, aunque parezca una tontería. Me faltaba el aire en varios momentos, tenía que detenerme, respirar profundo y seguir hasta que por fin llegamos al árbol y a la parte de arriba donde todos descansaban. Roy nos dejó descansar a nosotros también antes de retomar el camino. Pensé que no podría subir, pero lo logré y ese pequeño logro me mantuvo de pie el resto del viaje bajo un sol caliente y con las mochilas, que en ese momento parecía que les hubiésemos metido piedras de lo pesadas que se sentían.

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Seguimos aproximadamente una hora más hasta que llegamos a San Juan de Chucho, un pueblo del cañón donde dormimos la primera noche. Después de 4 horas, culminó nuestro primer día de trekking y en cuanto llegamos, todos nos tiramos en las sillas del comedor que se encontraba dentro de un ranchito. Roy nos contó algunas anécdotas pasadas como guía, de personas que se han desmayado en esa famosa subida. Por el camino también nos encontramos a varios que estaban mareados y habían tenido que parar por un tiempo mayor para descansar y poder avanzar.

Quedamos agotados pero muy felices de haber conseguido superar el primer día, aunque todavía nos quedaban dos por completar yo ni siquiera pensé que lograría uno. Nos duchamos y comimos y luego nos quedamos charlando con el resto del grupo, tirados en el césped deleitándonos con el ambiente, jugamos cartas y reposamos lo más que pudimos para iniciar con fuerzas la siguiente etapa.

Trekking – Día 2

Nos despertamos muy temprano para desayunar, ya preparados para afrontar el segundo día de trekking. La tarde anterior habíamos hecho algunos estiramientos en el césped para no tener tantas agujetas, pero yo igualmente me notaba un poco las pantorrillas y los muslos. Quico se despertó perfecto, sólo con una ampolla en el pie por las zapatillas. Roy nos explicó que el día de hoy, en las primeras horas, seguiríamos en terreno plano con algunas subidas y que en el último tramo del día haríamos el descenso final, que constaba de una bajada muy pronunciada hacia el Oasis Sangalle, situado en las profundidades del cañón.

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Al comenzar el recorrido estábamos todos muy animados porque tendríamos tiempo para disfrutar del oasis y bañarnos en una piscina envueltos en un paisaje fuera de este mundo. Tal como nos explicó Roy la primera etapa del día fue fácil; íbamos conversando y admirando la naturaleza. Roy de vez en cuando se detenía para mostrarnos y explicarnos el uso de las plantas que se encuentran en el cañón y cómo los lugareños las aprovechan.

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Había unas cuantas subidas, no tan duras como la del día anterior, pero igualmente me costaban muchísimo. De nuevo sentí que no lo iba a lograr y empecé a preguntarme ¿por qué estoy haciendo esto? Definitivamente el paisaje me asombraba, sin embargo, no lo estaba disfrutando al quedarme sin respiración, sintiendo, cada 10 pasos, que se me saldría el corazón.

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Descansamos nuevamente y afrontamos la bajada. Empezamos a ver un paisaje verde que resaltaba en medio de las paredes rojizas y marrones del cañón. Ese era el oasis donde llegaríamos en dos horas. La bajada fue más dura que la del día anterior porque era mucho más vertical y el terreno menos estable. Íbamos haciendo mucha fuerza con las piernas para no resbalarnos y, de todas maneras, como soy yo, me resbalé y caí de nalga encima de varias piedras. Fue una caída dolorosa, pero enseguida me puse de pie con la ayuda de Quico y continuamos hasta arribar a Sangalle.

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Este oasis es un lugar verdaderamente paradisíaco. A pesar del cansancio y de tener las piernas que ya no daban más, estábamos contentos de haber llegado. El baño en la piscina nos cayó perfecto y el sentimiento gratificante que nos invadía al estar allí, relajados, en un entorno tan especial, no se los puedo explicar.

Más tarde, Quico se puso a jugar fútbol con Roy, otros viajeros y con algunos lugareños. Yo me quedé con la boca abierta. No sé cómo tenían energía después de éstos dos días y me impresionó que las ganas de jugar que tenía Quico eran más grandes que el cansancio y las dos ampollas que llevaba en los pies. Encima estaba jugando sin zapatos y sólo puedo decirles que, después de varios pisotones durante el partido, sus pies terminaron destruidos.

Nos hubiese encantado quedarnos al menos una noche más en el oasis, no obstante, al día siguiente nos aguardaba la etapa más complicada del trekking: subir las empinadas paredes del cañón. Yo no me veía capaz de hacerlo de ninguna manera.  Mientras Quico estaba jugando, me quedé tendida en la habitación intentando descansar. No pude dormir ni apagar mis pensamientos, muy preocupada por la subida de 6 kilómetros que nos esperaba. Sentía que no podía afrontarla después de dos días de trekking y menos sin poder ir a mi ritmo, que es bastante más lento que el de los demás. Esto porque teníamos que subir en tres horas, o máximo tres horas y media, ya que debíamos tomar un minibús a una hora estipulada para regresar a Chivay y luego a Arequipa. Roy nos advirtió claramente que sería el día más duro ya que no había ni un solo tramo que no fuese en ascenso, pasando de una altura de 2,160 msnm a 3,380 msnm, es decir, más de 1,000 metros de diferencia en poco tiempo. El miedo me invadió hasta que regresó Quico del partido.

Trekking – Día 3

¡¡¡GAME OVER!!!

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Me encontraba sentada afuera de unos baños termales donde Quico estaba metido, con el resto del grupo, relajando los músculos luego de la gran subida. Yo no me quise meter así que saqué mi cuaderno y empecé a escribir lo vivido para poder relatarles estos tres días con nuestros sentimientos y pensamientos lo más frescos posible.

Ésta mañana, Quico salió al punto de encuentro 15 minutos antes de las 5:00 a.m., con los dedos de los pies vendados después de que, la noche anterior, Roy le aplicara el líquido de una planta medicinal, que decía era como Betadine, para aliviar sus heridas. Aún estaba oscuro así que todos iban con sus frontales y con algo de abrigo, que, en menos de 10 minutos de haber empezado a subir, ya se habían quitado. Roy les explicó que los primeros 15 minutos irían todos juntos hasta un punto dónde había dos caminos para no perderse.

Pasado este punto cada uno debía ir a su ritmo y fue entonces cuando Quico empezó a adelantar a los demás con sus típicos pasos largos. Estaba concentrado en avanzar lo más que pudiese, antes de que saliera el sol y empezará a calentar, lo cual para él complicaría el ascenso. Dos de las chicas francesas siguieron su paso y los tres, sin darse cuenta, formaron un pequeño equipo para animarse y así lograron la subida juntos, en menos del tiempo estipulado.

Yo también subí, en menos de tres horas, porque subí sobre una mula. Que suerte que existía ésta posibilidad que desconocíamos porque si no quizás aún estaría subiendo. Cuando Quico regresó de jugar fútbol llegó con Roy y él me dio ésta opción. Yo solo podía pensar: “¡Gracias, gracias, gracias!”

Ir sobre la mula fue una aventura llena de adrenalina; se movía excesivamente intentando alzar sus patas para subir el empinado y estrecho camino de piedras. Yo iba muy asustada de caer y sujetándome con todas mis fuerzas. Había varios tramos en los que teníamos un hondo precipicio a un lado y mi querida Chola (así se llamaba mi mula) pisaba justo en el borde del camino. Varias veces me vi abajo, tuve que cerrar los ojos, rezar e incluso en mi subconsciente le hablaba a Chola animándola y agradeciéndole por cargarme hasta arriba.

Después de un tiempo sobre Chola empecé a sentirme mal. No por no haber podido subir, ya que, haber superado los dos primeros días sin desmayarme era un gran logro para mí, sino por Chola y el resto de las mulas, ya que no éramos las únicas. Estábamos con un grupo de nueve personas sobre nueve mulas y el cuidador, quien iba caminando. Aparentemente es muy común, para los trabajadores y visitantes habituales del cañón, subir en mula, pero yo no pude evitar pensar que ¡pobres animales! Al final Chola ya estaba agotada y se notaba; se paraba y no quería avanzar y empecé a distinguir que su pelaje estaba mojado de sudor, al igual que el del resto de las mulas. En ese momento comencé a hablarle y a animarla nuevamente. Sí, me sentía aliviada de tener ésta opción porque de otra manera no sé cómo hubiese subido, pero me invadía también un sentimiento de culpa.

Íbamos por el mismo camino por donde todos suben, así que después de unos 30 minutos me topé con Roy. Estaba sentado comiéndose un plátano con otro guía y solo me gritó que me sujetara bien y que animara a cuatro de las chicas francesas que se estaban quedando atrás. En poco tiempo me las encontré, muy cansadas, ya habían avanzado bastante y pensé que si ellas estaban así yo todavía estaría en la entrada del oasis. Me fui topando con los demás poco a poco, excepto con Quico y las dos chicas que faltaban. “¡Increíble que estén tan adelantados!” pensaba. Quico encima iba con los pies hechos polvo, pero no dudó, ni por un segundo, que subiría con sus dos piernas fuese como fuese.

Mucho más adelante que el resto del grupo los encontré a los tres descansado y luego me di cuenta que estaban a punto de alcanzar el final porque en menos de media hora yo ya estaba en la cima. Me quede sentada en el borde esperando verlos llegar. Poco después que yo, los vi, los grabé y le grité a Quico para que me viera y se animara a dar los últimos pasos. Sigo impresionada y admirada y siempre lo estaré. ¡No se dé dónde saca tanta energía y me siento súper orgullosa de él!

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Quico no aguantaba los pies, pero estaba feliz y satisfecho por haber culminado el trekking a pesar de los obstáculos. Llegó, se sentó en el suelo y nos pusimos a comer unas mandarinas mientras nos contábamos lo que cada uno acababa de vivir. Un tiempo más tarde empezó a llegar el resto del grupo y todos disfrutamos del momento y de la alegría de haber terminado, de alguna manera u otra, estos tres días tan emocionantes.

Así emprendimos el camino hacia Cabanaconde para desayunar y agarrar el bus de regreso a Arequipa, parando primero en los baños termales y luego en el Mirador de los Andes que está a 4,910 msnm donde se pueden apreciar los volcanes de la zona. Al final, mis expectativas fueron totalmente superadas. Fue una experiencia única y muy enriquecedora porque en medio del caos de emociones que llevábamos dentro estaban esos pequeños momentos mágicos que juntos supimos apreciar.

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INFORMACION PRACTICA

Ve a nuestro post “El Cañón del Colca – Nuestras recomendaciones” donde podrás encontrar toda la información detallada.

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