Una semana de buses

Nos encontrábamos en Iquique, Chile en uno de los mejores hostales del viaje, el Backpackers Hostel. Nos pudimos haber quedado varias semanas allí, pero, lamentablemente, Chile es un destino muy caro y debíamos avanzar. La noche siguiente, viajaríamos a Calama para llegar por la mañana y tomar otro bus hacia San Pedro de Atacama, la última parada después de una semana con más buses que días.

Esa tarde nos relajamos en el hostal; nos preparamos una pasta deliciosa y la disfrutamos muchísimo ya que no habíamos comido un plato casero en meses. La acompañamos con un buen vino chileno. Quico estaba muy contento escribiendo el post de Cusco, al son de una canción de Ike y Tina Turner, mientras yo, saqué mi cuaderno, y empecé a escribir el ajetreado recorrido que habíamos realizado hasta el momento.

Nuestro plan era salir de Copacabana a La Paz y de allí movernos por Bolivia, descubriendo ese país desconocido que ha sorprendido a muchos viajeros por su belleza y autenticidad.  Más adelante, bajaríamos desde Uyuni hacia Chile y seguiríamos nuestro recorrido por el sur. La situación de los bloqueos en Bolivia se puso color de hormiga y cómo les explicamos en nuestro post anterior, tuvimos que cambiar nuestro plan y hacer una ruta diferente, después de nuestra visita al Lago Titicaca.

En la terminal de transporte terrestre de la Paz habían suspendido todas las salidas, con lo cual, solo podíamos movernos en avión. Nadie tenía certeza de cuándo se acabarían los bloqueos para poder transitar por las carreteras principales del país. En vista de lo anterior, decidimos hacer la ruta al revés: ir a Chile primero, esperando que todo se normalizara en Bolivia y posteriormente subir desde el Desierto de Atacama a Uyuni.

Pasamos varias horas viendo mapas, rutas, buses, leyendo noticias y otros blogs de viajeros y concluimos que, nuestra única opción para llegar a Chile, era pasando nuevamente por Perú, y de allí, cruzando la frontera hacia Arica, el primer pueblo de la costa chilena.

img_8999Con esto en mente, salimos de Copacabana el 27 de agosto rumbo a Puno. Volvimos a cruzar la frontera de Bolivia a Perú, ésta vez de noche, y 4 horas más tarde llegamos a la terminal. Esperamos una hora allí y embarcamos en el segundo bus del recorrido: de Puno a Arequipa. La mañana siguiente, llegamos a Arequipa y nos informaron que, para llegar a Chile, debíamos pasar por Tacna; desde allí salen los buses hacia la frontera.

El camino sería más largo de lo esperado y sabíamos que necesitaríamos dormir, en una cama, antes de llegar a la frontera. No queríamos quedarnos en Tacna, ya que los comentarios que habíamos leído, sobre este lugar, no eran muy positivos. Buscamos en la costa peruana y encontramos la ciudad costera de Ilo, cerca del camino. Samu, el compañero de piso de Quico , en Barcelona, ya le había hablado sobre ella y encima coincidimos con un bus que salía en poco tiempo, compramos el pasaje y nos fuimos rumbo a Ilo.

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Saliendo de Arequipa estuvimos rodeados de montañas con grandes campos verdes en sus faldas. Horas más tarde, pasamos a la carretera que bordea la costa y el paisaje se transformó, siendo cada vez más árido. Según National Geografic, la costa sur del Perú ya forma parte del Desierto de Atacama. Esto no nos sorprende, porque a medida que avanzábamos nos adentrábamos en el desierto. Cuatro horas después llegamos, agotados, a Ilo.

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Ilo es una ciudad poco turística al suroeste de Perú. Tiene un puerto y un malecón lleno de restaurantes y puestos de artesanías. Allí decidimos quedarnos una noche para descansar. Hasta el momento, de Copacabana a Ilo, habíamos recorrido 700 kilómetros, parando únicamente al cambiar de bus. En Ilo no teníamos nada reservado. Tuvimos que caminar con las mochilas rojas y el cansancio al hombro, hasta que conseguimos un hotel, por suerte, en pleno centro. Posteriormente, salimos a buscar algo para almorzar; nos comimos un ceviche y un arroz con mariscos, dos platillos que, difícilmente, fallan en Perú.

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La mañana siguiente, desayunamos en la terraza del hotel que tenía vista a la plaza y, para variar, había un desfile y fiesta de la ciudad. No entendimos bien de qué se trataba, pero disfrutamos de la música y de la banda que se paseaba por las calles. Al rato, decidimos ir hasta la parada de buses para averiguar los horarios hacia Tacna. Por suerte, llevábamos las mochilas rojas y todas nuestras cosas, ya que justo antes de cruzar la calle hacia la parada, vimos un bus saliendo, con el letrero al frente que ponía Tacna. De una vez nos subimos, con todo en mano, porque ya no había tiempo de poner las mochilas rojas en la bodega, como normalmente hacemos.  En 3 horas, arribamos a Tacna. De nuevo cambiamos de bus y finalmente nos dirigimos hacia Chile.

Apenas llegamos a la frontera, notamos una gran diferencia en comparación a la frontera Perú-Bolivia, donde nadie nos revisó nada. En Chile los controles son más estrictos y casi nos buscamos un problema por unas manzanas que, sin querer, no declaramos en aduana. Al bajarnos del bus, agarramos nuestras mochilas grandes y después de migración, las pasamos por las máquinas de escaneo. Ni nos acordamos de las manzanas que habíamos comprado en Perú.

Cuando mi mochila pasó, un carabinero (cómo le llaman a los policías en Chile), me la revisó y las encontró. Yo todavía no caía en cuenta de la falta  que había cometido, hasta que el carabinero me trajo la hoja de declaración y me dijo que debía volver a llenarla declarando que traía esas frutas. De lo contrario, estaríamos en graves problemas con la ley chilena. Obviamente obedecí sus órdenes, declaré las manzanas e igualmente ellos las decomisaron.

Más adelante, estando en territorio chileno, nos vimos en medio de una tormenta de arena, y el bus tuvo que detenerse varios minutos por la falta de visibilidad. Pasado ese tramo,  el paisaje que apareció en nuestra ventana era hermoso. La carretera pasa justo al lado del mar y yo estaba tan feliz de ver ese azul, como si nunca lo hubiese visto.

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En unas 3 horas llegamos a Arica y nos hospedamos en el Arica Surf House. Arica es una ciudad con una mezcla de mar y desierto, muy turística durante el verano, pero que atrae a surfers, de todas partes del mundo, en cualquier época del año. Salimos a caminar por el centro y llegamos a una plaza con una fuente, una vieja locomotora y edificios coloniales alrededor, entre los que estaban la vieja estación del ferrocarril que llegaba hasta La Paz.

En el horizonte veíamos la silueta del Morro de Arica, un cerro de unos 130 metros de altura, con el Cristo de la Concordia en la cima, el cual simboliza la paz entre Chile y Perú. En el hostal ofrecían varios tours arqueológicos por la zona, pero con el tiempo limitado que teníamos no pudimos hacer ninguno.

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Esa noche en Arica, mientras leíamos en las camas del dorm, las ventanas vibraron. Yo sentí que había temblado y otro chico, que estaba en la habitación, se levantó preguntándonos si habíamos notado el temblor. Quico creyó que era el viento, pero el chico dijo que en esa zona de la ciudad no suele soplar un viento tan fuerte. Yo, como siempre, busqué en internet enseguida y, efectivamente, fue un temblor de 4 grados a pocos kilómetros de la costa de Arica.

Por la tarde, al día siguiente, nos fuimos a la terminal, para coger nuestro bus hacia Iquique, desde donde escribía en mi cuaderno. Iquique está a 300 km de Arica y todo el paisaje que observamos, por la ventana del bus, era muy desértico.

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 Aunque llegamos reventados, porque Chile no está eximido de imprevistos, Iquique nos dio muy buena vibra desde que vimos la ciudad completa, por la ventana del bus, al ir bajando por una duna que hay que bordear para llegar. Resulta que están arreglando la carretera que conecta Arica con Iquique, y solo dejan pasar coches cada cierto tiempo. Nosotros esperamos hora y media dentro del bus, sin movernos. Y fuimos afortunados porque la espera podía ser de cinco minutos hasta dos horas, dependiendo del momento en el que el bus llegase al punto del cierre. Para rematar, cuando ya estábamos llegando a Iquique, se pinchó una llanta. El chofer y el copiloto tuvieron que bajarse a cambiarla, mientras nuevamente esperamos dentro del bus. Con todos los inconvenientes, el trayecto que normalmente dura 4 horas, para nosotros, fue de 8.

Hasta Iquique ya habíamos recorrido 1,190 kilómetros y para llegar hasta San Pedro de Atacama aún nos quedaban 490 kilómetros por recorrer. Al estar en Iquique, decidimos relajarnos un poco. Desde que entramos al hostal supimos que mínimo nos quedaríamos dos noches. Yo estaba agobiada y cansada de moverme tanto, necesitaba quedarme más de una noche en el mismo lugar y poder dormir tranquilamente, sin tener que despertarnos pensando en hacer la maleta rápido para subirnos en otro bus.

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El Backpackers Hostel está ubicado a una calle de la playa y en el tiempo que estuvimos allí aprovechamos para tirarnos en la arena escuchando el mar y mirando a los surfers en el horizonte. Realmente necesitábamos relajarnos e Iquique nos ofreció el ambiente ideal para hacerlo. Hay un paseo muy lindo que bordea la playa, por el cual caminamos hasta llegar a una especie de península, que separa la ciudad y conduce hacia otra playa. Igualmente, allí nos sentamos a contemplar el panorama de nubes, pelícanos y montañas de arena en el fondo.

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La ciudad de Iquique está ubicada entre el mar y la Cordillera de la Costa, rodeada de dunas altas de hasta 800 metros, que, desde la playa, se observan como paredones gigantescos de arena. Es un lugar perfecto para veranear, encantador, con un ambiente playero, relajado y divertido. Por esto y por su famosa Zona Franca, Iquique atrae muchos visitantes nacionales y es una parada muy común para los viajeros desde y hacia Perú.

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La ciudad está llena de letreros que dicen “Zona de Tsunami” y no nos sorprendió, siendo Chile un país sísmico. A mí me puso un poco nerviosa pero los chilenos ya lo tienen bien asumido. Además, hay unos edificios muy altos justo al borde del mar, como en Panamá, pero allí me sorprende que vivan, tranquilamente, sabiendo que, en cualquier momento, se sacude la tierra y tienen que salir corriendo antes de que el mar vuelva a reclamar su espacio.

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Luego de unos días muy agradables en Iquique, emprendimos el camino hasta San Pedro de Atacama. Primero, cogimos un bus nocturno de 5 horas hasta Calama (no hay conexión directa a San Pedro de Atacama) y llegamos a las 6:00 de la mañana a la terminal. Todavía no había salido el sol y  esperamos para abordar el siguiente bus. Dos horas más tarde, finalmente llegamos al famoso pueblo en medio del desierto.

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San Pedro de Atacama es un pueblo pequeño y bastante turístico, ya que se encuentra cerca de varios puntos de interés del Desierto de Atacama. La experiencia completa de Atacama se las contamos en nuestro  post: Explorando Atacama.

Y así, terminó nuestro recorrido de Copacabana hasta Atacama. Fueron 8 buses en 7 días, 1,680 kilómetros e incontables horas, considerando todos los imprevistos. Fue una semana difícil, pero al final del día, además de tenernos el uno al otro, conocimos, admiramos y disfrutamos de más rincones sorprendentes en esta región. Todo es parte de la aventura y, como siempre decimos, si tuviésemos que hacerlo todo de nuevo, lo haríamos indudablemente.


 

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Navegando el Titikhakha

El miércoles 17 de agosto, llegamos a lo que tenía que ser nuestra última parada en Perú: Puno. Puno está situada en el sudeste de Perú a orillas del Lago Titikhakha, o Titicaca en español, que se encuentra a una altura de 3,810 msnm y cuyas aguas pertenecen, una parte a Perú y la otra a Bolivia.

Según nos explicaron, el nombre del Lago Titicaca proviene del aimara, lengua utilizada por los nativos que viven en el Lago Titicaca conocidos como aimaras, y en las zonas andinas de los alrededores entre Perú, Bolivia, el norte de Chile y de Argentina. En aimara, “Titi” quiere decir gato o puma y “Khakha” quiere decir piedra; este nombre se debe a que, viendo el lago desde el aire, se puede apreciar la forma de un puma cazando una vizcacha (una especie de conejo), rodeado de montañas de piedra.

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Catedral de Puno, Perú

Puno es la parada obligatoria para todo aquel que desee visitar el lago navegable más alto del mundo, desde el lado peruano, y así explorar las sorprendentes islas flotantes de Los Uros, y las islas de Amantani y Taquile; todas en aguas peruanas. La ciudad en sí, no la encontramos muy interesante. Tiene una bonita Plaza de Armas como muchas otras que habíamos visto antes, pero no tan encantadora como la de Arequipa o Cusco.

Llegamos a la terminal de autobuses a las 5:00 de la mañana y pudimos haber caminado al hostal, ya que quedaba a unos 10 minutos a pie, pero decidimos que sería más seguro pagar los cinco soles de un taxi porque aún era de noche y no conocíamos la ciudad. Al hostal llegamos cinco minutos más tarde y obviamente la habitación no estaba lista; esperamos en la sala, espatarrados en el sofá durante unas cuatro horas. Una vez nos dieron la habitación, decidimos salir a comer y la chica de la recepción nos recomendó ir a La Choza de Oscar, un restaurante especialista en pollos a la brasa, donde hacen un espectáculo de bailes tradicionales. Al día siguiente volvimos a este lugar y solo vimos parte del espectáculo porque, al llegar, nos sentamos al fondo del local, con los lugareños, y desde allí apenas se aprecia una parte del escenario.

Por la tarde bajamos al malecón, donde hay un mercado de artesanías que son muy económicas, pero ya era tarde y la mayoría de los locales estaban cerrados. Nuestra prioridad, en ese momento, era informarnos sobre los tours a las islas del lago. Majo y Ale nos comentaron que ellos habían pernoctado en las isla de Amantani y en Taquile, y que ambas tienen su encanto. Los tours que ofrecen las agencias solo son de dos días y una noche, normalmente en Amantani, en casa de una familia lugareña. No obstante, si quieres pasar la noche en Taquile, te lo pueden conseguir. Esa tarde no tomamos ninguna decisión sobre las islas, pero sí reservamos una visita a Sillustani, para la tarde siguiente. También hicimos una caminata bordeando el lago, disfrutando de la luna llena, aquel atardecer.

Sitio Arqueológico de Sillustani

El autobús nos recogió por la Plaza de Armas para llevarnos al Sitio Arqueológico de Sillustani, donde se encuentran las ruinas de edificios funerarios Incas y Pre-Incas, ubicados junto a la Laguna Umayo, a unos 30 kilómetros de Puno. Al llegar, nos encontramos rodeados de colinas amarillentas y marrones, al borde de la laguna; sobre una de ellas se veía, desde lejos, una de las torres funerarias. A éstas torres se les llama chullpas y allí dentro los cadáveres eran enterrados en posición fetal con todas sus pertenencias; dependiendo de la clase social, incluso se sacrificaban los sirvientes, para ser enterrados junto al cadáver y así servirle en la próxima vida.

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También aprendimos sobre las diferencias arquitectónicas entre las torres funerarias Pre-Incas y las Incas. Las edificaciones Pre-Incas son toscas y se notan pedazos de piedra encajados a la fuerza, aunque no fuesen iguales; por otro lado, las construcciones Incas, se ven pulidas y todos los bloques de piedra encajan a la perfección. El tamaño de las puertas también es diferente, debido al avance de la civilización Inca. Ellos lograron disminuir el tamaño de las momias y por ende las puertas de sus torres funerarias son más pequeñas que las Pre-Incas. Las puertas en todas las tumbas siempre estaban ubicadas hacia el Este, para la salida del sol. En contrapunto, las torres funerarias Incas podían llegar hasta 12 metros y cuanto más importante era la familia, más grande era la estructura. Las torres Pre-Incas únicamente alcanzaban los 4 metros.

Después de recorrer todo el recinto, observamos éstas diferencias claramente y también había una torre “en construcción”, que aún conservaba una rampa y así vimos la manera en que ellos iban construyendo la tumba. Cuanto más aprendemos sobre estas civilizaciones, más nos sorprende el ingenio y capacidad para lograr construcciones complejas para la época.

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Al terminar nuestra visita, de regreso a Puno, nos detuvimos en una casa de una familia nativa. Tenían llamas y cuys, nos dieron una explicación de cómo viven y nos prepararon un pequeño aperitivo:  una masa frita a base de harina de quinua, diferentes tipos de papa, queso y una demostración de los diferentes tipos de granos.

El día siguiente, salimos muy temprano a visitar las islas del Lago Titicaca. Decidimos contratar la excursión en el hostal, ya que con ellos salía un poco más económico y pudimos arreglar para quedarnos la segunda noche en Taquile. Por la mañana, nos pasó a buscar un bus, que hacia ruta por los hostales y que nos acercó al puerto desde donde salió nuestro barco. Al llegar al puerto, nos dividieron en dos botes; en el nuestro, había un grupo de doce estudiantes franceses, una madre e hija italianas, una familia peruana y dos parejas, que también venían de nuestro hostal, una inglesa y la otra italiana, Francesco y Julia.

Las islas flotantes de Los Uros

La primera parada fue en las maravillosas islas flotantes de Los Uros; una visita interesante y sinigual.  Al atracar en una de las islas, uno de sus habitantes nos explicó cómo construyen las islas y cómo vive la comunidad en ellas. Resulta ser que él era el presidente y que, en cada isla (aunque solo viva una  o dos familias), hay un presidente. Las islas están hechas completamente de plantas de totora.

Primero hacen cubos con las raíces de la totora, luego los atan con palos de madera y los dejan así seis meses, de manera que las raíces se entrelazan naturalmente, obteniendo una plataforma flotante, suficiente como para construir unas tres o cuatro chozas, igualmente de totora.

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Sobre la superficie de la plataforma, colocan varias capas de totora, que tienen que ir reponiendo cada 15 días en época de lluvia y una vez al mes en época seca.  Al final, las anclan con las islas vecinas para no irse flotando por todo el lago.  La vida útil de una isla es de 20 años y demoran un año en construirla, así que, cada cierto tiempo tienen que ir buscando nuevamente, plantas de totora, para fabricarse un nuevo hogar.

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La totora, también es utilizada para construir el transporte: los famosos caballitos de totora, que también se pueden encontrar en Huanchaco, cerca de Trujillo. De éstos hay dos clases: unos pequeños y unos grandes. Los pequeños son usados por niños y jóvenes para ir hasta Puno a la escuela; nos dijeron que con estos se iban dos y volvían tres, porque al tener un espacio reducido, los chicos pueden intimar con más privacidad. Los otros, más grandes, son destinados a los turistas, para trasladarlos de una isla a otra y los llaman Mercedes-Benz.

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La totora también la usan como alimento y la pudimos probar; la verdad no sabe a nada, pero a la brasa y con romesco ganaría mucho. Otro punto curioso es el retrete y el agua que beben. Lo primero lo hacen de uno de los costados de la isla y el agua para el consumo la recogen del otro lado. Dicen que el agua de consumo no se ve afectada por los desechos expulsados ya que éstos siguen por la corriente, sin pasar por la zona de donde recogen agua para beber.

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Al finalizar las explicaciones, nos fuimos en el Mercedes-Benz hacia una de las islas principales de los Uros. El paseo fue encantador ya que el Presidente y su compañero nos llevaron remando todo el tiempo, con la hija de uno de ellos, que se quedó bromeando y jugando con nosotros hasta llegar a nuestro destino.

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Amantani

Unas horas más tarde, partimos hacia Amantani, la isla más grande del Lago Titicaca en la parte peruana, donde pasaríamos la noche. Llegamos al puerto y allí nos esperaban las “Mamas” como les llamaba nuestro guía, Juan Carlos. Nos dividimos en grupos, ya que no cabíamos todos en una misma casa; a nosotros nos tocó con la pareja inglesa y con Francesco y Julia, de Italia.  Nos asignaron a la “mama Rosa” que nos esperaba con su hijo Roy, para dirigirnos hacia su casa. Quedaban bastante lejos del puerto así que la caminata fue de unos 20 minutos aproximadamente e íbamos conversando y admirando el entorno, de casas, caminos estrechos, vegetación y agua, que nos rodeaba.

Llegamos a la casa de “Ama Rosa” como le decía Francesco, donde dejamos nuestras mochilas, comimos y partimos a encontrarnos nuevamente con Juan Carlos, para subir a la PachaMama. PachaMama significa Madre Tierra y es el nombre que recibe uno de los dos picos más altos de la isla , donde están las ruinas de un templo dedicado al sol. Al subir, tienes que dar tres vueltas alrededor de las ruinas, según dicen, para disfrutar de salud, dinero y amor; así lo hicimos. Subimos una hora hasta la cima y dimos las vueltas necesarias, aunque quizás yo debía dar una extra para la altura, porque seguía durmiendo solo tres horas al día y devorando frutas y galletas en la madrugada.

En lo alto de la PachaMama disfrutamos de la hermosa vista del lago y además vimos una puesta de sol espléndida.

Al caer la noche, el frío apretaba así que decidimos bajar y caminar hacia la casa con Francesco y Julia. Tuvimos que utilizar nuestros frontales para ubicarnos porque no hay luz en toda la isla. Una vez en casa, cenamos de nuevo, de manos de Ama Rosa y compartimos experiencias y risas con nuestros compañeros en ésta aventura. La casa era bastante acogedora, especialmente la cocina que siempre estaba calientita. Ama Rosa, es una mujer de pocas palabras, pero muchas sonrisas, con lo cual nos hizo sentir muy a gusto.

La mañana siguiente, nos encontramos en el puerto con Juan Carlos para seguir nuestro recorrido. Ama Rosa nos acompañó con su hijo pequeño, Neymar, un travieso diablillo de dos años, con el que nos reímos de sus fechorías y nos llamó la atención su nombre, inspirado en el famoso jugador brasileño. A pesar que, la electricidad es escasa y nosotros nos sentíamos bastante desconectados del mundo exterior, las celebridades no se escapan ni de los rincones más remotos del mundo. Nos reencontramos con Juan Carlos y nos fuimos rumbo a la Isla de Taquile.

Taquile

Para llegar a la Plaza y a la zona residencial de Taquile, tuvimos que ascender por un camino bastante empinado, unos treinta minutos. Subimos, entre parada y parada para que Gaby intentase agarrar oxígeno a casi 4,000 msnm. Una vez en la Plaza, tuvimos tiempo libre para recorrer el pueblo, antes de dirigirnos al restaurante donde almorzaríamos. Juan Carlos nos apalabró el hospedaje con la familia taquileña que nos hospedaría esa noche. Una hora más tarde, empezamos una caminata bordeando la isla, hasta llegar al puesto donde comimos.

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Al llegar al lugar, el cabeza de familia nos hizo una demostración de cómo fabrican jabón y champú casero, con una planta llamada chujo. Actualmente ya no lo utilizan como champú, pero sí para limpiar la lana de las ovejas que posteriormente utilizan para confeccionar chompas, bufandas, gorros, y otras piezas. Igualmente, nos explicaron el significado de algunos accesorios que utilizan los hombres y las mujeres de Taquile. El gorro de los hombres, por ejemplo, indica si el hombre está casado o soltero. El gorro para los casados es azul y rojo y el de los de solteros es de color blanco y rojo. A su vez, la inclinación del gorro de los solteros indica: para la derecha que tiene pareja, para la izquierda que busca pareja y para atrás, que no están interesados o tienen otras prioridades. De la última manera, también lo utilizan los niños que todavía no tienen edad para tener novia.

La pobación de Taquile es de 3,000 habitantes, aproximadamente, y la isla se divide en varias comunidades, cada una con su presidente. El presidente es fácil de identificar ya que también lleva un gorro especial, todo de colores y encima un sombrero negro. Los taquileños viven de la pesca, la agricultura (principalmente de la papa) y del turismo que ha ido en aumento durante los últimos años. Además, Taquile es reconocida por sus hermosos tejidos y artesanías; nos llamó la atención que los hombres son los principales tejedores, aprendiendo a tejer sus propios accesorios desde temprana edad.

Las mujeres utilizan una especie de poncho negro, con pompones de colores en las puntas. Estos pompones, según su tamaño, indican si la mujer está casada o soltera; las casadas utilizan pompones pequeños y las solteras llevan los pompones grandes, más llamativos. Por último, nos mostraron las fajas que fabrican las mujeres para sus maridos como regalo de bodas. En la isla no hay animales de carga, ni carretas, mucho menos vehículos, lo que significa que los hombres trasladan todo lo necesario sobre la espalda. Para disminuir el daño, utilizan las fajas amarradas a la cintura. Lo curioso es que las fajas son hechas de lana de oveja entretejida con el propio cabello de la mujer, lo que para ellos representa un gesto de su compromiso y amor.

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Terminando las explicaciones, nos sirvieron una sopa de quinua de primero, y de segundo podíamos escoger entre tortilla o trucha. Gaby escogió la primera opción, yo me decante por la segunda. Era una trucha asalmonada que le habían sacado casi todas las espinas y estaba muy buena. Luego de la comida, nos despedimos del grupo y volvimos a recorrer el mismo camino hasta la Plaza. En este caminito también aprovechamos las vistas del lago y pudimos ver, a lo lejos, las montañas de Bolivia que se perdían entre las nubes.

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En la plaza nos esperaba Luciano, nuestro anfitrión por esa noche. Fuimos hasta su casa y nos dio la llave de una pequeña casita auxiliar que tenía para estas ocasiones. Luciano fue muy amable y amigable desde el principio, preguntándonos “¿De dónde son?, ¿Y de dónde vienen?”, siempre con una sonrisa. Como aún faltaban horas para la cena, nos recomendó ir a la puerta del sol, un mirador donde podríamos ver el atardecer. Dicho y hecho, nos dirigimos hasta el punto indicado y nos deleitamos con un espectáculo de la naturaleza y con más tranquilidad que el día anterior, porque esta vez estábamos solos.

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Regresamos a la casa para cenar y ya nos esperaba Luciano, con su mujer y su hijo, un chico de 22 años, encantador, al igual que su padre. La madre se quedó casi todo el tiempo en la cocina; ella solamente hablaba quechua, ya que, al ser la hija mayor de una familia numerosa, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos desde muy joven sin poder ir a la escuela. Normalmente, en las familias taquileñas, se habla el quechua y los niños aprenden español en el colegio.

Compartimos la cena con Luciano y su hijo, en una mesa que estaba pegada a la ventana, justo detrás de la cama del hijo y a un costado de una puerta pequeña que llevaba a la cocina. Conversamos durante casi dos horas sobre las tradiciones y costumbres de la isla y sus planes en el futuro. Fue una velada muy especial y enriquecedora. Aunque no es  un recibimiento gratuito, la hospitalidad y amabilidad con la que te atienden éstas personas, abriéndote las puertas de casa y compartiendo su cultura, definitivamente marca una huella. Nos hubiese gustado compartir más tiempo con ellos, pero lamentablemente, al día siguiente, ya teníamos contratado el regreso a Puno.

Por la mañana, volvimos a compartir con Luciano, esta vez el desayuno y luego nos fuimos a la Plaza. Allí enviamos una postal hasta Barcelona, a nuestra querida iaia en la oficina de correos de la isla, que según los lugareños es la oficina de correos a más altura, en una isla, del mundo . Más tarde caminamos al restaurante a repetir el ritual del día anterior. Al acabar, nos fuimos con el grupo de regreso a Puno. Nos subimos en la parte superior y descubierta de la embarcación, junto a cuatro amigos de Terrassa (una ciudad cercana a Barcelona), un chico de Nueva York, dos chicas de México y una de Kerala, al sur de la India. Compartimos con ellos un montón de historias durante las tres horas navegando hacia Puno y quedamos para cenar esa noche.

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De regreso a Puno

En cuanto entramos al hostal, nos encontramos con Julia en el comedor; nos contó que Francesco había pasado la tarde anterior en la cama con fiebre y aún seguía delicado. En poco tiempo tenían un viaje de doce horas a Cusco y ella le estaba preparando una sopita. Nosotros nos fuimos a duchar y cambiar para la cena y cuando bajamos, Francesco ya estaba comiendo el ágape que Julia le había preparado. Estuvimos hablando un buen rato y nos despedimos de ésta encantadora pareja italiana que ojalá nos volvamos a topar en algún lugar del mundo.

Fuimos a cenar a un restaurante italiano con toda la tropa de catalanes, las mexicanas y el neoyorquino. Después de unas pizzas y un par de botellas de vino, nos fuimos a tomar una copa a un bar, donde nos sentamos alrededor de una mesa sobre unos cojines en el suelo. Solo pudimos tomarnos una copa, porque, entre charlas y dardos, se nos voló el tiempo y resulta que a las 11:00 de la noche cierran todos los locales en Puno.

De Puno a Copacabana – ¡Bienvenidos a Bolivia!

Nos despertamos por última vez en Perú, o eso creíamos. Alistamos nuestras maletas y nos dirigimos a la terminal terrestre para tomar un bus hacia Copacabana, un pueblo a orillas del Lago Titicaca en el lado boliviano.

Antes de llegar a la frontera, nos detuvimos a cambiar los pocos soles que teníamos, pues nos dijeron en el bus que tendríamos que pagar una tasa, de 4 bolivianos, para entrar a Copacabana. Para cruzar la frontera, nos bajamos del bus y pasamos por el punto de migración de Perú, donde nos quitaron la tarjeta migratoria y nos despedimos de este hermoso país. Luego caminamos y pasamos la frontera a pie hasta llegar a la oficina de migración y aduanas de Bolivia. Allí nos sellaron nuestro pasaporte y nos dieron la bienvenida a Bolivia.

El bus pasa únicamente con el chofer y luego de que todos los pasajeros estaban adentro, nos pusimos en marcha. Cual fue nuestra sorpresa, a los pocos metros de estar en tierras bolivianas, el bus se detuvo. Unos minutos después nos informaron que había un bloqueo y que tendríamos que caminar: “Si quieren llegar a Copacabana agarren sus maletas y vamos andando una hora, el que no quiera se puede quedar en el bus y regresar a Puno”.

Como el resto de los pasajeros, nos bajamos indignados, cargamos las mochilas y seguimos a pie por caminos secundarios. Nos quedamos rezagados del grupo porque, la noche anterior, Gaby se había doblado el tobillo en Puno y le dolía bastante. Avanzábamos muy lentos, junto a dos chicas argentinas que apenas podían con su equipaje. Al retomar la carretera principal, notamos que estaba llena de piedras. Había muchos lugareños sentados en el borde de la calle, pero nadie sabía quién las había puesto, ni por qué, y ninguno hacia el mínimo gesto de moverlas.

Seguimos por la carretera esperando encontrar alguna combi que nos llevara hasta nuestro destino, pero solo circulaban personas a pie, en ambas direcciones. Una hora y media después, encontramos más piedras bloqueando el paso y al otro lado unas combis esperando pasajeros. ¡Qué alivio! Gaby estaba a punto de llorar porque su pie ya no daba más y, antes de ver las combis, solo veíamos una montaña que hubiésemos tenido que subir y luego bajar; detrás de ella estaba el pueblo de Copacabana. Tomamos una de las combis y, curiosamente, el precio era 4 bolivianos cada uno.

Finalmente, llegamos sin más inconvenientes al Hostal Sonia que nos había recomendado la propietaria del Inca Rest, el hostal donde nos alojamos en Puno. Nos quedamos ahí dos noches y disfrutamos de este pueblo que nos sorprendió; con una enorme iglesia en la plaza principal, la calle más importante llena de restaurantes, cafés, tiendas de artesanías y agencias de turismo y el puerto donde había bares con terrazas muy playeras, Copacabana nos encantó.

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Adicionalmente, encontramos la mejor cafetería a la que hemos ido en todo el viaje, hasta ahora: El Condor and the Eagle. Es un local regentado por una pareja boliviano-irlandesa, muy agradables, con los que hablamos largo y tendido, y, entre otras cosas, nos aconsejaron qué hacer en este momento de bloqueos. Una peculiaridad del local, por lo que lo recomendamos especialmente a otros mochileros, es que dispone de varios cuadernos donde los viajeros anotan sus experiencias y recomendaciones. Tienen un cuaderno de Bolivia, uno del resto de América del Sur y otro del resto del mundo. ¡Una idea genial! Nos quedamos horas leyendo varios cuadernos, incluso de lugares a los que no pensamos ir, pero solo por curiosidad y, cómo no, también hicimos nuestro aporte a la causa.  Además, el desayuno es buenísimo y a Gaby le encantó que tenían un té de limón con jengibre delicioso, que le recordó a los que preparaban en el Café JC de Cusco, su favorito.

En Copacabana también nos sorprendieron los precios, ya que teóricamente, es mucho más económico que Perú, pero no este pueblo, que era más caro que la mayoría de sitios en el país vecino.

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Isla de Sol

Al tercer día, agarramos nuestras mochilas pequeñas y nos fuimos al puerto, decididos a explorar las islas del lago, en la parte boliviana. Buscamos un transporte que nos llevara a la isla más grande del lago, La Isla del Sol. Esta isla tiene dos puertos, uno en el norte y otro en el sur. Normalmente la gente llega a la parte norte de la isla y desde allá enfila un camino que conduce hasta el sur, desde donde se regresa a Copacabana. Algunos pasan la noche en el norte, otros en el sur. Ambas opciones son interesantes. Nosotros nos quedamos en el norte y solo hicimos un tramo del camino ya que Gaby no estaba del todo recuperada de su tobillo.

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El primer día lo compartimos con Gemma, una chica de Barcelona, con Marcos, un chico argentino y con otra chica argentina. Nos tumbamos en la “playa” que estaba frente a nuestro hostal. Estábamos en una pequeña bahía y yo me adentré con Marcos bastantes metros; el agua del Titicaca no nos pasaba de la rodilla. Cuando empezó a oscurecer, en el agua quedaba un bote con dos niñas dentro que parecía habían encallado. Yo me dirigí a ayudarlas y finalmente conseguimos liberar la embarcación. Sorprendentemente, a pesar de la altura y la temporada de invierno, el agua no estaba demasiado fría.

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Nos llamó mucho la atención que había varios animales paseando libremente por la “playa”. Burros, ovejas, vacas, perros y hasta cerdos! Algunos se nos acercaban bastante y un perrito muy simpático buscó refugió a nuestra vera y nos acompañó hasta que nos fuimos.

La mañana siguiente, recorrimos el camino mencionado, que nos transmitió cierta melancolía, ya que algunos tramos nos recordaban a la Costa Brava, salvando las distancias, y la nostalgia de estar tantos meses alejado de esos lares. Fuimos hasta la “piedra sagrada” y regresamos en busca del bote que nos llevaría de vuelta a Copacabana, donde en teoría pasaríamos una última noche.

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Durante nuestra estancia entre la Isla del Sol y Copacabana, empezaron otros muchos bloqueos en Bolivia, el más importante, el de los mineros. Estos, habían bloqueado casi todas las carreteras principales del país. En la Paz había cinco bloqueos por diferentes motivos; a la terminal terrestre solo se podía llegar desde Copacabana, pero después no se podía salir porque estaba todo el transporte de buses suspendido. Oruro estaba totalmente bloqueado por los mineros al igual que Cochabamba y la ciudad de la Paz. Esto complicó nuestra idea de viaje, especialmente cuando vimos en las noticias que los conflictos con los mineros provocaron cinco muertos, entre ellos, el viceministro de interior.

Dada ésta situación, nos quedamos una noche más en Copacabana, para sumar dos noches más desvelado y hambriento por la altura. En ese momento tuvimos que planear y preparar un cambio de ruta, que nos costó una semana de viaje sin parar, y que ya les explicaremos en el siguiente post. Mientras tanto, disfrutamos un poco más de ese hermoso pueblito, de nuestros amigos del Condor and The Eagle Cafe y de la belleza del Lago Titicaca.

INFORMACION PRACTICA

Transporte:

  • Cusco-Puno: Bus de Cruz del Sur – Costo del boleto: 110 soles / 32 USD por persona – Tiempo de recorrido: 7 horas
  • Puno-Copacabana: Costo del boleto: 25 soles / 7.50 USD por persona – Tiempo del recorrido: 3 horas

Hospedaje:

  • Puno: Inka’s Rest – Costo de una habitación privada con baño compartido y desayuno: 55 soles / 16 USD por noche – 100% recomendado. Muy limpio, personal super amigable, el desayuno excelente (incluye huevos!) y la ubicación un poco alejado del centro pero en un buen lugar. Volveríamos a hosperdarnos aquí.
  • Copacabana: Hostal Sonia – Costo de un< habitación privada con baño privado y desayuno: 150 bolivianos / 23 USD – Lo recomendamos porque estaba limpio y el desayuno también fue bueno. Sin embargo, queda algo lejos del centro y de la calle principal.

Tours:

  • Uros, Amantani y Taquile: Contratamos el tour directamente en el Hostal Inca Rest y nos costó 105 soles / 31 USD por persona. Esto incluye el traslado a las islas, visita a los Uros, almuerzo y cena del primer día en Amantani, alojamiento (1 noche) en Amantani y la visita a Taquile con desayuno y almuerzo al día siguiente.
  • La noche adicional en Taquile con la cena y el desayuno incluido nos costo 50 soles / 15 USD, cada uno.

Qué llevar a las islas: Para hacer el tour a las islas te aconsejamos dejar tu mochila grande en el hostal y llevar una de 20 L. Lleva agua, papel higiénico y un frontal o linterna porque en la noche no hay electricidad. También puedes llevar algunas frutas para regalar a la familia y/o compartir con los demás viajeros.

Lo que nos puedes dejar de visitar: Si estás en Puno definitivamente te recomendamos el tour a las islas del lago y una visita al mercado de artesanías, donde dicen, están las más baratas de todo Perú.

En Copacabana no dejes de pasar a comer o tomarte algo en El Condor and The Eagle Cafe y pregunta por los famosos cuadernos donde podrás ver más recomendaciones de otros viajeros.

Fecha de nuestra visita: 17 al 26 Agosto de 2016

 

 

 

 

 

 

Machu Picchu

Machu Picchu, la ciudad Inca en medio de los Andes peruanos, a 130 kilómetros de la ciudad de Cusco, es el destino turístico #1 de la región y uno de los sitios arqueológicos más destacados del mundo. Cada año se estima que más de un millón de viajeros se abren camino a Perú y llegan a conocer las ruinas de lo que fue un importante centro religioso y político para los Incas.

Hay muchas formas de visitar Machu Picchu. Casi siempre, Cusco es una parada obligatoria y, posteriormente, Aguascalientes, conocido también como Machu Picchu Pueblo, de la cual nadie se escapa, ya que, en este pueblo, cada mañana, a las 6:00 a.m. abren el paso para transitar por el único acceso hacia el complejo.

Básicamente, hay cuatro opciones o rutas alternativas para llegar a Aguascalientes: (1) tomando el tren desde Cusco, (2) haciendo un trekking de varios días como el famoso Salkantay Trail o el Lares Trail, (3) por cuenta propia: cogiendo varias combis desde Cusco y luego caminando, (4) una combinación de la primera y tercera opción.

En cuanto al costo de cada opción, el tren (180 USD ida y vuelta desde Cusco) y los trekkings, normalmente son los más caros. En cuanto a dificultad, los trekkings requieren que tengas muy buenas condiciones físicas y resistencia, ya que son varias horas de caminata al día (de 5 a 10 horas) y se pasa la noche acampando, a una altura elevada y a temperaturas muy bajas; ir por cuenta propia también requiere condiciones físicas, aunque no tantas porque solo deberás pasar por una caminata de 2 horas y media, en un terreno bastante plano, con tú mochila, si decides llevarla; por último, ir en tren es lo más fácil, cómodo y rápido. Con respecto a los paisajes, en los trekkings vale la pena el sacrificio porque dicen que los paisajes son preciosos y se conocen más lugares en el recorrido que se hace hacia Machu Picchu; en el tren también se tienen unas vistas muy bonitas ya que las vías están construidas en medio de la montaña, y, por cuenta propia, igualmente, las vistas son maravillosas desde el minibús que transita por un camino que atraviesa la montaña y después, en la caminata, un paisaje amazónico espectacular.

Nosotros nos aventuramos a ir por nuestra cuenta y la explicación tan clara y precisa que nos ofreció Reynaldo, de cómo llegar, nos dio más confianza. A continuación, les explicaremos nuestra experiencia y más abajo en la INFORMACION PRACTICA, encontrarán todos los detalles del recorrido para que también se aventuren a ir por su cuenta y de paso, se ahorren una cantidad importante de dinero.

Recorrido de Cusco a Aguascalientes

El día de partida, nos despertamos muy temprano para llegar a la Calle Las Tres Marías antes de las 6:00 de la mañana, hora en la que se supone sale el primer minibús hacia el pueblo de Santa María. Por supuesto que, estando con Quico, llegamos 20 minutos antes de las 6:00 y solo había una persona. Tuvimos que esperar a que se llenara el minibús porque, como ya es típico, el chofer no arranca hasta que haya vendido todos los puestos y más, si es posible. Tardamos una hora para ponernos en marcha, saliendo a las 7:00 de la mañana, con lo cual, nuestra hora de salida, punto clave para el éxito de ésta aventura (según Reynaldo) se vio bastante afectada. Quico estaba de los nervios y yo, pues resignada a que quizás nos cogería la noche caminando hacia Aguascalientes.

Al salir de Cusco, nos adentramos en las montañas. Machu Picchu se encuentra a 2,453 msnm, más abajo que Cusco, pero para llegar a la primera parada teníamos que pasar un puerto de montaña a más de 4,400 msnm; aquí estuvimos entre las nubes y rodeados de montañas amarillentas, marrones y rocosas. Hay un tramo de curvas muy pronunciadas como de una hora, donde hay mucha gente que se marea. Luego de subir y bajar las montañas nuestro entorno se transformó y aparecieron colores más verdes. Fue muy sorprendente este cambio en el paisaje, de árido con poca vegetación, a uno más tropical lleno de árboles y plantas.

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Cuatro horas más tarde llegamos al pueblo de Santa María, la primera parada en el recorrido hacia Aguascalientes, únicamente para cambiar de minibús. No sabíamos exactamente donde nos dejaría el conductor, pero apenas nos bajamos, nos recibieron varios lugareños preguntando “¿A Santa Teresa?”, a lo que él respondió que sí, mientras nos bajaba la mochila y ni nos dimos cuenta cuando ya teníamos nuestro siguiente transporte arreglado.

Así de fácil y rápido fue conseguir que alguien nos llevará hasta Santa Teresa, la segunda parada. Reynaldo nos había dicho que sería otro minibús, sin embargo, en nuestro caso fue un taxi, donde también esperamos a que todos los puestos estuviesen llenos. Fuimos con una chica francesa, un chico peruano y en el maletero dos niñas peruanas que iban saltando, golpeándose en la cabeza todo el camino. No existe una carretera pavimentada, es más bien un camino de tierra y piedras al borde de la montaña que pareciera que solo se debe utilizar caminando, pero la realidad no es así. Y no éramos los únicos por ese camino, nos topamos con varios que iban hacia nuestra misma dirección y con otros que venían en sentido contrario y el chofer daba un frenazo, pegándose lo más posible hacia las paredes de tierra para que pudiese pasar el otro vehículo.

En una hora aproximadamente arribamos a Santa Teresa. El procedimiento para cambiar de transporte fue exactamente el mismo; llegamos a una plaza y enseguida vimos un montón de taxis esperando pasajeros que transportar hacia la Hidroeléctrica.

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La Hidroeléctrica

La Hidroeléctrica, nuestra última parada sobre ruedas, como lo dice su nombre, no es un pueblo, es un punto de referencia desde donde empiezan a caminar los viajeros que deciden tomar ésta ruta. El camino desde Santa Teresa hasta la Hidroeléctrica es igual o peor que el anterior: más estrecho y con un precipicio considerable. Seguimos bordeando la montaña por una hora, cruzamos un puente y luego vimos varios coches aparcados, las vías del tren a nuestro lado y un montón de puestos de comida. Tal y como nos dijo Reynaldo, había más viajeros llegando y preparándose para la caminata de 2 horas y media, desde allí hasta el pueblo de Aguascalientes, nuestro destino final.

Empezamos a prepararnos también, quitándonos casi todas las capas de ropa que llevábamos porque cuando salimos del hostal en Cusco aún era de noche y hacía mucho frío. En ese momento ya eran las 2 de la tarde así que, rápidamente, empezamos a caminar junto con la chica francesa, que estaba sola, y también iba a visitar Machu Picchu al día siguiente.

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El camino es muy fácil porque solo hay que seguir las vías del tren y literalmente las tienes al lado todo el tiempo. Casi todo el recorrido es plano, excepto al principio que hay una parte en la que se debe subir/escalar unas cuantas piedras para acortar el camino, y al final, llegando a Aguascalientes también hay algunas subidas leves. El paisaje es muy, muy verde; totalmente diferente a los entornos que nos han rodeado hasta el momento en este viaje. Nos detuvimos varias veces para tomar fotos, beber un poco de agua y una vez para comernos un plátano que llevábamos en la mochila. Efectivamente hacía mucho calor y había tramos en los que era casi imposible ocultarnos del sol; por suerte llevábamos la ropa adecuada y mucho bloqueador solar.

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En Aguascalientes

Aproximadamente en tres horas llegamos a Aguascalientes, el famoso pueblo de Machu Picchu. Aguascalientes está completamente lleno de hostales, puestos de artesanías y restaurantes. Vimos unos cuantos lugareños, pero la mayor parte de las personas a nuestro alrededor eran turistas. El pueblo es bastante pintoresco y alegre, rodeado de montañas y atravesado por el Río Urubamba. Al estar en medio de las montañas, casi todas las calles son cuestas bastante empinadas. Nuestro hostal estaba situado en lo más alto de una de ellas y con todo el cansancio que nos cayó al llegar, tuvimos que subir, y subir, y subir hasta que por fin encontramos nuestro albergue.

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Durante la caminata, unos chicos españoles, que iban de regreso hacia la Hidroeléctrica, escucharon nuestra conversación sobre cómo llegar al recinto de Machu Picchu y nos recomendaron tomar el bus. Una vez en Aguascalientes, tienes dos opciones para llegar a las ruinas: subiendo la montaña a pie (no tiene ningún costo y demora un poco más de una hora) o en el bus (cuesta $3.50 por tramo). Los españoles nos contaron que valía la pena pagar el bus ya que la subida es bastante dura y llegas a las ruinas con poca energía para recorrer todo el lugar.

Decidimos seguir sus consejos y esa noche fuimos a comprar el boleto y además nos enteramos que debíamos estar en la fila, para tomar el famoso bus, desde las 4:00 de la mañana, ya que, nuestra entrada para subir a la montaña era en el primer turno, de 7:00 a.m. a 8:00 a.m. El chico de la recepción del hostal nos explicó que a las 6:00 de la mañana la fila del bus puede llegar hasta cinco cuadras más lejos desde el inicio y la cantidad de buses que operan son limitados.

 La visita a Machu Picchu

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Al día siguiente, nos despertamos de madrugada y salimos del hostal a las 4:00 a.m. En cinco minutos llegamos a la fila y efectivamente ya había por lo menos unas 300 personas. Nos quedamos sumamente sorprendidos, pero allí estábamos y seguía llegando la gente. El primer bus sale a las 6:00 de la mañana, luego de que abren el acceso que les comentamos anteriormente. Considerando que, nosotros estábamos varios buses atrás, esperamos dos horas y media y salimos pasadas las 6:30. El bus demora media hora en llegar hasta la entrada de Machu Picchu donde nuevamente hicimos la fila para, finalmente, poder acceder al recinto.

Una vez entramos, subimos algunas escaleras y enseguida quedamos maravillados con la belleza de este lugar. El cielo estaba totalmente despejado y no pudimos evitar quedarnos unos segundos paralizados, simplemente observando el paisaje. Hicimos algunas fotos y luego seguimos las señales hacia la entrada de la montaña.

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Al comprar el boleto para visitar Machu Picchu, hay distintas opciones según qué parte del recinto se quiere visitar. Nosotros compramos el que estuviese disponible más rápido que era el boleto básico más la visita a Machu Picchu “montaña”. En la INFORMACION PRACTICA también les explicamos las distintas opciones y nuestra recomendación, ya que, para nosotros, al principio fue confuso entender qué significaba cada una.

En la entrada de la montaña volvimos a enseñar nuestro tiquete y firmamos un libro donde se apuntan todos los que suben; estábamos entre los primeros 50 del día. Comenzamos a subir y al principio, como siempre, me estaba costando bastante porque es una subida fatigante y parece que nunca vas a llegar. No dejan de aparecer escaleras de piedra en el camino que están hechas de manera muy irregular en cuanto a su altura y tamaño.

Pasada media hora, me empecé a acostumbrar al ajetreó y la verdad es que las vistas que teníamos ayudaban muchísimo porque estábamos rodeados de un paisaje fascinante y podíamos observar la ciudad Inca en miniatura, contenida entre las montañas vestidas de varias tonalidades de verde. Eso sí, cada vez teníamos que tener más cuidado al subir ya que el camino se hacía estrecho y pasábamos por trayectos dónde teníamos un gran precipicio al costado; un paso en falso y caes al abismo.

Cerca de nosotros estaba una pareja de argentinos que subía con un guía. El guía también conversó con nosotros y en algunas paradas decía: “Ya solo falta media hora.” Pasaba media hora y aún no llegábamos. Una hora más tarde, la “media hora” se redujo a 15 minutos, sin embargo, igualmente pasaban los 15 minutos y nada.

El trayecto hasta la cima y bajar dura tres horas y media (dos horas y media de subida y una hora de regreso, aproximadamente) y se llega a una altura de 3,084 msnm. Pasadas las dos horas, empezamos a ver a unos cuantos que iban de bajada, lo cual nos indicó que ya estábamos cerca. Al preguntarles, nos dijeron que, efectivamente, en menos de 10 minutos estaríamos en lo más alto de la montaña.

Esto nos animó y aunque estábamos cansados, seguimos decididos a llegar a la cima, no obstante, nos sorprendió un obstáculo imprevisto: el pedazo más estrecho de todo el trayecto, al lado del precipicio más pronunciado. En ésta zona hay una roca muy grande que sobresale, cubriendo más de la mitad del camino normal y hay que pasar por allí con el cuerpo de lado y totalmente pegado a la roca. Cuando vi a lo que nos enfrentaríamos simplemente pensé: “La mirada para arriba, concéntrate en la roca, no pienses en el precipicio”. De todas maneras, sentí mucho vértigo, pero respiré, me sujeté a la roca lo más fuerte que pude y pasé lo más rápido posible.

Otros viajeros fueron pasando y Quico, que venía justo atrás mío, no aparecía. Cómo la roca es tan grande, no se puede ver el camino que se ha dejado atrás y yo no entendía por qué estaba tardando tanto. Me acerqué un poco y empecé a llamarlo sin obtener respuesta. Dejé avanzar a otros viajeros que venían subiendo y volví, intentando no pensar en el precipicio, para ver qué había pasado. Al llegar al otro lado, vi a Quico recostado a unas piedras anteriores, dejando a todo el mundo adelantarse porque no se decidía a pasar por ese tramo. Le dije que era bastante rápido y que no mirara para abajo pero el problema no era la subida si no la bajada, ya que al bajar es casi imposible no mirar el precipicio.

Intenté convencerlo porque ya estábamos muy cerca de la cima, pero el vértigo le ganó. Él ya había decidido que hasta allí llegaba así que nos dispusimos a bajar. Estábamos muy contentos igual porque hasta ese punto tuvimos unas vistas espectaculares. Antes de empezar a bajar, nos detuvimos para observar el paisaje intentando absorber cada pedacito de ese momento, para no olvidarnos de lo que fue estar en este lugar único en el mundo.

Bajando nos encontramos con muchos que iban subiendo y todos nos preguntaban cuanto tiempo les faltaba para llegar. Al bajar, también pasamos por algunas partes en las que sentimos vértigo así que íbamos cuidando cada paso que dábamos y conversando para no pensar en una posible caída.

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Finalmente, llegamos donde todo comenzó y dejamos la montaña para ir a buscar un guía con quien recorrer todo el recinto, pero primero, nos sentamos bajo un árbol a descansar, contemplando nuestros alrededores y sentimos la magia que transmite el estar un sitio que tiene una historia tan importante y especial.

Hay una gran cantidad de guías autorizados en la entrada de Machu Picchu y puedes escoger uno, formando un grupo con otros viajeros o de manera privada. Nosotros fuimos con una familia de Perú y con dos amigos brasileños. El recorrido de la ciudad Inca es muy interesante y las explicaciones del guía realmente ayudan a ponerte en situación. Tomando esto en cuenta, vale la pena el costo adicional, porque el guía no está incluido en el boleto.

El guía nos explicó sobre la sociedad Inca y su rígida estructura para introducir las dos partes en las que se divide el complejo: la zona agrícola y la zona urbana. La zona agrícola está compuesta por las terrazas o andenes utilizados para el cultivo y que parecen unas grandes escaleras que bordean las montañas. Éstas terrazas son típicas del periodo Inca y las hemos visto en varios lugares donde se ha encontrado evidencia de la presencia Inca, como por ejemplo en El Cañón del Colca y en las afueras de Cusco. La zona urbana era la zona “residencial” que también está dividida en tres partes: el barrio para los sacerdotes y la nobleza, el barrio para el pueblo y la parte más importante que es la zona sagrada, donde se encuentra el famoso Templo del Sol.

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No existe nada escrito sobre Machu Picchu, por lo que aún se siguen estudiando y desvelando los misterios que encierra ésta gran ciudad. Sin embargo, por la estructura, tamaño y localización de ciertas edificaciones, se ha concluido que sí había una separación de clases. Además, el trabajo de arqueólogos, astrónomos e historiadores ha logrado determinar la conexión tan exacta que existe, entre la construcción y orientación de ciertos edificios, con fenómenos naturales y astronómicos. Un ejemplo claro está en las ventanas del Templo del Sol, que están construidas para que en el solsticio de invierno (en junio) el sol entre justamente por una de ellas y en el solsticio de verano (en diciembre) por otra. Nuestro guía incluso nos mostró fotografías de estos hechos.

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Paseamos por todas las zonas del complejo, hicimos muchas fotos y una hora después terminó la visita con el guía. Nos quedamos un ratito más por nuestra cuenta y luego regresamos a Aguascalientes, donde también dormimos esa noche para salir al día siguiente hacia Cusco.

Regresando a Cusco

El camino de regreso fue muy parecido al de ida. Salimos casi a las 9:00 de la mañana y emprendimos el camino hacia la Hidroeléctrica, bordeando las vías del tren. Antes de llegar allá, hicimos una parada que nos recomendó Reynaldo y que también les recomendamos, si tienen tiempo. Se trata de los Jardines de Mandor, donde hay una cascada preciosa. La entrada al jardín se encuentra a una hora caminando desde Aguascalientes y está muy bien señalizada. Hay que pagar y registrarse antes de ingresar.

Una vez ingresamos, seguimos el sendero con un mapa dibujado al cual le tomé foto para no perdernos y unos 20 minutos más tarde llegamos a la cascada. Había una familia francesa y los dos niños se estaban bañando, disfrutando de la cascada. Nosotros, después de admirar el paisaje, decidimos que también nos bañaríamos y empezamos a prepararnos. Quico bajo adelante, acercándose a la cascada con el bañador puesto, metió los pies en el agua y se le congelaron los dedos. El agua estaba tan congelada que no pudo pasar del tobillo y yo, más atrás, enseguida me retiré porque solo de pensarlo me moría de frío.

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Posterior a esa visita, seguimos unas dos horas hasta llegar a la Hidroeléctrica. Es más fácil regresar porque hay transporte directo desde allí a Cusco y justo cuando nosotros llegamos, caminando, había uno casi lleno esperando para completar exactamente dos puestos, así que nos montamos y nos fuimos. No fue totalmente directo porque en Santa María cambiamos de minibús, pero el cambio fue muy rápido y no esperamos a ningún pasajero adicional, a pesar que había puestos disponibles. Seis horas después llegamos a Cusco sanos, salvos y directo al hostal a contarle a Reynaldo el éxito de nuestra aventura.

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INFORMACION PRACTICA

Transporte Cusco-Aguascalientes/Aguascalientes-Cusco: Por nuestra cuenta – Costo del recorrido total: 85 soles/25 USD  – 8 horas ida y 8 horas vuelta.

Para hacer el recorrido hasta Aguascalientes tienes que seguir la ruta descrita a continuación:

  1. Ir a la Calle Las Tres Marías en Cusco, de donde salen los minibuses hacia Santa María.
  2. Trayecto 1: Cusco-Santa María. Costo: 30 soles/9 USD. Duración: 4 horas aprox.
  3. En Santa María cambiar de minibús a otro minibús o taxi hacia Santa Teresa.
  4. Trayecto 2: Santa María-Santa Teresa. Costo: 10 soles/3 USD. Duración: 1 hora aprox.
  5. En Santa Teresa cambiar de minibús a un taxi hacia la Hidroeléctrica.
  6. Trayecto 3: Santa Teresa-Hidroeléctrica. Costo: 5 soles/1.50 USD.  Duración: 1 hora aprox.
  7. En la Hidroeléctrica, al bajar del taxi, empezar a caminar siguiendo SIEMPRE las vías del tren hasta llegar al pueblo de Aguascalientes.
  8. Trayecto 4: Hidroeléctrica-Aguascalientes. Costo: Gratis. Duración: 2 horas y media.
  9. ¡Llegada a Aguascalientes!

Para regresar de Aguascalientes a Cusco:

  1. Caminar siguiendo las vías del tren hasta la Hidroeléctrica.
  2. Trayecto 1: Aguascalientes-Hidroeléctrica. Costo: Gratis. Duración: 2 horas y media.
  3. En la Hidroeléctrica tomar un minibús directo a Cusco.
  4. Trayecto 2: Hidroeléctrica-Cusco. Costo: 40 Soles/12 USD. Duración: 6 horas aprox.
  5. ¡Llegada a Cusco!

Hospedaje: Machu Picchu House – Precio por noche de una habitación doble con baño privado: 35 USD. 

Nuestra opinión: Machu Picchu House es super limpio, el personal muy amigable y diligente, el wifi funciona bien y hay agua caliente. Lo único negativo es la ubicación porque hay que subir la cuesta y es bastante empinada.

Boletos a Machu Picchu: Existen tres opciones a escoger dependiendo del área del complejo que se quiera visitar. Cada opción tiene una cantidad limitada de personas que pueden acceder por día y aquí les dejamos ésta información, explicándoles qué significa cada una:

  1. Machu Picchu (2500 personas/día): Este es el boleto básico y clásico, con el que podrás visitar el complejo total, recorriendo todas las ruinas de Machu Picchu.
  2. Machu Picchu + Montaña (800 personas/día): Además de las ruinas, con este boleto puedes acceder a subir la montaña “Machu Picchu”, que fue lo que nosotros hicimos. Si tienes miedo a las alturas y tus condiciones físicas no son buenas, no te recomendamos ésta opción, tomando en cuenta la altura de más de 3,000 msnm y el angosto camino que hemos descrito anteriormente. Las vistas son impresionantes ,pero con el boleto básico también podrás tener una vista excelente de todo el recinto. Para subir a la montaña hay dos horarios; te recomendamos escoger el horario más temprano, si decides subir, ya que, el sol no es tan fuerte y hay menos personas subiendo, con lo cual disfrutarás mucho mejor del paisaje.
  3. Machu Picchu + Wayna Picchu (400 personas/día): Wayna Picchu es la montaña que se ve en todas las fotos típicas de Machu Picchu justo atrás de las ruinas. El recorrido es más corto que el de montaña “Machu Picchu” y la altura es menor, sin embargo es mucho más empinado y difícil. Si tienes vértigo, no te recomendamos escoger ésta opción ya que, hay partes donde incluso tienes que agarrarte de una cuerda para no caer. Desde la cima se logra ver todo el complejo desde un punto de vista diferente al usual y, según hemos leído, vale la pena la subida. Para el Wayna Picchu solo hay un horario y debes comprar tu boleto con mucha anticipación, considerando que normalmente son los que se agotan más rápido.

Hay varias páginas Web donde comprar las entradas; nosotros te recomendamos la página oficial del gobierno: http://www.machupicchu.gob.pe.

Qué llevar a Machu Picchu: Te aconsejamos dejar las mochilas grandes reservadas en tu alojamiento en Cusco. La mayoría de los hoteles/hostales cuentan con este servicio y es lo más común y cómodo que puedes hacer, especialmente si decides llegar a Aguascalientes por tu cuenta.

Lo que no puedes dejar de llevar, es lo siguiente:

  • Agua y frutas. Todo en Aguascalientes es mucho más caro que en Cusco. Por ejemplo, una botella de agua de 1L en Cusco te cuesta 3 Soles y en Aguascalientes de 6 a 8 Soles.
  • Bloqueador solar. Incluso solo visitando las ruinas, el sol quema muchísimo.

Recomendaciones para el mal de altura: Aguascalientes y Machu Picchu están ubicados a una altura menor que Cusco. Lo más recomendable es quedarse por lo menos dos días en Cusco y tomar el primer día con calma para acostumbrarse a la altura. Si en Cusco te encuentras bien, estarás perfecto en Machu Picchu.

Si quieres saber más sobre el mal del altura, ve a la INFORMACION PRACTICA en nuestro post: “Arequipa, la ciudad de los volcanes”.

Fecha de nuestra visita: 13 al 15 de Agosto de 2016


Para más información sobre Machu Picchu o si tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

 Please feel free to reach out if you´re an english speaker as well. We haven´t translated our blog yet because we are writing on the go but we´ll be very happy to translate/help you with any information needed to plan your trip. 

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Los colores de Cusco

Diez horas de bus después, desde Arequipa, llegamos nuevamente a una ciudad con el mismo nombre que el Departamento de Perú al que pertenece: Cusco.

Al llegar a Cusco, si no te has informado, creerás que están celebrando un Gay Parade, pues hay banderas con los colores del arco iris por todas partes. Nosotros encontramos una enorme junto a una bandera de Perú en el centro de la Plaza de Armas. Luego veíamos por todas partes banderines del arco iris de todos los tamaños. La realidad es, que ésta combinación de arco iris era muy común para los Incas, influenciados por los fenómenos naturales. Al ser Cusco la capital del Imperio Inca, adoptó ésta combinación como bandera de la ciudad. Investigamos un poco más sobre el tema porque nos llamó mucho la atención y descubrimos que la bandera de arco iris fue instaurada en los años 70 después de que una emisora local propusiera dicha bandera como el emblema de la ciudad. La propuesta fue aceptada sin saber que varios kilómetros al norte, en San Francisco, California, estaba naciendo el movimiento gay que adoptaría una bandera muy parecida.

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Cusco se encuentra a 3,400 msnm al sureste de Perú y es una ciudad con una población aproximada de 450,000 habitantes. Como todo visitante, nuestra idea era ir a Machu Picchu y sólo conseguimos entradas para 8 días después de nuestra llegada por lo que terminamos quedándonos una semana completa. El tiempo jugó a nuestro favor ya que, por lo menos, pudimos adaptarnos nuevamente al incremento de altura de más de 1000 metros con respecto Arequipa, o bueno, Gaby lo hizo. Según ella, a mí no me afectaba la altura, pero desde que llegamos a Cusco no volví a dormir más de tres horas al día y me daba mucha hambre a altas horas de la madrugada. Gaby, como siempre, se informó y leyó que el insomnio es otro de los síntomas del mal de altura; no decían nada del hambre, pero concluimos que, a mi manera, finalmente sí que me afectó y me pasaba las noches haciendo sudokus.

Como es habitual, habíamos reservado solo una noche en el hostal WalkOnInn y ésta vez con más motivo, porque nos habían recomendado encarecidamente el Hostal Andrea, el cual solo se puede contratar por e-mail y es necesario hacer un depósito para la reserva. El día que llegamos, planeábamos ir y hacer el depósito para continuar nuestra estadía en ese hostal, sin embargo, la altura nos jugó una mala pasada y después de almorzar quedamos rendidos toda la tarde. Volvimos a salir de noche y había un concierto en frente de La Catedral en la Plaza de Armas. Era el “Festival Claro” donde actuarían varios artistas de un programa televisivo y cerraría el famoso artista peruano Gianmarco. Gaby estaba muy emocionada por ello, pero nos retiramos antes de tiempo porque estábamos cansados y congelándonos y recién estaba empezando el show.

En Cusco durante el día el sol calienta y la temperatura en invierno es bastante agradable para caminar y perderse por sus estrechas callejuelas y plazas. No obstante, por la noche refresca bastante y la temperatura baja hasta 0 grados Celsius. Aquella noche en La Plaza de Armas íbamos abrigados hasta las narices, inclusive con unos guantes de alpaca que nos compramos en Arequipa.

Al día siguiente nos despertamos con más energía y enfilamos la Calle Amargura, que nos llevaba hasta la Cuesta de Santa Ana, justo a la altura del Hostal Andrea, dispuestos a pagar nuestro depósito y mudarnos de hostal. Al llegar, nos recibió Reynaldo con la noticia de que no tendrían disponibilidad hasta el día 10, es decir, en tres noches. Igualmente hicimos la reserva, pero tuvimos que buscar hospedaje para las noches restantes. Encaramos de nuevo la Amargura, una calle muy bien nombrada ya que es una empinada subida de escalones disparejos de piedras y, a la altura de Cusco, ya se imaginan que después de unos cuantos pasos Gaby estaba sin aire. Dimos algunas vueltas por ese mismo barrio y encontramos otro lugar donde quedarnos las noches que nos faltaban: el Inca Hostel.

Dejando atrás la búsqueda de hostales y mudanzas, nos dedicamos a pasear por Cusco, andando por las calles de ésta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983 debido a su riqueza histórica que aún se percibe en cada esquina. Frecuentamos un par de cafeterías, visitamos el mercado, museos y un día fuimos a visitar Pisaq y al Cristo Blanco.

Lugares de Interés

Plaza de Armas

Con su forma rectangular característica, una fuente en medio y con La Catedral en uno de los laterales, que los primeros días no pudimos contemplar por el escenario que estaba montado en frente, cumple los mismos parámetros que la gran mayoría de plazas del país. Sin embargo, está rodeada por las típicas colinas cusqueñas que no se pierdan detrás de los edificios. En el lateral contiguo esta la iglesia de la Compañía de Jesús y el resto lo completan unos edificios con arcadas donde se encuentran cafés, restaurantes, tiendas y bancos. Solo es transitable para los coches el lateral de la Iglesia y hay mucha actividad todo el día: los turistas admirando los edificios colindantes, los caza-turistas vendiendo tours y productos varios (se nos acercaron más de quince en 10 minutos que estuvimos sentados en uno de los bancos) y varios chicos uniformados de colegio, o mejor dicho, caza-pokemons, cada vez más frecuentes en Perú ya que ésta aplicación apenas llevaba una semana activa en el país.

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Desde la Plaza de Armas, subiendo por la calle Suecia y girando a la derecha en la calle Don Bosco, se puede llegar hasta  la Iglesia de San Cristóbal donde hay una buena vista de la ciudad. O caminar hasta la Plaza Kusipata donde hay una fuente iluminada por la noche que fue el camino que nosotros tomamos hasta llegar a la Plaza de San Francisco donde está la Iglesia de San Francisco de Asis. Allí encontramos varios puestecitos de comida y de productos textiles y había un montón de gente sentada en las escaleras de la Iglesia, observando una obra de teatro callejero.

Mercado de San Pedro

Saliendo de la Plaza de San Francisco por la calle Santa Clara , llegamos al Mercado de San Pedro junto a la Iglesia y a la estación de tren con ese mismo nombre.

El Mercado de San Pedro es el mercado principal de la ciudad y es bastante grande. Al igual que el mercado de Arequipa, se puede encontrar de todo: desde comida (frutas, verduras, carnes, granos, etc.) hasta remedios, ropa, artesanías y más. También tiene el típico pasillo de jugos y no nos podíamos ir sin tomarnos uno, después de comprar algunas frutas para mis episodios de hambre nocturna.

Museos

De los muchos museos que tiene la ciudad, decidimos visitar el museo de Arte Precolombino, por el que habíamos pasado enfrente varias veces. También entramos en el Museo Inca, ubicado en la misma ruta y muy recomendado.

El Museo de Arte Precolombino fue fundado en 1929 por el arqueólogo peruano Rafael Larco. Está situado en la Plaza de las Nazarenas, en el interior de la Casa Cabrera, una mansión que fue la sede del Convento de Santa Clara hasta que fue comprada por la familia Cabrera en el siglo XVII. En su interior encontramos diferentes salas con restos de culturas pre-incaicas como la Chimú y la Moche del norte del país.

El Museo Inca esta ubicado en el Palacio del Almirante, en la Cuesta del Almirante. Los orígenes de este edificio se remontan a finales del XVI y recibe este nombre ya que uno de los propietarios fue el Almirante Don Francisco Alderete Maldonado y así lo indica el escudo sobre la puerta del edificio. La exposición en el Museo Inca fue bastante más interesante ya que a parte de algunos restos de culturas pre-incaicas, había mucha más información, historia y artículos de los Incas y la época colonial.

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Monasterio de Santo Domingo o Qorikancha

El Qorikancha fue, en su día, el santuario más importante dedicado a Inti (Sol) para los Incas. Este templo está ubicado en la plazoleta de Santo Domingo ya que los colonizadores entre los siglos XVI y XVII construyeron encima, el Monasterio de Santo Domingo. Este monasterio se ha visto afectado en varias ocasiones por los terremotos que azotan la zona mientras que las partes de construcción Inca han quedado casi intactas.

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En su interior se puede apreciar como conviven las dos edificaciones, abajo las piedras grandes utilizadas por los Incas para construir y encima los bloques y el cemento del monasterio. Incluso hay partes en las que observamos las piedras Incas pintadas con dibujos de la época colonial, intentando ocultar dicha construcción.

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En nuestra visita, tuvimos la brillante idea de contratar una guía, quien fue la antítesis de Roy. Al principio parecía prometedora, haciendo una introducción de lo que íbamos a ver y poniéndonos en situación, pero luego todo cambió: acortó explicaciones, acelero el paso y nos despachó rápidamente para intentar captar otros turistas a quienes cobrarle el tour. Al final, nosotros anduvimos tranquilamente por el recinto, sin prisa y fijándonos en muchos otros detalles que la guía no nos había contado.

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Pisaq y Cristo Blanco

Como nos había recomendado Reynaldo, el amabilísimo dueño del Hostal Andrea, después de desayunar nos dirigimos a la calle Puputi, desde donde salen las combis hacia Pisaq. Una vez en la combi esperamos unos 10 minutos a que aparecieran las 2 personas que faltaban para ocupar todos los asientos del vehículo, pues siempre debe estar lleno el transporte para iniciar la marcha; si es necesario esperar dos horas o más, se espera.

Pisaq es un pueblo a 30 km de Cusco, conocido por sus yacimientos arqueológicos que se encuentran en la parte alta de la montaña y son de los mas importantes del Valle Sagrado de los Incas. Junto a Ollaytantambo y Machu Picchu, forma parte del circuito arqueológico del Cusco. En Pisaq la producción textil también es bastante reconocida. De hecho, el pueble entero era un mercadillo lleno de puestecitos que ofrecían todo tipo de prendas coloridas, hechas de Alpaca y sus variaciones.

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Regresando de Pisaq le dijimos al conductor de la combi que nos dejara donde está el Cristo Blanco, una escultura de un Cristo con los brazos abiertos de este a oeste, hecha de marmolina en 1945 y que nos recuerda al de Corcovado, ya que esta en lo alto de una colina, el cerro Pukamoqo.  Las vistas de la ciudad en este punto son espectaculares. Desde allí fuimos bajando por la ladera de la montaña, por un camino de piedra, hasta llegar a la plaza de la Iglesia de San Cristóbal dónde nos quedamos un rato sentados admirando el paisaje. Luego seguimos bajando mientras caía la noche hasta llegar a nuestro hostal.

Restaurantes/Cafes

Café Punchay

En la Calle Choquechaca encontramos este café que estaba muy recomendando en TripAdvisor y realmente tanto la comida como las bebidas son muy buenas. Pedimos unos emparedados de palta con queso nacional, deliciosos. Casi siempre íbamos para el desayuno y terminábamos quedándonos horas allí escribiendo, leyendo y conversando. Llegaba mucha gente a comer y escuchamos que la crema de zapallo es especialmente buena. Los martes por la noche pasan películas gratuitas, esa semana , por ejemplo, ponían “Inglorious Bastards”.

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Café JC

En la misma calle del Hostal Andrea, un poco más abajo, abrió hace un par de semanas el Café JC. Aquí también comimos delicioso e incluso Gaby se tomó tres veces la misma sopita de pollo porque estaba mal del estómago y hasta el sol de hoy dice que la sopita y el té de jengibre con limón que preparan aquí, fueron el remedio perfecto. Yo me comí una hamburguesa buenísima y al día siguiente unos nachos exquisitos. Las chicas que nos atendían eran muy amables y ya nos conocían; al final cuando llegábamos a este lugar ya nos sentíamos como en casa.

Pizzeria Tabuco

Una vez más Reynaldo nos aconsejó muy bien y nos mandó en la misma calle, unos metros más abajo del Café JC, a la Pizzería Tabuco. Otro local donde también repetimos el día que regresamos de Machu Picchu, Gaby estaba soñando con ésta pizza todo el camino. Es un lugar pequeño y  muy acogedor con un horno de leña donde calientan las pizzas preparadas al instante y enfrente tuyo. Definitivamente la mejor pizza que hemos comido en todo el viaje.

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Marcelo Batata y Limo

Celebramos el cumpleaños de Gaby mientras estuvimos en Cusco. Ese día decidimos desmelenarnos e ir a un par de lugares que salían de nuestro presupuesto normal. Marcelo Batata es un restaurante/bar en la calle Palacio justo detrás de La Catedral. Tiene una terraza desde donde se aprecia la basílica, gran parte de la ciudad, las montañas que la rodean y el Cristo Blanco en lo alto. Desde esa terraza nosotros vimos la puesta de sol con un par de Gintonics y Piscosours en la mano, arropados con unas mantas rojas que te ofrecen en el lugar, porque, como ya hemos mencionado, la noche llega helada en esta ciudad. Luego nos dirigimos al restaurante Limo que está ubicado en la plaza de armas, donde nos comimos unos sushis riquísimos y Gaby sopló su velita dándole la bienvenida a sus 27 años!

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INFORMACION PRACTICA

Transporte Arequipa-Cusco: Bus de la compañía OLTURSA – Precio del tiquete: 20 USD – 10 horas

Hay otras compañías que también ofrecen el transporte. Los tiquetes se pueden comprar en https://busportal.pe/ donde también encontraras información sobre las tarifas, rutas y horarios.

Hospedaje: Nos hospedamos en tres hostales diferentes que numeramos en orden de preferencia a continuación:

  1. Hostal Andrea: Precio por noche de una habitación doble con baño privado: 18 USD. Para más información, reviews y fotos de este hostal ir a: https://www.tripadvisor.cl/Hotel_Review-g294314-d1410593-Reviews-Hostel_Andrea-Cusco_Cusco_Region Para reservar puedes escribirle directamente a Reynaldo a: salemrey@hotmail.com.
  2. WalkOnInn Cusco: Precio por noche de una habitación doble con baño compartido: 20 USD con desayuno incluído.
  3. Inca Hostel: Precio por noche de una habitación doble con baño compartido: 16 USD.

Lo que no puedes dejar de visitar: Qorikancha, subir al Cristo Blanco, la Pizzería Tabuco y perderte por las callejuelas de Cusco.

Desde Cusco también se pueden visitar distintos sitios arequeológicos muy interesantes, y aunque nosotros no fuimos, nos recomendaron: OllantaytamboSacsayhuaman.

Y porsupuesto, Machu Picchu, lugar al que le dedicamos un post completo que estaremos subiendo pronto al blog.

Recomendaciones para el mal de altura: Ver la información práctica en nuestro post: “Arequipa, la ciudad de los volcanes”.

Fecha de nuestra visita: Del 6 al 16 de Agosto de 2016.


Para más información sobre Cusco o si tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

 Please feel free to reach out if you´re an english speaker as well. We haven´t translated our blog yet because we are writing on the go but we´ll be very happy to translate/help you with any information needed to plan your trip. 

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El Cañón del Colca – Nuestras recomendaciones

Ya que nuestro post del Cañón del Colca fue muy largo y tenemos varias recomendaciones, para quienes piensan visitar este hermoso lugar, decidimos dedicar este post completo, para compartirles todos los detalles que deben tomar en cuenta antes de visitar el cañón.

Las opciones de visita

Como mencionamos en nuestro post anterior, las cuatro formas de visitar el cañón son: con un tour de un día, dos días de trekking, tres días de trekking o por cuenta propia. En cualquiera de las opciones se tiene que pagar una entrada de xx al acceder a Chivay. A continuación, les resumiremos lo que sabemos de cada una de ellas y a quienes se las recomendamos:

  • Tour de un día: Si te gustan las comodidades, tienes un tiempo limitado de viaje y/o no quieres caminar tanto, ésta es la opción perfecta para ti. El tour de un día también sale de Arequipa a las 3 de la mañana, comúnmente, y se hace el recorrido por la parte superior del cañón en un minibús, la mayor parte del tiempo. Hay caminatas, pero muy cortas en algunos pueblos en donde para el minibús. En este tour normalmente se visita La Cruz del Cóndor, el Mirador de los Volcánes y otros miradores a lo largo del cañón donde se pueden apreciar las vistas espectaculares que éste lugar ofrece.
  • Trekking de tres días: Si tienes más tiempo planificado para visitar el cañón, te gustan los retos y tienes por lo menos unas condiciones físicas mínimas, te recomendamos el trekking de tres días, el que nosotros hemos hecho. Este trekking consiste en recorrer 21 kilómetros del Cañón del Colca en etapas de 3 a 4 horas cada día. El primer día se recorren 8 kilómetros en descenso (4 horas aprox.), el segundo día 7 kilómetros en un terreno mixto (4 horas aprox.) y los últimos 6 kilómetros el tercer día en ascenso permanente (3 horas aprox.). Vale la pena por los paisajes que tendrás para admirar, aunque la dificultad, si eres una persona que no hace mucho ejercicio como yo, es muy alta. Además, lo mejor de ésta opción es que tienes tiempo para disfrutar de la experiencia en las profundidades del cañón, en San Juan de Chucho, el pueblo donde se duerme el primer día y luego en el Oasis Sangalle, donde se duerme el segundo día.
  • Trekking de dos días: Si no tienes mucho tiempo, pero tus condiciones físicas son muy buenas, ésta es la opción indicada. Nosotros pensábamos que, al ser menos tiempo, sería una opción más fácil, sin embargo, nos dimos cuenta que no. En el trekking de dos días el recorrido es exactamente el mismo que en el de tres días, en menos tiempo. El primer día en vez de recorrer 8 kilómetros, se recorren 15 kilómetros (alrededor de 8 horas) hasta llegar al Oasis Sangalle para dormir allí y salir en la madrugada a terminar los últimos 6 kilómetros subiendo el cañón. Igualmente, las vistas son impresionantes, aunque no se tiene mucho tiempo para estar en el cañón.
  • Por cuenta propia: Si tienes tiempo, un gran espíritu aventurero y/o quieres disfrutar del oasis y los paisajes sin limitaciones ni horarios, puedes hacer esta ruta por tu cuenta. Para hacerlo debes llegar en un minibús a Chivay, a La Cruz del Condor y a Cabanaconde, donde empieza el recorrido. En el camino nosotros nos encontramos con varios viajeros que descendían por su cuenta hasta llegar a San Juan de Chucho o al Oasis.

Qué debes llevar

Además de los esenciales para pasar una o dos noches en el cañón, te recomendamos llevar tanto ropa ligera, ya que durante el recorrido tendrás mucho calor, como ropa de abrigo para la noche, y lo siguiente:

  • Hojas de coca o caramelos: de Arequipa a Chivay se visita el mirador de los volcanes que está a 4,910 msnm y puede causar mal de altura. Además, como les explicamos en el post anterior, al ascender el cañón también puede ser necesario masticar hojas de coca ya que se pasa a una altura de 2,160 msnm a 3,380 msnm en tres horas.
  • Agua: Para hacer el trekking se recomienda tomar 1 litro y medio de agua al día. Yo me tomé dos. Se puede conseguir agua en los pueblos dentro del cañón y por el camino, pero será por lo menos dos veces más cara, por lo que recomendamos llevar la mayor cantidad de agua posible. Otra opción es llevar pastillas desinfectantes de agua y rellenar las botellas y/o termo.
  • Alimentos: Debes llevar plátano, barras energéticas o el alimento que consideres necesario para inyectarle un poco de energía al cuerpo durante el recorrido. Al igual que con el agua, se pueden conseguir este tipo de alimentos allá, pero serán más caros.
  • Crema solar y un gorro: Indispensable para protegerse de los rayos solares.
  • Bañador: Para la piscina en el oasis y/o para los baños termales.
  • Papel higiénico: No había en ninguno de los dos lugares donde nos alojamos. Por suerte siempre tenemos un rollo a mano.
  • Toalla
  • Trekking poles: Si tienes unos, serán de mucha ayuda.
  • No es necesario llevar tu saco de dormir
  • Lleva sólo lo que consideres estrictamente útil ya que la mínima cosa adicional ocasionará un peso innecesario en tu mochila.

Agencia

Al final de nuestro trekking, descubrimos que la agencia o compañía con la que trabaja Roy, quien fue nuestro maravilloso guía, se llama Peruschweiz Explorer y la recomendamos totalmente.

El costo total del trekking fue de 150 soles por persona (45 USD aprox) e incluía todas las actividades que mencionamos en nuestro post: “Tres días y muchas emociones en el Cañón del Colca”, el guía, el alojamiento (2 noches) y todas las comidas excepto el almuerzo del tercer día.

El alojamiento fue perfecto ambas noches, la primera en San Juan de Chucho y la segunda en el Oasis Sangalle, cómodo, con baños y duchas disponibles, limpio y con muchas mantas para cubrirnos del frío que ataca por las noches en el cañón.

Las comidas eran bastante contundentes, incluso el desayuno, y en el resto siempre un plato de sopa y un segundo plato de comida, que a mi me costaba terminarme. Después de la comida siempre un té, maté o café. En nuestro grupo había una chica vegetariana y se adaptaron muy bien a sus preferencias, preparándole, en cada comida, un plato especial.

Y como hemos expresado en varias ocasiones, nuestro guía, Roy, fue GENIAL.

En varios blogs leí que muchos viajeros se quejaban de éstos tres aspectos y creemos que todos son cruciales para que tú experiencia sea positiva. Por esto sentimos que podemos recomendar 100% la agencia Peruschweiz Explorer.

Hay que tomar en cuenta que no es fácil contactarlos de antemano, ni por teléfono ni por Internet. Lo más recomendable es llegar a Arequipa y preguntar por ésta agencia para reservar personalmente el paseo. Investigando un poco con el resto del grupo nos dimos cuenta que todo el mundo lo hace de ésta manera.

Otras recomendaciones

Te aconsejamos quedarte dos o tres días en Arequipa antes de aventurarte al Cañón, si te afecta la altura, y así darle tiempo a tu cuerpo de ajustarse a los bajos niveles de oxígeno.

Existe la opción de subir el Cañón en mula, lo cual se debe pagar aparte y solo en efectivo una vez estás abajo, en el oasis o en alguno de los pueblos del cañón. Tiene un costo de 60 soles (18 USD) y si quieres saber más de la experiencia subiendo en mula te invito a que leas nuestro post: “Tres días y muchas emociones en el Cañón del Colca”

Si necesitas más información o tienes alguna duda, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com, y con gusto te ayudaremos en lo que podamos.

 We haven´t translated our blog yet because we are writing on the go and it takes a lot of time but, if you are an english speaker, please feel free to write us as well (comment or email) and we´ll be very happy to translate/help you with the information provided.

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El Cañón del Colca – Tres días y muchas emociones

El Departamento de Arequipa tiene un atractivo especial para la gente que lo visita. Desde el nevado Mismi, aquí nace el río más caudaloso del mundo: el Río Amazonas. Además, se pueden encontrar dos de los cañones más profundos en la Tierra: el Cañón de Cotahuasi, con una profundidad de más de 4,000 metros, y el Cañón del Colca, con una profundidad de 3,900 metros aproximadamente. El Cotahuasi no es muy frecuentado ya que está alejado de la ciudad de Arequipa (de 11 a 12 horas de viaje en bus) y la vía para acceder no está en buenas condiciones. Por esta razón, la gran mayoría de personas que se acercan a Arequipa optan por visitar el Cañón del Colca, con un tour de un día o haciendo un trekking que pueda ser de dos o de tres días. También hay la posibilidad de hacerlo libremente y quedarse más tiempo.

El trekking por el Cañón del Colca es bastante especial ya que, a diferencia de la gran mayoría de trekkings, se empieza con un descenso y se termina ascendiendo el último día. Sabíamos que sería duro porque ya habíamos decidido que sí haríamos el trekking, lo que no sabíamos es que nos enfrentaríamos al reto más grande desde que llegamos a Perú. Y así, partimos un martes a las 3:00 de la mañana hacia el cañón.

Decidimos hacer el trekking de tres días para tener más tiempo para disfrutar de los paisajes y de la experiencia en el cañón. Nos tomamos el riesgo de contratarlo directamente en el hostal sin tener ningún tipo de referencia de la compañía con la que ellos trabajan. Es más, ni siquiera sabíamos el nombre hasta unas cuantas horas antes de partir. Yo estaba muy nerviosa la noche anterior y para sumar a mis nervios leía en foros de viajeros que la dificultad del trekking era alta, especialmente la subida del último día.

Mis expectativas del paseo, de los lugares donde nos alojaríamos en el medio de la nada dentro del cañón y de mi misma (de poder lograr tan siquiera sobrevivir el primer día), estaban por el suelo. Quico estaba totalmente tranquilo y relajado, además de ser su personalidad natural, también porque él ya es un experto, aunque siempre me diga que no y ni siquiera haya estado muy convencido de que yo plasmase aquí ésta afirmación.

Trekking – Día 1

Casi no pude dormir esa noche y nos despertamos justo a tiempo solo para tomar nuestras mochilas, ya preparadas, y marchar. Nos recogió un minibús con una guía llamada Rosa. Fuimos a recoger a más personas y nos encaminamos hacia Chivay, el primer pueblo del cañón, localizado a unas tres horas de Arequipa. El conductor, como ya es típico por aquí, manejaba como loco y tampoco pude cerrar los ojos durante ese recorrido. Quico, por supuesto, quedó roncando apenas entramos en la carretera. Al llegar a Chivay fuimos directamente a desayunar, un poco confundidos porque estábamos con un grupo que haría el tour de un día. Rosa nos dijo que después del desayuno cambiaríamos de bus y así fue. Nos montamos en el otro bus, pero allí tampoco estaban los del trekking de tres días. Encima la nueva guía era una señora que no dejo de hablar desde que salimos de Chivay hasta llegar a La Cruz del Cóndor que está a una hora.

La Cruz del Cóndor es un mirador muy famoso localizado en El Colca dónde se puede apreciar la belleza natural del cañón y el especial vuelo de los cóndores, el ave típica de la región. Estuvimos allí 45 minutos y fue espectacular. Vimos más de diez cóndores planeando frente a nosotros e incluso algunos que se acercaban bastante. Luego de apreciar este espectáculo de la naturaleza volvimos al minibús y finalmente nos dejó en el punto de partida de nuestro trekking.

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Apenas llegamos conocimos al mejor guía que jamás pudimos haber pedido: ¡el increíble Roy! Y mis expectativas iban mejorando. Roy estuvo con nosotros durante los tres días, siempre preocupado y pendiente del bienestar del grupo. Desde que llegamos empezó a darnos recomendaciones de qué ponernos, cuánta agua llevar y nos dio la información necesaria para enfrentarnos a lo que estaba por venir. Nos tuvimos que quitar varias piezas de ropa ya que en ese momento teníamos frío, pero Roy nos advirtió que, al estar descendiendo por el cañón, bajo el sol, la temperatura se eleva y el calor se siente más intenso entre sus enormes paredes.

Una vez preparados, nos pusimos en marcha hacia el cañón. Éramos un grupo de doce personas: seis amigas francesas, una pareja de Guadalupe, una chica francesa viajando sola, nosotros dos y Roy. El primer kilómetro paso rápido, pero todos los demás bastante lento. Al principio, no nos cansamos mucho porque estábamos entretenidos observando el paisaje fascinante que nos rodeaba y conversando entre nosotros, con Roy y con el resto del grupo. Además, íbamos en bajada lo cual, para mí, es mucho más fácil.

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Teníamos por delante 8 kilómetros de descenso, alrededor de 4 horas, y el sol, efectivamente, se puso muy fuerte pasada la primera hora. A medida que avanzábamos sentíamos que con cada paso las piernas iban cediendo un poco más. Todavía no estábamos cansados, pero yo empecé a tener miedo de resbalarme y caer ya que la bajada se hacía más y más empinada en un terreno desnivelado. Descansamos 15 minutos en la primera sombra que encontramos sin sentarnos para no enfriarnos. Quico iba más rápido que todos y fuimos encabezando el grupo la mayor parte del tiempo.

Después del descanso, el descenso fue más difícil porque aparecieron “escaleras” de piedra en un camino muy estrecho donde teníamos las paredes del cañón de un lado y el precipicio del otro. El paisaje nunca dejo de ser espectacular y hubo varios momentos en los que nos detuvimos para hacer alguna foto o simplemente para tomar aire y dejarnos maravillar con las vistas extraordinarias que ofrece ésta zona. Esos momentos hacían que el esfuerzo valiera la pena.

Seguimos por las escaleras de piedra, ya llevábamos casi 3 horas de caminata y volvimos a descansar. Roy nos explicó que atravesaríamos el río sobre un puente al que llegaríamos en 45 minutos más, luego una pequeña subida y después el resto del camino sería fácil porque era en terreno plano. Yo ya me había tomado un litro de agua y no daba más. Las tiras de la mochila eran muy delgadas y me apretaban horriblemente en los hombros, el sol me quemaba demasiado a pesar de tener mi gorrita de Perú y en vez de disfrutar del paseo empecé a tener pensamientos negativos. Solo quería llegar, soltar la mochila y dejar de caminar. Me di cuenta que mis pensamientos no me estaban ayudando y empecé a concentrarme en mi respiración mientras seguíamos bajando.

Veíamos el puente y aunque cada vez lo veíamos más grande y más cerca parecía que no llegábamos nunca. Quico empezó a hablarme, a contarme sobre sus trekkings pasados y a pesar de que el sol quemaba más fuerte y ya me temblaban las piernas, la charla me ayudó muchísimo a distraerme. Finalmente logramos estar en la entrada del puente. Descansamos de nuevo, esta vez había unas piedras donde podíamos sentarnos, pero yo solo quería desplomarme en el suelo, literalmente. Roy me ofreció una banana que acepté, aunque no pude comérmela toda porque sentí que la iba a vomitar. Quico estaba cansado y le molestaban un poco los pies por el roce de las zapatillas, pero aún seguía con ánimos y energías de continuar. Me animó a mí y cruzamos el puente.

Este puente atraviesa el Río Colca, el río principal que forma parte del cañón y que consta de 129 kilómetros de recorrido. En medio del puente nos detuvimos para contemplar las gigantescas paredes que nos rodeaban y que ya eran casi todo lo que veíamos al alzar la mirada. Nunca habíamos estado en las profundidades de un cañón de ésta magnitud, las vistas eran impresionantes y éste sentimiento también nos motivaban a seguir.

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Inmediatamente al cruzar el puente estaba la subida, la peor parte de la jornada. Era una subida muy empinada y no parecía un camino porque eran rocas al natural que básicamente tuvimos que escalar. El tramo era relativamente corto y Roy me señaló un árbol como punto de referencia; allí era donde terminaba la escalada. Yo lo veía imposible y lejísimos.

Dejamos a todo el mundo pasar y avancé poco a poco, muy despacio. Quico estaba a mi lado o al frente para ayudarme a subir y no me dejo en ningún momento, a pesar de que le dije que siguiera adelante con el resto del grupo. Cuando se lo comenté, me respondió que no porque estábamos juntos en esto y así es. Después me di cuenta que esas eran exactamente las palabras que necesitaba escuchar, aunque parezca una tontería. Me faltaba el aire en varios momentos, tenía que detenerme, respirar profundo y seguir hasta que por fin llegamos al árbol y a la parte de arriba donde todos descansaban. Roy nos dejó descansar a nosotros también antes de retomar el camino. Pensé que no podría subir, pero lo logré y ese pequeño logro me mantuvo de pie el resto del viaje bajo un sol caliente y con las mochilas, que en ese momento parecía que les hubiésemos metido piedras de lo pesadas que se sentían.

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Seguimos aproximadamente una hora más hasta que llegamos a San Juan de Chucho, un pueblo del cañón donde dormimos la primera noche. Después de 4 horas, culminó nuestro primer día de trekking y en cuanto llegamos, todos nos tiramos en las sillas del comedor que se encontraba dentro de un ranchito. Roy nos contó algunas anécdotas pasadas como guía, de personas que se han desmayado en esa famosa subida. Por el camino también nos encontramos a varios que estaban mareados y habían tenido que parar por un tiempo mayor para descansar y poder avanzar.

Quedamos agotados pero muy felices de haber conseguido superar el primer día, aunque todavía nos quedaban dos por completar yo ni siquiera pensé que lograría uno. Nos duchamos y comimos y luego nos quedamos charlando con el resto del grupo, tirados en el césped deleitándonos con el ambiente, jugamos cartas y reposamos lo más que pudimos para iniciar con fuerzas la siguiente etapa.

Trekking – Día 2

Nos despertamos muy temprano para desayunar, ya preparados para afrontar el segundo día de trekking. La tarde anterior habíamos hecho algunos estiramientos en el césped para no tener tantas agujetas, pero yo igualmente me notaba un poco las pantorrillas y los muslos. Quico se despertó perfecto, sólo con una ampolla en el pie por las zapatillas. Roy nos explicó que el día de hoy, en las primeras horas, seguiríamos en terreno plano con algunas subidas y que en el último tramo del día haríamos el descenso final, que constaba de una bajada muy pronunciada hacia el Oasis Sangalle, situado en las profundidades del cañón.

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Al comenzar el recorrido estábamos todos muy animados porque tendríamos tiempo para disfrutar del oasis y bañarnos en una piscina envueltos en un paisaje fuera de este mundo. Tal como nos explicó Roy la primera etapa del día fue fácil; íbamos conversando y admirando la naturaleza. Roy de vez en cuando se detenía para mostrarnos y explicarnos el uso de las plantas que se encuentran en el cañón y cómo los lugareños las aprovechan.

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Había unas cuantas subidas, no tan duras como la del día anterior, pero igualmente me costaban muchísimo. De nuevo sentí que no lo iba a lograr y empecé a preguntarme ¿por qué estoy haciendo esto? Definitivamente el paisaje me asombraba, sin embargo, no lo estaba disfrutando al quedarme sin respiración, sintiendo, cada 10 pasos, que se me saldría el corazón.

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Descansamos nuevamente y afrontamos la bajada. Empezamos a ver un paisaje verde que resaltaba en medio de las paredes rojizas y marrones del cañón. Ese era el oasis donde llegaríamos en dos horas. La bajada fue más dura que la del día anterior porque era mucho más vertical y el terreno menos estable. Íbamos haciendo mucha fuerza con las piernas para no resbalarnos y, de todas maneras, como soy yo, me resbalé y caí de nalga encima de varias piedras. Fue una caída dolorosa, pero enseguida me puse de pie con la ayuda de Quico y continuamos hasta arribar a Sangalle.

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Este oasis es un lugar verdaderamente paradisíaco. A pesar del cansancio y de tener las piernas que ya no daban más, estábamos contentos de haber llegado. El baño en la piscina nos cayó perfecto y el sentimiento gratificante que nos invadía al estar allí, relajados, en un entorno tan especial, no se los puedo explicar.

Más tarde, Quico se puso a jugar fútbol con Roy, otros viajeros y con algunos lugareños. Yo me quedé con la boca abierta. No sé cómo tenían energía después de éstos dos días y me impresionó que las ganas de jugar que tenía Quico eran más grandes que el cansancio y las dos ampollas que llevaba en los pies. Encima estaba jugando sin zapatos y sólo puedo decirles que, después de varios pisotones durante el partido, sus pies terminaron destruidos.

Nos hubiese encantado quedarnos al menos una noche más en el oasis, no obstante, al día siguiente nos aguardaba la etapa más complicada del trekking: subir las empinadas paredes del cañón. Yo no me veía capaz de hacerlo de ninguna manera.  Mientras Quico estaba jugando, me quedé tendida en la habitación intentando descansar. No pude dormir ni apagar mis pensamientos, muy preocupada por la subida de 6 kilómetros que nos esperaba. Sentía que no podía afrontarla después de dos días de trekking y menos sin poder ir a mi ritmo, que es bastante más lento que el de los demás. Esto porque teníamos que subir en tres horas, o máximo tres horas y media, ya que debíamos tomar un minibús a una hora estipulada para regresar a Chivay y luego a Arequipa. Roy nos advirtió claramente que sería el día más duro ya que no había ni un solo tramo que no fuese en ascenso, pasando de una altura de 2,160 msnm a 3,380 msnm, es decir, más de 1,000 metros de diferencia en poco tiempo. El miedo me invadió hasta que regresó Quico del partido.

Trekking – Día 3

¡¡¡GAME OVER!!!

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Me encontraba sentada afuera de unos baños termales donde Quico estaba metido, con el resto del grupo, relajando los músculos luego de la gran subida. Yo no me quise meter así que saqué mi cuaderno y empecé a escribir lo vivido para poder relatarles estos tres días con nuestros sentimientos y pensamientos lo más frescos posible.

Ésta mañana, Quico salió al punto de encuentro 15 minutos antes de las 5:00 a.m., con los dedos de los pies vendados después de que, la noche anterior, Roy le aplicara el líquido de una planta medicinal, que decía era como Betadine, para aliviar sus heridas. Aún estaba oscuro así que todos iban con sus frontales y con algo de abrigo, que, en menos de 10 minutos de haber empezado a subir, ya se habían quitado. Roy les explicó que los primeros 15 minutos irían todos juntos hasta un punto dónde había dos caminos para no perderse.

Pasado este punto cada uno debía ir a su ritmo y fue entonces cuando Quico empezó a adelantar a los demás con sus típicos pasos largos. Estaba concentrado en avanzar lo más que pudiese, antes de que saliera el sol y empezará a calentar, lo cual para él complicaría el ascenso. Dos de las chicas francesas siguieron su paso y los tres, sin darse cuenta, formaron un pequeño equipo para animarse y así lograron la subida juntos, en menos del tiempo estipulado.

Yo también subí, en menos de tres horas, porque subí sobre una mula. Que suerte que existía ésta posibilidad que desconocíamos porque si no quizás aún estaría subiendo. Cuando Quico regresó de jugar fútbol llegó con Roy y él me dio ésta opción. Yo solo podía pensar: “¡Gracias, gracias, gracias!”

Ir sobre la mula fue una aventura llena de adrenalina; se movía excesivamente intentando alzar sus patas para subir el empinado y estrecho camino de piedras. Yo iba muy asustada de caer y sujetándome con todas mis fuerzas. Había varios tramos en los que teníamos un hondo precipicio a un lado y mi querida Chola (así se llamaba mi mula) pisaba justo en el borde del camino. Varias veces me vi abajo, tuve que cerrar los ojos, rezar e incluso en mi subconsciente le hablaba a Chola animándola y agradeciéndole por cargarme hasta arriba.

Después de un tiempo sobre Chola empecé a sentirme mal. No por no haber podido subir, ya que, haber superado los dos primeros días sin desmayarme era un gran logro para mí, sino por Chola y el resto de las mulas, ya que no éramos las únicas. Estábamos con un grupo de nueve personas sobre nueve mulas y el cuidador, quien iba caminando. Aparentemente es muy común, para los trabajadores y visitantes habituales del cañón, subir en mula, pero yo no pude evitar pensar que ¡pobres animales! Al final Chola ya estaba agotada y se notaba; se paraba y no quería avanzar y empecé a distinguir que su pelaje estaba mojado de sudor, al igual que el del resto de las mulas. En ese momento comencé a hablarle y a animarla nuevamente. Sí, me sentía aliviada de tener ésta opción porque de otra manera no sé cómo hubiese subido, pero me invadía también un sentimiento de culpa.

Íbamos por el mismo camino por donde todos suben, así que después de unos 30 minutos me topé con Roy. Estaba sentado comiéndose un plátano con otro guía y solo me gritó que me sujetara bien y que animara a cuatro de las chicas francesas que se estaban quedando atrás. En poco tiempo me las encontré, muy cansadas, ya habían avanzado bastante y pensé que si ellas estaban así yo todavía estaría en la entrada del oasis. Me fui topando con los demás poco a poco, excepto con Quico y las dos chicas que faltaban. “¡Increíble que estén tan adelantados!” pensaba. Quico encima iba con los pies hechos polvo, pero no dudó, ni por un segundo, que subiría con sus dos piernas fuese como fuese.

Mucho más adelante que el resto del grupo los encontré a los tres descansado y luego me di cuenta que estaban a punto de alcanzar el final porque en menos de media hora yo ya estaba en la cima. Me quede sentada en el borde esperando verlos llegar. Poco después que yo, los vi, los grabé y le grité a Quico para que me viera y se animara a dar los últimos pasos. Sigo impresionada y admirada y siempre lo estaré. ¡No se dé dónde saca tanta energía y me siento súper orgullosa de él!

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Quico no aguantaba los pies, pero estaba feliz y satisfecho por haber culminado el trekking a pesar de los obstáculos. Llegó, se sentó en el suelo y nos pusimos a comer unas mandarinas mientras nos contábamos lo que cada uno acababa de vivir. Un tiempo más tarde empezó a llegar el resto del grupo y todos disfrutamos del momento y de la alegría de haber terminado, de alguna manera u otra, estos tres días tan emocionantes.

Así emprendimos el camino hacia Cabanaconde para desayunar y agarrar el bus de regreso a Arequipa, parando primero en los baños termales y luego en el Mirador de los Andes que está a 4,910 msnm donde se pueden apreciar los volcanes de la zona. Al final, mis expectativas fueron totalmente superadas. Fue una experiencia única y muy enriquecedora porque en medio del caos de emociones que llevábamos dentro estaban esos pequeños momentos mágicos que juntos supimos apreciar.

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INFORMACION PRACTICA

Ve a nuestro post “El Cañón del Colca – Nuestras recomendaciones” donde podrás encontrar toda la información detallada.

Si quieres más sobre nosotros, haz click aquí.

Arequipa, la ciudad de los volcanes

Después de nuestra divertida y estresante experiencia en Huacachina, afrontamos unas doce horas en bus, vimos un amanecer espectacular (bueno, debo decir vi, porque Quico estaba roncando) y luego unos paisajes fascinantes, hasta llegar a Arequipa.

Al igual que Ica, Arequipa ciudad está ubicada en el Departamento que lleva su mismo nombre, al sur de Perú. Es conocida como la ciudad blanca porque el componente más popular utilizado para la construcción es el sillar, un material de naturaleza volcánica que tiene un color blanco/gris. En las construcciones contemporáneas se ha evolucionado a utilizar otros materiales, pero estando en el Casco Antiguo es imposible no maravillarse por las imponentes edificaciones coloniales en sillar como La Catedral o el famoso Monasterio de Santa Catalina.

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Para nosotros, Arequipa es la ciudad de los volcanes ya que está rodeada de tres volcanes que no se pierden de vista sin importar donde estés: El Misti, El Chachani y El Picchu Picchu. Los notamos en cuanto llegamos. Nuestra habitación aún no estaba lista en El Albergue Español, el hostal donde nos quedaríamos una noche, así que aprovechamos para subir y disfrutar de la terraza donde tuvimos unas vistas fabulosas de los tres volcanes junto con otras montañas que rodean la ciudad.

Estuvimos cuatro días en Arequipa ciudad, luego tres días en el Cañón del Colca (localizado en el mismo Departamento) y después nuevamente regresamos a la ciudad un día más para recuperarnos. Pronto estaremos compartiendo con ustedes la magnífica experiencia que tuvimos en El Colca. En este post les contaremos sobre los paseos, comidas y recomendaciones de Arequipa.

Gran parte del tiempo lo dedicamos a pasear por el centro disfrutando del ambiente festivo que se respiraba por ser las Fiestas Patrias. Además, los primeros días intentamos tomarlo con calma ya que Arequipa está a 2380 metros snm y a mi me afectó la altura. Encima teníamos que preparanos para una mayor altura, a la que estaríamos en El Colca.

Tras varios matés de coca y comidas ligeras empecé a sentirme mejor y estuvimos listos para recorrer la ciudad. Visitamos los siguientes lugares que les resumimos a continuación:

La Plaza de Armas

Caminando unas cuantas cuadras más abajo de nuestro hostal, llegamos a la Plaza de Armas, una de las plazas más hermosas que hemos visitado. A mí me sorprendió el contraste de las edificaciones coloniales en sillar con las palmeras que rodean la fuente de bronce que se encuentra en el centro de la plaza.  El norte de la plaza está ocupado por La Catedral y en el resto están los portales de Arequipa (actualmente oficinas de la municipalidad), la Iglesia La Compañía y la Iglesia Nuestra Señora de la Merced.

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La Catedral de Arequipa

Entramos a visitar La Catedral ya que Majo y Ale nos dijeron que se podía acceder al tejado para tener una vista muy buena de la ciudad y sus alrededores. La Catedral fue construida en el siglo XVII, la mayor parte en sillar.

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El acceso cuesta 15 soles (4.50 USD) y es obligatorio tener un guía a quien se le paga aparte. Primero visitamos el interior de La Catedral y nos llamó la atención el órgano que reposa en la parte trasera. Fue traído desde Bélgica y es de los más grandes de América del Sur; frente a él se encuentra el altar fabricado con mármol. Actualmente este órgano se toca todos los días a las 5 de la tarde. También accedimos al museo y vimos varias reliquias religiosas y objetos de valor. Después nos dirigimos al tejado, donde pudimos ver las dos grandes torres, todas sus campanas y la magnífica vista de los volcanes y la ciudad.

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La estructura de La Catedral se ha visto perjudicada en varias ocasiones, las más notorias: en un incendio en 1844 por lo que fue reconstruida en 1868 y posteriormente, en 2001, el fuerte terremoto que azotó Perú destrozó sus dos grandes torres, una de ellas cayendo sobre la nave central. En el 2002, el 15 de agosto, fecha del aniversario de Arequipa, culminó la última reconstrucción de la misma.

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Monasterio de Santa Catalina

El Monasterio de Santa Catalina fue fundado en 1580 y está completamente construido en sillar. También es llamado Convento de Santa Catalina ya que en el residían las religiosas, apartadas de la ciudad por los gruesos y gigantescos muros que rodean el complejo. La más famosa de ellas fue Sor Ana, a quien los arequipeños le atribuyen milagros y predicciones e incluso está en proceso de pasar a ser la primera Santa de Arequipa. El Monasterio tiene una superficie de 20,000 metros cuadrados, convirtiéndolo en una pequeña ciudad donde encontramos claustros, dormitorios a los cuales les llaman celdas, calles, huertas, una iglesia y hasta un cementerio propio. Su edificación es preciosa, colorida y llena de detalles diferentes en cada espacio.

Llegamos a visitar el monasterio por la mañana y la entrada nos costó 40 soles (12 USD cada uno). Se puede hacer la visita guiada o por cuenta propia. En la entrada nos dieron un mapa con el que íbamos guiándonos todo el recorrido ya que decidimos hacer la visita por cuenta propia. Nos quedamos alrededor de dos horas, pero el tiempo realmente depende de cada uno.

Al entrar pasamos primero por el Patio del Silencio, el lugar donde las religiosas rezaban en completo silencio, luego llegamos al Claustro de las Novicias, un espacio al aire libre con columnas grises en sillar formando arcos alrededor de los árboles que aún conservan.

Más adelante llegamos al Claustro de los Naranjos, mi favorito, todo pintado en azul y con detalles blancos en el techo. Tiene este nombre por los árboles de naranjo que se encuentran en el medio del claustro.

Subimos a una terraza desde la cual se veían los famosos volcanes y el resto de la ciudad. Visitamos todos y cada uno de los espacios del Monasterio por donde se podía pasar viendo las celdas de las religiosas, la lavandería, la cocina e imaginándonos como sería la vida allí dentro. Finalmente llegamos al Claustro Mayor, el claustro más grande de todo el Monasterio que viste con paredes pintadas de un color ladrillo fuerte. El contraste de colores y formas que hay por todo el Monasterio y cómo las plantas hacen juego con los mismos es admirable.

El Mercado de San Camilo

Una mañana nos fuimos a desayunar al mercado de San Camilo. Al llegar nos asombramos con lo grande que es y la gran variedad de cosas que venden, desde frutas hasta artesanías, embutidos y más. Estaba bastante ordenado y señalizado.

Recorrimos todas las áreas parando en los puestitos que nos llamaban más la atención. Al final descubrimos un área donde hacen “sanguches” de pierna, de lomo, de queso, de palta, en fin, de lo que quieran, con el famoso pan arequipeño. Pasamos por allí pero no nos detuvimos porque antes fuimos a tomar un jugo de frutas. Hay miles de puestitos pequeños donde solo atiende una chica y te ofrece algún jugo o batido de frutas. Pedimos el “mixto” que es una combinación de frutas entre las que incluye: platano, papaya, papaya arequipeña, durazno y manzana. ¡Estuvo buenazo!

Después del jugo, Quico se comió un “sanguche” de cerdo que además llevaba cebollas encurtidas y mayonesa, ¡delicioso! Yo no pedí uno porque con el jugo ya estaba llena, pues es bastante contundente, pero le di varias mordidas al de Quico porque no me pude resistir.  Después nos fuimos al pasillo de las frutas y nos compramos varias mandarinas, palta y luego una bolsita de pan arequipeño por 1 sol, en el pasillo de la panadería.

El Claustro de la Compañía

En Arequipa se nota mucho más la presencia  de la conquista española que en cualquiera de las otras ciudades que hemos visitado en Perú. Esto se debe, en gran parte, a que se han preservado muchos edificios con el diseño y arquitectura de la época. En vez de mantenerlos cerrados, lo que ha hecho el gobierno de la ciudad es arrendar los espacios a restaurantes y comercios, principalmente turísticos. Esto hace que la ciudad tenga un toque muy especial ya que caminando por allí nos encontrábamos con entradas a patios internos con pequeñas plazas y al entrar veíamos las puertas a comercios o restaurantes.

En uno de nuestros paseos encontramos una de éstas entradas y quedamos en el Claustro de la Compañía. Este complejo consta de dos pisos. En el primero hay una fuente en el medio y un gran espacio abierto, rodeado de columnas trabajadas con relieves de distintas formas que fue lo que más nos llamó la atención. Subimos al segundo piso en dónde nos quedamos sentados bastante tiempo contemplando la puesta de sol y viendo pasar a otros visitantes, que, al igual que nosotros, se quedaban asombrados con la belleza de este lugar. Al bajar descubirmos que había otro claustro de tamaño mas reducido y un paseo que comunica con la calle trasera.

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Bordenado el Río Chili

Un día decidimos ir a explorar los puentes que cruzan sobre el Río Chili, el cual atraviesa la ciudad de Arequipa. El más antiguo es el Puente Bolognesi construido en sillar, seguido del Puente Grau también en sillar. Quico tenía muchas ganas de llegar hasta el Puente Fierro, que según los arequipeños fue diseñado por Gustave Eiffel.  Salimos temprano y caminamos hasta una calle principal por donde seguimos bordeando el río. Lastimosamente el paseo que bordea el río no está muy bonito y al final no conseguimos llegar hasta el Puente Fierro porque el camino no se veía muy seguro en mi opinión, así que solo nos detuvimos para girarnos y contemplar el paisaje y luego retomar el camino hacia el centro de la ciudad.

Picantería La Capitana

Las picanterías son restaurantes de comida tradicional donde sirven platos muy abundantes. Llegamos ahí después de leer sobre estos locales tradicionales en Internet. No es de los lugares más baratos para comer,  pero está muy bien de precio por la cantidad de comida que te ofrecen y además por la experiencia.

El 90% de las personas que estaban allí eran peruanos. Las mesas son compartidas. No hay turnos sino que tienes que esperar cerca de una mesa, atento a las sillas que queden libres y ser más rápido que los demás. Nosotros llegamos y al principio estábamos un poco confundidos hasta que se nos acercó una mesera y nos llevó a una mesa que pronto tendría algunos puestos libres.

Nos sentamos finalmente y unos minutos después llegaron cuatro señores arequipeños a acompañarnos durante nuestro almuerzo. Quico se comió un cuy a la brasa. Normalmente sirven 1/4, pero en la Picantería La Capitana le sirvieron uno entero y se lo comió todo. Yo pedí un menu americano que constaba de locro de papa, estofado de ternera, arroz blanco, tallarines rojos y una ensaladilla. Los señores nos recomendaron mucho los tallarines rojos y definitivamente estaban deliciosos. Compartimos un par de jarras de chicha morada con ellos e intercambiamos unas cuantas palabras entre tanta comida. Salimos rodando pero todo estuvo exquisito. Si están en Arequipa, no dejen de ir a uno de estos tradicionales y únicos restaurantes.

INFORMACION PRACTICA

Transporte Ica-Arequipa: Bus de la compañía CIVA – Precio del tiquete: 26 USD – 12 horas de recorrido.

Hay otras compañías que también ofrecen el transporte. Los tiquetes se pueden comprar en https://busportal.pe/ donde también encontraras información sobre las tarifas, rutas y horarios

Hospedaje: En Arequipa nos hospedamos en dos hostales diferentes por temas de disponibilidad:
1.El Albergue Español: Precio por noche de una habitación privada doble: 12 USD
2. Cazorla Hostel: Precio por noche de una cama en dormitorio compartido: 6 USD

Para más información de ambos hostales: http://www.tripadvisor.com donde hemos dejado nuestra opinión completa.

Lo que no puedes dejar de visitar: la Plaza de Armas, el Monasterio de Santa Catalina y la Picantería La Capitana.

Recomendaciones para el mal de altura: Después de informarme y leer mucho sobre el mal de altura al encontrarme fatal el primer día que llegamos a Arequipa, les dejo la siguiente información:

  • El mal de altura ocurre porque a mayor altura, las partículas de oxígeno están más dispersas en el aire lo cual hace que al respirar, inhalemos menos oxígeno del que estamos acostumbrados.
  • Los sintomas varían dependiendo de la persona y hay personas, como Quico, a quienes no les afecta. Aún no se ha determinado por qué le afecta a algunas personas y a otras no.
  • Los síntomas más comunes son: dolor de cabeza, cansancio muy rápido (que fue mi caso), mareo y vómito.
  • Para evitarlo les recomiendo 100% tomar té de coca o masticar hojas de coca o caramelos de coca. Están por todas partes y para mi fue muy efectivo.
  • Dormir y descansar. Intentar no esforzare demasiado los primeros días.
  • Evitar las carnes a toda costa. Se recomienda comer alimentos ricos en azucar como los carbohidratos y las frutas.

Fecha de nuestra visita: 29 de Julio al 5 de Agosto


Para más información sobre Arequipa o si tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

Si quieres saber más sobre nosotros: About

Un 28 de julio en Huacachina

Huacachina es un oasis localizado a unos pocos kilómetros de Ica, capital del Departamento que tiene este mismo nombre, y a 74.5 kilómetros de Paracas. Actualmente es un destino muy turístico por ser uno de los pocos oasis naturales que aún permanecen en América y también para los amantes del sandboarding ya que las dunas que lo rodean son perfectas para practicarlo. Habíamos visto muchas fotos del paisaje y estábamos muy emocionados y encantados de ir y contemplarlo nosotros mismos, pero ¡vaya día que escogimos!

El 28 de julio es el día de la Independencia de Perú y el inicio de las Fiestas Patrias. Evidentemente, todo lo relacionado con el turismo es mucho más caro durante estos días.

Este año, el 28 fue jueves, los peruanos comenzaban cuatro días feriados y, cómo no, la mayoría aprovecha para salir de su región a conocer los otros rincones maravillosos de este país.

Ya que no pudimos quedarnos más tiempo en Paracas, decidimos que esa noche la pasaríamos en el bus hacia Arequipa, que teníamos que tomar a las 9:30 pm en Ica. Reservamos dos plazas en un minibús que salía a las 3:00 pm desde nuestro hostal. Este bus nos llevaría a Huacachina para hacer el típico paseo turístico, por nuestro limitado tiempo, que consiste en dar unas vueltas en buggy por las dunas y lanzarse con las tablas por las pendientes de arena. Después nos iríamos a Ica (donde teníamos que abordar el bus). Además, disfrutaríamos de la puesta de sol y las vistas del oasis que eran muy prometedoras.

Con esto en mente, salimos de Paracas con una hora de retraso y al montarnos al minibús nos informaron que, por ser un día tan señalado:

  1. Los transportes no podían llegar hasta el oasis, por lo que nos dejarían como a 1 km de distancia que tendríamos que caminar. Por lo menos podíamos dejar las mochilas rojas en el minibús ya que después nos llevarían a la terminal terrestre de Ica.
  2. Que solo serían 40 minutos en el buggy en vez de los 60 que son normalmente, por el mismo precio.

Pasamos primero por Ica, ya que esa era la ruta establecida, y había mucho tránsito; realmente parecía que todo Perú había decidido ir allá ese día a esa hora. Nuestro transporte se detuvo en medio de una rotonda ya que unos chicos de otro bus decidieron unirse al paseo y tuvimos que esperarlos un buen rato, como si fuésemos con tiempo de sobra.

Luego encaramos la carretera hacia Huacachina, pero las hormigas avanzaban más rápidas que los coches, así que el conductor decidió que el carril destinado al sentido inverso sería nuestro carril. A todo esto, nosotros íbamos en los asientos delanteros, al lado del osado conductor viendo cómo iba esquivando los coches que venían de frente saliéndose de la carretera por el lado izquierdo. ¡Madre mía!

Así avanzamos bastantes vehículos hasta que encontramos el punto que no podíamos seguir porque empezaban a aparecer policías de tránsito. El trayecto, que, en teoría, era de una hora, ya sumaba la segunda, el sol ya estaba a punto de acostarse y nosotros teníamos que afrontar una colina con su respectiva subida y bajada para llegar al buggy.

Por fin, el minibús se detuvo y empezamos a caminar hacia el oasis. Faltaban menos de 10 minutos para las 6 de la tarde y a media subida la guía nos dice que debemos empezar a correr porque después de las 6, no saldría ningún buggy hacia el desierto. Entonces todos empezamos a correr colina arriba, después colina abajo, hasta llegar al punto donde empezaría el circuito. Y a todo esto el sol ya había desaparecido.

Montados en el buggy, nos abrochamos los cinturones, cerramos todos nuestros bolsillos y empezó la diversión. Los conductores de éstos pequeños vehículos se conocen las dunas como la palma de su mano, ya que conducen rapidísimo, y no frenan hasta el último momento, si es necesario, haciendo giros de 180 grados en las crestas de las dunas. Todo esto iba acompañado de los gritos de la mayoría de los pasajeros. Era como estar en una montaña rusa elaborada por la naturaleza, y ya sabíamos que en cualquier momento habría una bajada en picado y que una vez más las gargantas de los pasajeros la acompañarían con sus más sinceras expresiones, entre ellas la de Gaby que me ensordecía especialmente.

huacahina 1Por fin llegamos a la mitad del recorrido y nos detuvimos en lo alto de una duna, donde estaban 2 grupos más, lanzándose con sus respectivas tablas por la pendiente. A este punto el conductor empezó a sacar las tablas de la parte trasera y las fue repartiendo. Después de tanta adrenalina, Gaby decidió que la mejor opción era regresar al buggy y no lanzarse con la tabla. Yo esperé a que todos se lanzaran para pensarlo un poco más y finalmente me decidí. Yo era el último y los dos que se acababan de lanzar, al llegar abajo pensaron que lo mejor era darme la espalda y avanzar lo más lento posible. Me puse en posición, con el pecho sobre la tabla y las manos agarrando la parte delantera y empecé a descender. No podía cerrar los ojos porque me veía llevándome por delante a los dos que no tenían la mínima intención de acelerar el paso o apartarse. Les empecé a gritar y finalmente pude frenar a tiempo, pero terminé con los ojos llenos de arena, pues no me había puesto ningunas gafas.

Una vez abajo, nos dirigimos a lo más alto de otra duna para tirarnos nuevamente. Esta vez me sumé a la decisión de Gaby porque ya tenía bastante arena en los ojos y quería dejarles un poco para los próximos días. Emprendimos el trayecto de regreso al oasis. En ese momento ya era tan oscuro que solo el conductor sabía lo que había delante, así que, aunque fuera llano la gente gritaba.

Al llegar a Huacachina, la adrenalina del paseo en buggy se convirtió en nervios… eran las 6:45 pm, teníamos el minibús a una colina de distancia y nuestro bus a Arequipa salía a las 9:30pm. Nosotros aún teníamos tiempo, sin embargo, había otra pareja española que tenía que tomar el bus a las 7:15 en Ica. La guía nos reunió al costado de un restaurante y se dio cuenta que faltaban dos personas de nuestro grupo. La pareja española se iba poniendo nerviosa e indignándose, la guía igual e iban contagiando al resto del grupo.

El pueblo estaba lleno de gente con un ambiente festivo y la única calle por donde podían transitar los coches estaba colapsada. Parecía imposible poder encontrar a nadie en ese caos. Al final aparecieron, habían tenido la brillante idea de dar la vuelta al oasis sin avisar a nadie y a todo esto la guía había salido a buscarlos. El chico español salió en su busca para alertarla de que ya estábamos todos y podíamos retomar el camino a Ica. Una vez reunidos todos, otra vez, anduvimos colina arriba, colina abajo, hasta que vimos que el minibús había podido acceder y empezaba a ascender. Nos montamos todos.

Al sentarnos, nuevamente, al lado del conductor, le dije:

-“¿Ahora qué?” ya que necesitábamos ir en sentido contrario y el no parecía tener intenciones de dar la vuelta.

-“No podemos girar aquí, es estrecho, tenemos que llegar al Oasis.” me respondió.

-“Noooooooo, será imposible llegar, hay demasiados carros.”

Por suerte en lo alto de la colina había un poco más de espacio para realizar la maniobra, y así se hizo.

En el camino no dejamos de mirar el reloj hasta que, por fin, llegamos a la parada de la compañía de buses Cruz del Sur, de donde salía la otra pareja, a 5 minutos para la salida de su bus. ¡Un poco más y pierden el viaje!

Después de toda la odisea, nos dirigimos a la terminal terrestre de donde saldríamos nosotros. Ya solo nos quedaba esperar que no pasara ningún imprevisto más con el bus que nos llevaría a Arequipa, y así fue. Salimos a la hora prevista, y terminamos así este día de la Independencia tan emocionante y estresante en Huacachina.

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La única foto de Huacachina, que pudimos hacer, desde el buggy, con la poca luz del día que quedaba.

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Transporte Paracas-Huacachina-Ica: Lo reservamos en el hostal por 20 soles cada uno (6 USD)

Buggy + Sandboarding: También lo reservamos en el hostal por 35 soles cada uno (10,60 USD).

Como les comentamos, normalmente son 60 minutos. No es necesario contratarlo con antelación ya que al llegar a Huacachina hay mucha gente ofrenciendo el servicio, pero puede ser más costoso.

Nuestras recomendaciones:

  • No visitar Huacachina un 28 de julio 🙂
  • Si tienes un billete contratado (bus, avión, etc.) asegúrate de poder estar cerca del lugar de partida con suficiente antelación. No es la primera vez que me encuentro pendiente del reloj para ver si llegamos o no a tiempo.
  • Es preferible quedarse por lo menos una noche en Hucachina para disfrutar del amanecer entre las dunas, el paisaje, el paseo y el atardecer, con tranquilidad.
  • También es recomendable reservar un hotel con tiempo, tomando en cuenta que en el oasis habitan alrededor de 100 personas y las opciones de estadía son muy limitadas.
  • Para el sandboarding, ponte unas gafas y prepárate para llenarte de arena por todas partes, ¡literal!

Paracas: arena, viento y biodiversidad

Después de unos lindos días en Lima viajamos a Paracas, un lugar con un encanto muy especial. Para llegar tomamos un bus de cuatro horas desde Lima. La parada del bus en Paracas estaba muy cerca de nuestro hostal así que agarramos nuestras mochilas rojas y caminamos por la calle principal  hasta llegar al Paracas Backpackers House, donde nos hospedamos cuatro noches. Al llegar nos recibió el dueño llamado Alberto, quien fue muy amable y diligente. Nos mostró todas las instalaciones, nos dio recomendaciones y direcciones de dónde comer, de los mini mercados más cercanos e incluso nos aconsejó sobre nuestra ruta durante los próximos meses.

Paracas es un pueblo en una península que recibe su mismo nombre, ubicada en la costa de Perú. Quedé encantada con sus hermosos paisajes que mezclan el desierto y el mar y con la tranquilidad que transmite este pueblo y su gente. Para los peruanos, Paracas es el lugar perfecto para vacacionar y para la mayor parte de los visitantes es el puente hacia las Islas Ballestas. El pueblo es pequeño, tiene una calle principal, una plaza y un paseo al borde de la playa lleno de restaurantes y puestitos de artesanías. Todo se puede recorrer en menos de un día.

Al llegar salimos a caminar por el paseo y yo me asomé a cada puestito artesanal por curiosear. Notamos que en la playa no mucha gente se baña porque está llena de embarcaciones coloridas que son también parte del paisaje. Llegamos hasta una calle diagonal, donde Alberto nos informó que se encuentran los locales de comida buenos y baratos para almorzar.

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En la mayoría de los restaurantes tienen un menú que cuesta entre 15 y 20 soles (4.50 a 6.00 USD). También hay más baratos, pero con opciones reducidas y menos llamativas. El menú consta de dos platos y una bebida que casi siempre es chicha morada, limonada o Inca Kola.  Nosotros almorzamos un menú en un lugar distinto cada día y nos sobraba para la cena porque las porciones que sirven son bastante grandes. La comida que más nos gustó fue la del Restaurante El Angel. Allí nos tomamos dos sopas deliciosas de pescado como primer plato y de segundo, Quico pidió un chicharrón de pescado y yo un arroz con mariscos, ambos buenísimos.

Tuvimos mucho tiempo para relajarnos y disfrutar de la playa (aunque sin bañarnos) tirados en la arena leyendo, escribiendo, charlando o simplemente viendo el paisaje. También hicimos dos excursiones que les compartimos a continuación:

Paseo en Bicicleta

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Rentamos un par de bicis por 25 soles (7.50 USD) cada una en el hostal. Queríamos ir a la Reserva Nacional de Paracas y visitar sus playas y miradores, así que Alberto nos explicó la mejor ruta para llegar. Empezamos a pedalear por la calle principal, el día estaba soleado, el cielo azul y soplaba una brisa fresca que no permitía que sintiéramos tanto calor.

Nos perdimos un poco, pero con ayuda de los lugareños logramos encontrar la carretera que lleva a la entrada de la Reserva.  Nuestro entorno  cambió por completo y de pronto estábamos pedaleando en medio del desierto, rodeados de planicies amarillas y montañas de arena, ¡un paisaje hermoso! Unas pedaleadas más adelante, la brisa se transformó en un viento fuerte que levantaba la arena y nos obligaba a esforzarnos cada vez más para avanzar, teniendo menos visibilidad. Aún así, seguimos andando y finalmente llegamos a la entrada de la Reserva, pero sólo hasta allí.  Uno de los guardias que controla el acceso  nos recomendó regresarnos y no entrar con las bicicletas porque estábamos en medio de una “lluvia de arena” y dentro la Reserva sería peor.

Paracas, recibe su nombre por los vientos que la caracterizan, que pueden llegar hasta los 50 km/h, levantando una gran cantidad de arena y polvo. En quechua, “para” significa lluvia y “acca” arena, por lo que Paracas significa “lluvia de arena”.  Benjamín ya nos había advertido sobre éstas típcas lluvias de arena, pero no pensamos quedar en medio de una.

Hicimos caso al consejo del guardia y tomamos un camino alternativo. Descubrimos un paseo escondido frente al mar donde no había más nadie a pesar de que la vista era espectacular. A nuestro lado derecho teníamos el mar con las montañas desérticas de fondo y del lado izquierdo unas casas modernas, muy bonitas, con un jardín extenso que terminaba en el paseo y en algunos casos, en muelles privados.

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Al final del camino nos tiramos un rato en la playa a descansar, para luego regresar al hostal, buscar algo de comer y volver al ruedo. Ésta vez nos fuimos hasta un obelisco ubicado en una colina con vistas al pueblo y al mar. Subimos con las bicis hasta que ya no pudimos más por la arena y empezamos a caminar. Dimos unas cuantas vueltas contemplando el panorama y luego nos sentamos a ver el atardecer. Al final no hicimos lo que originalmente teníamos planeado, pero el día fue maravilloso y el paseo en bici un éxito.

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Si les gusta pedalear les recomendamos alquilar sus bicicletas en Paracas y ojalá logren entrar a la Reserva porque al día siguiente descubrimos que el camino es espectacular.

Islas Ballestas y Reserva Nacional de Paracas

Reservamos una excursión coordinada por el hostal que incluía visitar las Islas Ballestas por la mañana y la Reserva Nacional de Paracas en la tarde.

Las Islas Ballestas están ubicadas a media hora desde la costa de Paracas y son un conjunto de formaciones rocosas donde habitan una gran variedad de especies. El paseo es en bote y no se puede desembarcar en las islas para proteger su fauna, pero los botes se acercan bastante y las vistas son impresionantes. Nuestro bote no tenía techo y normalmente ninguno tiene, por lo que recomendamos llevar un sombrero o gorra para cubrirse del sol y de los desechos de las aves que pueden caerles encima.

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En el camino, pasamos por El Candelabro, un geoglifo, dibujado en la arena por la costa norte de la península de Paracas. Se desconoce quién y cómo se hizo y es un misterio que haya permanecido intacto tanto tiempo ya que se calcula que tiene unos 2000 años. Algunos lo relacionan con las líneas de Nazca porque El Candelabro apunta hacia ellas y mide unos 150 metros de alto y unos 50 metros de ancho lo cual también lo hace perfectamente visible desde el aire.

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Al acercarnos a las Islas Ballestas empezamos a ver una gran variedad de aves como el pelícano, el cormorán guanay y el pingüino de Humboldt. También nos acercamos a los lobos marinos que habitan en las Ballestas; algunos posaban tomando el sol en una roca, se tiraban al agua, se bañaban y volvían a subir por más sol. Todas las fotos que tenemos la hicimos con el móvil porque, para variar, olvidé la batería de la cámara en el hostal.

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Durante el recorrido de una hora, también pasamos debajo de los arcos de las islas apreciando su belleza y los distintos colores de las rocas que forman un paisaje fascinante.

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Por la tarde finalmente pudimos visitar la Reserva Nacional de Paracas, un área protegida de 335 hectáreas. La primera parada fue en el Museo Julio C. Tello, ubicado dentro de la reserva donde se explica sobre la cultura paracas, su evolución a través del tiempo y el ecosistema. Antes de entrar tomamos un pequeño sendero que salía de allí y nos acercaba al mar para contemplar flamencos, gaviotas, pelicanos, entre otras especies. Dentro del museo, el guía nos explicó lo excepcional del lugar por su ubicación, la proximidad y actividad de las fallas y que es de los puntos más ricos del planeta por su abundante biodiversidad.

Luego nos dirigimos hacia un mirador en el que se apreciaba perfectamente la bahía sur de la península, los acantilados, la Playa Roja y Lagunillas. También se podía apreciar la bahía norte, aunque un poco menos por la neblina y la distancia a la que estábamos. Nos quedamos contemplando el paisaje y haciendo fotos antes de bajar a la Playa Roja, única en Perú y que recibe su nombre por el color de la arena producido por las abundantes erupciones volcánicas de la zona. Seguimos nuestro camino hasta Lagunillas, un pequeño puerto con una playa, donde nos comimos unos emparedados que ya traíamos preparados. Alberto nos había informado de antemano que los restaurantes de la zona son demasiado turísticos, lo que quiere decir, que los precios son bastante altos para lo que ofrecen.

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Otras paradas recomendadas al visitar la Reserva Nacional de Paracas son La Catedral y la Playa La Mina. En esta ocasión no pudimos llegar a ellas porque el acceso estaba cerrado.

Al regresar al hostal, estuvimos celebrando el cumpleaños de una de las chicas que trabaja allí. Estaban todas las trabajadoras con Lidia (la esposa del dueño) y algunos huéspedes, charlando alegres y tomando pisco sour preparado por ellas mismas. La celebración siguió y luego del pisco nos ofrecieron vino rosado, después vino tinto y al final repartió una torta que había preparado la cumpleañera.

En nuestra opinión, Paracas es un lugar sorprendete donde hubiésemos podido estar más de una semana. Lamentablemente todas las posibilidades de hospedaje estaban ocupadas así que nos vimos obligados a marchar. Nos quedamos con ganas de más y si algún día regresamos a Lima, Paracas definitivamente será una parada obligatoria.

INFORMACION PRACTICA:

Transporte Lima-Paracas: Bus de la compañía OLTURSA – Precio del tiquete: 11 USD – 4 horas de recorrido.

Hay otras compañías que también ofrecen el transporte. Los tiquetes se pueden comprar en https://busportal.pe/ donde también encontraras información sobre las tarifas, rutas y horarios.

Hospedaje: Paracas Backpackers House – Precio por noche de una habitación privada doble: 15 USD – Cien por ciento recomendado.

Lo que no puedes dejar de visitar: Islas Ballestas y La Reserva Nacional de Paracas.

Para las Islas Ballestas obligatoriamente hay que pagar un tour porque se debe tomar un bote. En cada esquina de Paracas encontrarás personas ofreciendote el paseo y el precio es casi siempre el mismo, alrededor de 30 soles por persona (9 USD).

A la Reserva se puede llegar por cuenta propia sin necesidad de contrar un tour pero el pago de la entrada sí es obligatorio y tiene un costo de 15 soles (4.50 USD) por persona.

Nosotros recomendamos el tour porque vale la pena tener la explicación del guía y porque contratar ambos paseos sale más barato. Nosotros pagamos 45 soles (14 USD) por persona por ambos tours, sin incluir la entrada a la Reserva ni los impuestos del puerto que hay que pagar al salir a Ballestas que son 3 soles (0.90 centavos) por persona.

Fecha de nuestra visita: 24 al 28 de Julio de 2016


Si necesitas más información sobre Paracas o tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com

Saboreando Lima

Como muchos saben, la gastronomía peruana es reconocida internacionalmente y va mejorando con los años. El nivel ha ascendido tanto que este año se han situado tres restaurantes limeños en el Top 30 de los mejores del mundo y éstos tres han conquistado el Top 5 de América Latina.

Aún y con el buen hacer de Virgilio Martinez (Central), Mitsuharu Tsumura (Maido) y Gastón Acurio (Astrid y Gastón), no fuimos a ninguno de éstos restaurantes porque en ésta ocasión se escapan de nuestro presupuesto. Tampoco fuimos al otro extremo, que son los mercados y puestitos de las calles, donde también se come riquísimo como en muchas partes del mundo. Lo que hicimos fue seguir las recomendaciones de nuestros queridos amigos Ale y Majo y sí nos pasamos un poco del presupuesto, pero valió la pena.

En Perú existen tres tipos de cocina: Costeña, Andina y Selvática. En este caso, la que nos ocupa es la primera que podemos dividir en:

  1. Chifa: Es una mezcla de sabores de la cocina peruana con la cocina China. En la mayoría de restaurantes de este tipo se puede comer por menos de 10 soles y su plato estrella es el arroz chaufa.
  2. Nikkei: En este caso se mezcla la comida japonesa, como por ejemplo el típico sushi, con aderezos peruanos como el jugo del ceviche.
  3. Marina: Como su nombre indica, es aquella que se hace con especies del mar como el famoso ceviche.
  4. Criolla: Es la comida tradicional peruana como por ejemplo el cuy, el ají de gallina o las papas a la huancaína.

En nuestra corta estancia en Lima probamos un poco de las tres primeras. La Criolla nos quedó pendiente pero ya la probaremos en nuetras próximas paradas.

A continuación, los dejamos con nuestra descripción y opinión de los restaurantes que visitamos durante nuestra estadía:

EDO SUSHI BAR • Miraflores, Calle Berlin, 601 • http://www.edosushibar.com

En cuanto llegamos a Lima, Majo y su amiga Lia, estaban por salir a almorzar a Edo, un restaurante Nikkei, que es de sus favoritos. Majo, Ale, Lia y su novio van con mucha frecuencia y nos contaron que normalmente se sientan en la barra en donde el chef que prepara los rollos de sushi les hace rollos especiales para que degusten nuevos y distintos sabores. Esta vez nos sentamos en una mesa regular y pedimos un paquete y medio con diferentes makis y sashimis. Todos estaban buenasos (como dicen por aquí). A Gaby el que más le gustó fue el Pakó Maki, un rollo que traía langostino empanizado por dentro y por fuera estaba enrollado con salmon fresco, una rodaja de limón encima y bañado en salsa dulce, una combinación de sabores exquisita.

Para mi elegir uno es difícil, pero entre los otros que pedimos están el Acevichado, el Masaki, el Tartar y el Shogun.

Nos gastamos aproximadamente 18 USD por persona.

MADAM TUSAN • Miraflores, Ave. Santa Cruz 859 • http://www.madamtusan.pe

Si bien no pudimos ir al restaurante más valorado de Gastón Acurio, sí pudimos degustar su cocina en Madam Tusan. Fuimos a cenar con Iker, un amigo de Barcelona, a quien le habían recomendado este lugar de comida chifa.

Los “chifas” como se les llama popularmente, se caracterizan por servir grandes cantidades de comida a un precio muy económico. Madam Tusan es más elevado pero la cantidad de comida fue igual de abundante.

Compartimos entre los tres unas berenjenas rellenas, un arroz charapa y una “fiesta de pato” que constaba  de cuatro platos elaborados con distintas partes del pato. El primero unos taquitos de piel crocante (mi plato favorito de la noche), el segundo era la carne con verduras al wok, el tercero más carne salteada con verduras y fideos y por último una sopita hecha con la carcasa.

Para Gaby el arroz charapa fue el plato estrella de la noche. Las especies y condimentos que lleva éste arroz, hacen que tenga un color amarillo y un gusto delicioso. También lleva pato y trozos de plátano maduro que le dan el toque perfecto.

Tuvimos que pedir la mayor parte de la comida para llevar y si no la hubiéramos olvidado, podríamos haber quedados satisfechos en el almuerzo del día siguiente.

Nos gastamos aproximadamente 28 USD por persona.

CANTA RANA • Barranco, Genova 101

Es un restaurante muy peculiar que se encuentra en el distrito de Barranco. Tiene una decoración muy colorida como para encajar en el pintoresco barrio de Barranco. Ale y Majo nos recomendaron que pidiésemos el ceviche apaltado con chicharrón, al cual delicioso se le queda corto. El ceviche era de pescado aliñado, con una palta que lo cubría y acompañado de chicharrones de calamar, mote y boniato.

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También pedimos unas yucas fritas que venían con una salsa huancaína y una típica jarra de chicha morada, hecha de maíz negro. Al principio Gaby no estaba muy convencida de pedir la chicha morada porque no se imaginaba el sabor, pero terminó encantada. Yo ya la había probado en distintos lugares cuando estuve en el norte de Perú y la del Canta Rana es de las mejores que he bebido.

Nos gastamos aproximadamente 15 USD por persona.

BAR DE LA 73 • Barranco, Ave. El Sol 175

Benjamin nos recomendó el Bar de la 73 y casualmente esa misma noche Ale y Majo propusieron ir a cenar allí ya que no teníamos mucha hambre y este es un buen lugar para pedir platitos de picar. Compartimos un platillo de choclo con queso y un tartar de atún, ambos excelentes.

Ale y yo nos tomamos unas Cusqueñas, una de las cervezas típicas de Perú, Majo un Gin Tonic y Gaby pidió un Chilcano, un coctel peruano hecho a base de pisco, pero más suave que el tradicional pisco sour porque lleva jugo de limón y gaseosa (normalmente ginger ale). En varios lugares también ofrecían chilcanos de distintas frutas como maracuyá y tamarindo.

Nos gastamos aproximadamente 12 USD por persona.

EL PAN DE LA CHOLA Miraflores, Ave. Mariscal La Mar 918

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Fuimos al Pan de la Chola a desayunar. Llegamos justo a tiempo para no hacer cola, ya que una vez nos sentamos, el lugar se llenó rápidamente y la fila llegaba hasta la puerta.  Nos encantó nuestro desayuno que fue un emparedado Caprese y unas tostadas con palta y aceite de oliva. Las tostadas estaban deliciosas incluso solas con el aceite de oliva ya que son hechas con pan artesanal elaborado por ellos mismos.

Nos gastamos aproximadamente 7 USD por persona.

SPIZZA • San Isidro, Ave, 2 de Mayo 455 • http://www.spizza.pe

Ale, como buen siciliano, no quiso que marcháramos sin probar lo que para él es la mejor pizza de Lima, y realmente estaban muy, muy buenas. La masa que utilizan en SPIZZA es fina y casera, y el resto de los ingredientes estaban frescos y deliciosos.

Ale estaba obsesionado con la pizza búfala ya que tiene mucho éxito y siempre que llegaban al local ya se les había agotado. Esta vez tuvimos suerte y en cuanto entramos, le dijimos al camarero de turno que nos reservaran dos pizzas de búfala. Ésta fue nuestra favorita pero también probamos la pizza calabrese con aceitunas negras, salami y cebolla y estaba deliciosa. Cien por ciento recomendado.

Nos gastamos aproximadamente 18 USD por persona.

Para terminar con un dato curioso, Perú es el único país donde Coca-Cola es superada por la marca local Inca Kola. La Inca Kola es un refresco color amarillo con un sabor que nos recuerda a caramelo o jarabe y que a Gaby le encanta, pero para mí tiene un sabor parecido al Red Bull que no termina de convencerme. De todas maneras no se pueden ir de Perú sin probarla.


Si necesitas más información sobre alguno de éstos restaurantes o tienes alguna pregunta sobre nuestro post, déjanos un comentario o escríbenos a mochilasrojas04@hotmail.com